Como os dije, estoy haciendo un curso de escritura creativa.

Me chifla.

Es como volver a la universidad a mis cincuenta y seis añitos.

Todos son jóvenes y saben más que yo. Es lo que hay… Ji,ji,ji.

A mi este curso también me quita años, me quita ego, me quita soberbia, mochilas inútiles que ya no me sirven. Pesan para nada.

A la propuesta o encargo semanal del joven profesor me pongo a escribir y sale lo que sale.

Es como un regalo que me hago, con su caja, su lazo, su tarjeta y su sorpresa dentro.


Hay que tener muy en cuenta que el regalo, no siempre gusta ni al que lo hace, que no suele escoger lo que le gusta a él, por complacer al otro, ni al que lo recibe, que a menudo se pregunta ¿y pa que quiero yo esto?

Es lo que tiene regalar cosas, ese puntito de incertidumbre abocada, las más de las veces, al fracaso total.

Por eso debe ser que soy una defensora a ultranza de los regalos espontáneos, de algo que es tuyo, que llevas puesto, qué te gusta muchísimo y que el de enfrente te dice : «Me encanta eso que tienes», y tu le dices : «Toma, es tuyo». Eso es un regalo y lo demás son tonterías. Aciertas seguro y de paso aprendes a desprenderte de las cosas con generosidad y desapego.

Bueno, el caso es que por fin me he decidido a compartir algún que otro «regalato», (regalo-relato), con vosotros.

Me da miedo, a qué negarlo, más bien pavor, así que por favor no me deis vuestra “sincera opinión”, si queréis darme la otra… Ji,ji,ji. Pensándolo bien guardaos la opinión para vosotros, sea de la naturaleza que sea.

Es curioso que pueda ser capaz de contaros mis secretos más íntimos, sin demasiado rubor, en este blog y sin embargo me acojone literalmente a la hora de compartir un simple cuento fruto de la fantasía.

Pero así es la cosa, fíjate tú.

El formato será el siguiente, yo os cuento la propuesta del profesor y a continuación el texto que nació de ella.

Me parece interesante que sepáis el origen del cuento ya que aunque es bastante Libre, tenemos que ajustarnos a los parámetros que nos marcan y creo que eso también forma parte de la propia historia.

Y no me enrollo más. Aquí va, uno de tantos.

LA PROPUESTA

Narrar algo que sucede en un edificio con 5 viviendas, el día de Navidad.

EL RELATO

SAN BENITO BERCIMUELLES 48

Me llaman, dicen que a propuesta del abuelo Benito, que gustaba de imponer sus criterios, como el santo de la calle donde he sido testigo de los últimos treinta y tres amaneceres.

Mi Jacinta me llamaba Beni.

Yo, a mi mismo, no me llamo, que solo soy, y ya es bastante.

-Por favor, un taxi a San Benito Bercimuelles 48, gracias.

Viene enseguida, lo que tardo en bajar la pesada maleta por las impolutas escaleras, desde el pisito del tercero hasta la acera limpia y escoscada, que ni hoy a las cinco, con puntualidad británica, he dejado de barrer.

Cosas de la pegajosa costumbre.

Ya se me irá.

Soy el portero, ¡qué conserje, ni qué niño muerto!, el portero de toda la vida… hasta hoy, veinticinco de diciembre.

Nací el mismo día que ese tal Jesús, pero desde que mi dulce y frágil Jacinta nos dejó, a sus tempranos treinta y tres abriles, ya no me quedaron ganas de creer.

Hoy, yo, debería celebrar mis sesenta y cinco inviernos.

Me jubilo, me voy sin más, ya vendrán otros que bueno me harán, o vaya usted a saber…

Aparco la maleta dentro del portal, hasta que llegue el taxi.

Creo que me dará tiempo y si no que me espere.

Vuelvo a subir por donde bajé.

No hay testigos la mañana de Navidad.

Unos duermen, otros lloran, alguien limpia, muchos sueñan: «quizá este año por fin cambien las cosas», que somos todos muy dados a los «quizás».

No sabrán quién ha sido, aunque puede que la del primero izquierda lo sospeche, que con Doña Dolores siempre hubo entendimiento y buen querer.

Los de la planta calle son nuevos, como quien dice, cinco años no es nada, y al de la farmacia, de seguro que lo trastoco.

Nada que decir de el del primero derecha, salvo ¡que se joda!, ese cabrón seguro que no entiende nada.

La idea se me ocurrió leyendo un viejo poema que a mi Jacinta le gustaba recitarme cada Noche Buena.

Era el único que se sabía ella y de los pocos que he conocido yo.

Pero bonito era y es, un rato largo.

«En junio como enero…»

Todos los días del año, salvo domingos y fiestas de guardar, ellos dejan sus basuras, junto a sus miserias y soledades, junto a sus juergas y celebraciones, sus sueños y frustraciones, junto a la puerta de lo que llaman y creen su hogar.

Grande, de madera verde, con su pomo y su mirilla y su santo cristo encima, salvo el carbón, que no nombro, que lo quito hace ya tiempo.

«Cardo, ni ortiga cultivo…»

Yo recojo a diario sus basuras o recogía hasta antes de ayer, que el veinticuatro libro.

Os aseguro que podría decir de quién es cada cual, si me tapan los ojos y me las cambian de lugar, como en una cata a ciegas, de esas que hacen con los vinos.

Igual que su mismita huella dactilar, por sus basuras los conoceréis, que dijo aquel.

El que recicla, el que pasa, la de la bolsa rosa aromatizada y perfectamente anudada, el que parece desparramarla adrede, ese tocapelotas que se diría que la llena de piedras, el que hace poca o mucha, porque a menudo se le olvída sacarla.

Bendita basura, benditos basureros y bendito Benito. Ese soy yo.

“Para el amigo sincero… y para el cruel que me arranca…”

Las compré ayer, en la floristería de Doña Josefina, ella tambien se jubila, que ya le toca.

-¿Cuatro flores? -me preguntó curiosa-. ¿Asi, sin mas?

Asentí y me despedí hasta más ver, o más bien hasta nunca, marcho a mi pueblo, allá en las cinco villas, y ella camino de Valladolí, pero nunca se sabe…

Creo que el taxi ya me estara esperando abajo.

No me demoro.

Las dejo junto a la puerta, donde cada tarde a las ocho, ellos seguirán poniendo sus basuras.

Cuatro rosas, cuatro adioses, cuatro “aquí os quedáis”.

«Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

cardo ni ortiga cultivo;

cultivo la rosa blanca.”

Poema de José Martí, escritor y político cubano, 1891. Modernismo hispanoamericano.

Fin.

LA ECUACIÓN
LA TAREA DE HOY
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