Como en la película de Buñuel, no tengo más que echar un vistazo, para darme cuenta de la cantidad de personas que hay a mi alrededor injustamente olvidadas.

Quizá por su discreción, por su miedo, a menudo más grande que el nuestro, por sus silencios llenos de preguntas, por su delicadeza a veces tosca, o simplemente por su amor…

Hablo de los marid@s, compañer@s, acompañantes mudos, del enfermo de cáncer.

El otro día me encontré con Imanol.

Tan alto y guapetón como siempre, este vasco de pro, me abrió los ojos.

Su deliciosa y espléndida mujer también pasó por la gran “C”.

Me dijo, Cristina, habla de nosotros en tu blog, nadie lo hace, nadie nos mira, nadie parece saber que estamos ahí, aterrorizados, agazapados en las trincheras de la batalla, dispuestos para saltar a pelear como el que más, junto a vosotras, por vosotras, frente todos, frente al mundo, frente al cáncer.

Cuanto te lo agradezco Imanol.

Has tenido que venir tú, para que yo me dé cuenta.

Ahora trato de mirar a mí marido de otra manera.

Valorando las guerras silenciosas que él mismo ha tenido que luchar, junto a mi, durante toda la enfermedad.

Silencioso, callado, casi invisible.

Sois los grandes olvidados de toda esta película de miedo, de guerra, pero sobre todo de amor.


Gracias a ti, en nombre de Charo, gracias a Jorge en mi propio nombre y gracias a los millones de anónimos olvidad@s que hoy siguen luchando, junto a ell@s y ganando batallas contra la “C”.

Yo te doy hoy mi voz, os la doy a tod@s, para que nadie, nunca, os vuelva a olvidar.

Feliz vida y hasta muy pronto…

DIA MAS UNO
PARANOIDE
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