Estoy viva. 

Pienso luego existo, que dijo aquel. Aquel era Descartes, que más bien vino a decir, pienso, por tanto soy. Todo muy racionalista. El hecho es que podría parecer que porque pienso, vivo y viceversa. No es tan sencillo a mi entender. Veamos.

Tengo que hacer un monólogo, (que no es un mono que habla), para mi taller de escritura creativa, y no uno cualquiera, tiene que ser un monólogo interior, de puertas para dentro, algo difícil de explicar y más difícil de entender aún. El profe se nos ha venido arriba.

Ante tamaño dilema, a la que se le ha ido la olla es a mi, (tengo que mirar el origen de lo de la olla), y de olla en olla, he decidido jugar un poco con las nuevas tecnologías. Hace unos días leí algo sobre la narrativa tecnológica, parece ser que los ordenadores ya pueden escribir por sí solos una «Fortunata y Jacinta», así como quien no quiere la cosa. Pronto no haremos falta ni para contar historias.

En fin, entre tanto vayamos a mi experimento personal. Me gusta romper las formas, las reglas, los cliches, experimentar y jugar a prueba-error, pura ciencia. Cargarme la cuarta pared es mi objetivo este curso. Acceder al publico, al lector y quedarme con él, o que el se quede conmigo, tanto me da. Interpelar, preguntar, romperle la cabeza al que me lee, sin hacerle pupa, claro esta, solo para que se divierta, o reflexione, o lo que sea.

Echando mano de las «cosas con botones», que titula mi hijo, (es periodista y tiene una sección en el Heraldo con ese nombre), voy a introducir, en un momento dado, un audio-ensayo en este experimento.

Pero de cómo mi mente, secuencial, consecutiva o simultánea, (según se mire, que sobre esto hay muchas teorías), ha llegado hasta este punto, no lo sabría decir. El profe dijo que para hacer el mono-logo le diéramos rienda suelta al mono-loco, (entre nosotros, la mente) y básicamente esto estoy haciendo.

Más allá de la mente pensante y discursiva, que va a su bola y a menudo ni vive ni deja vivir, más allá de nuestros pensamientos caóticos y desnortados, me consta, por propia experiencia de más treinta años de prácticas meditativas, que existe una corriente subterránea de consciencia, un flujo constante, denso y eterno de existencia y de SER.

En yoga lo conocemos como Sat, Chitt, Ananda,  el estado de Ser, Consciencia y Bienaventuranza infinita. Ese es para mi, el auténtico flujo de consciencia, que va mucho más allá del simple mono-logo, o mono-loco, de nuestra mente ordinaria.

Que esto esté quedando raro, era el objetivo del profe, pero tranquilos, todo es susceptible de empeorar.

Para comprender de lo que hablo, no hay nada mejor que la propia experiencia, así que me dispongo, estimado lector, a proporcionarte una.

Para el juego, puedes echar mano de un programa de audio libro, puedes grabar tu mismo el experimento o pedir a alguien que te lea el texto que te escribo a continuación. En el taller de escritura, mi profe y mis compañeros lo oirán de viva voz, pues estoy viva y pienso, luego hablo.

Comencemos…

AUDIO ENSAYO

Cierra los ojos y sígueme.

Siéntate cómodo en tu butaca. Lleva la atención a tu cuerpo, a las piernas, a tu asiento, a la espalda bien erguida y enderezada, siente los hombros relajados y sueltos, los brazos, las manos, el rostro y su expresión, relaja los ojos, las mandíbulas, los labios, relaja toda la boca. Pon cara de bobo, en sentido literal, y sonríe.

Deposita ahora tu atención en la respiración, ese maravilloso proceso natural que tiene lugar a cada instante durante todo nuestro paseo por este parque de atracciones que es el vivir.

Inspira y exhala. El aire entra y el aire sale, entra, sale…

Observa como ocurre, de manera plácida, natural y espontánea. No controles, fluye. No busques, encuentra. No pongas ni quites nada, sólo observa el ir y venir del aire y de la vida haciéndose en ti a cada momento.

Inspira y deja ahora que al final de la espiración aparezca una pequeña pausa, tras ella, la inspiración nacerá de nuevo de forma natural. Deja que así ocurra. El aire entra, sale, la pausa tiene lugar y de nuevo inspiras.

Es probable que mientras lo haces los pensamientos acudan a ti llevándote con ellos. Deja que eso también suceda, pero vuelve a la respiración, en cuanto te des cuenta. Trata de observar a tus pensamientos como a la radio que suena en la casa o en el coche, sin que seas consciente de lo que te cuenta, como cuando estás viendo al hombre del tiempo en la tele y se te pasa tu comunidad autónoma. No les prestes atención, deja de atenderlos, de alimentarlos, de darles prioridad, ahora centraré única y exclusivamente en tu respiración y en esa pequeña pausa que tiene lugar al final de cada expulsión.

Céntrate en ese momento de pausa, siente su longitud, su tiempo, su espacio, su naturaleza, su textura, su aroma, su tacto, su color, toda su cualidad. Observa cómo en ese preciso y precioso momento todo se detiene. Intuye la densidad del flujo ininterrumpido de consciencia que fluye más allá del pensamiento, más allá de la respiración, más allá de la pausa misma, ese vacío lleno, pletórico de existencia, de energía y de SER.

Pero… ¿Quien está observando todo esto?, ¿Puedes observar a quien observa?

Vuelve tus ojos a ese testigo interior, al sakshi bhava, al observador pasivo, eterno e inmutable que habita en ti y pregúntate, ¿Quién soy yo?, ¿Quién soy yo?, ¿Quién soy yo?…

Regresa despacio a tu respiración, regresa a tu cuerpo y al espacio que ocupas en la sala. Abre los ojos y mira.

Estoy viva.


DESDE EL OTRO LADO...
LA ORILLA
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