En el silencio mudo de los muertos, quieren, los que no quieren que yo escriba, que me quedé en silencio para siempre, y siempre es mucho, incluso para mi.

¿Como puedo ofender con lo que escribo? Pues ofendo, y no poco, a los que hablan de mi por las tabernas, de tarde en tarde, de caña en caña, que otra cosa no encuentran distraída, más que hablar de lo ajeno, que lo propio es lo bueno y a nadie importa.

Y entre pincho de anchoa o de tortilla, ensaladilla rusa o taco picante, a la cuarta cerveza la lengua se desata, se suelta la melena y a alguien se le ocurre decir, que mire usted, que Cristina, en el fondo, lo que busca, con todo esto del blog que anda escribiendo, es llamar la atención, más de lo mismo.

Una buena compañera de penas me lo contó en verano, que eso iban hablando de mi, mis amigas, las buenas, las de siempre, las de toda la vida, las que se llenan la boca diciendo que me quieren y que «no sabes como te comprendo».

Al principio dolió y dolió mucho. Dolió el orgullo, el Ego con mayúscula, (que siempre debería escribirse en letra grande), la soberbia, la envidia, y hasta los celos de que a ellas, nada malo les pasa, todo a mi. Dolieron los complejos, los malos entendidos, las suposiciones de saldo, las palabras no dichas, los negros pensamientos.

Y lo que más dolió, temo que sea, que mis buenas amigas, algo de razón tengan.

Tanto dolió al principio que decidí no volver a escribir más, ¿para que?, para ser criticada, ofendida, herida sin motivo, sin buscarlo, para llenar sus tardes aburridas, de tanto andar diciendo de los otros.

Me costó digerirlo, antes de decidir si asimilarlo o escupirlo. Y creo que estoy haciendo las dos cosas. Lo estoy asimilando mientras lo escupo, porque hay cosas que es mejor no guardarlas dentro, que es mejor sacarlas para afuera, no vayan a pudrirse en las entrañas y acaben siendo el banquete de alimañas, como el cáncer y otros de su especie.

Yo ya no quiero más cánceres obscenos, ni en mi interior ni en mis alrededores, que ya llevo bastante con lo puesto.

No ofende quien quiere, sino quien encuentra a quien se deja ofender, por debilidad o mal entendimiento, y yo adolezco de ambas cosas, por desgracia. Y cuando tanto ofende, quizá sea, por la verdad que encierra y nada más.

Pero cómo explicarlo. Cómo explicar a quien no escribe, la necesidad innata del que busca escribir desde la infancia. Del que siente que bulle en su interior el deseo profundo de plasmar en el papel de ayer, hoy la pantalla, letra a letra, palabra por palabra, todo lo que cobra vida dentro.

Si sólo fuera una corriente pobre, un pequeño canal de sentimientos, un hilito de agua distraída, de pensamientos desordenados, confusos, inconexos.

Si sólo fuera eso, pero no.

No es una cascada, son cien cascadas juntas, más de mil cataratas de emociones bullendo en mi cabeza, o es mi corazón donde reclaman una salida al aire, una ventana.

Y escribiendo, les abro la compuerta y así salen, que salen, como salen.

A veces tensas, sucias de polvo y barro, casi negras, llenas de sangre roja de heridas viejas, abiertas, mal curadas.

Otra veces serenas, mansas, dulces, repletas de amor y de regalos.

A menudo son aguas residuales, no siempre es agua limpia lo que sale, porque no siempre es limpio lo que hay dentro.

No soy perfecta, muy lejos estoy de serlo, yo diría que a siglos de distancia, ni siquiera soy buena, soy humana, nada más que eso.

Soy lo que soy, y lo que soy, lo escribo, y al escribir no busco un objetivo, ni llamar la atención ni ningún otro, sólo eso, escribir, que ya es bastante.

Supongo que si sigo escribiendo y con el tiempo acabaré aprendiendo que no se puede ni se debe gustar a todo el mundo,  que es imposible contentar a todos, que por más que busquemos la perfección, la perfección no existe, y si existe, lo hace en lo imperfecto.

Hay días que escribo deseando publicar, esperando con ansia ese momento de soltar todo afuera, de sacarlo.

Otros días, como hoy, lo hago pensando que estas líneas nunca verán la luz del día, morirán aquí dentro, conmigo, en mi pantalla. Ya se verá,  quién sabe…

SIEMPRE SEPTIEMBRE
VERANO A VUELAPLUMA
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