DONDE HAY PATRÓN NO MANDA MARINERO

El día de su graduación Ana leyó algo mucho más hermoso y universal que la sencilla carta que ayer compartí con vosotros.

Un texto perfecto para la ocasión, de un premio Nobel de literatura, que también perdió un hijo.

Con su novela «El libro de las tierras vírgenes», quizá te suene más como se ha popularizado entre nosotros, «El libro de la selva», y las aventuras de Mowgli, se metió en nuestras casas y en nuestros corazones, acercándonos las leyendas e historias de la hermosa y lejana tierra que le vio nacer.

Rudyard Kipling nació en Bombay, India, en 1865 y escribió uno de los más hermosos, auténticos y conmovedores poemas que yo jamás haya leído.

Yo lo compartí con mi hija, ella con sus profesoras y compañeras, el día de su graduación y ahora las dos, lo recordamos con todo aquel que este leyendo esto.

“IF», poema también conocido como “CARTA A UN HIJO»

Rudyard Kipling. 1910.

“Si puedes estar tranquilo cuando todos a tu alrededor han perdido la cabeza y te culpan por ello,
si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti
y, sin embargo, no desprecias sus dudas;

Si puedes esperar sin que te canse la espera,
si te injurian y no respondes a la mentira,
si te odian y no cedes al odio,
y, aún así, no pareces demasiado bueno ni hablas como un sabio.

Si puedes soñar, y no hacer de los sueños tu señor,
si puedes pensar y no hacer del pensamiento tu meta,
si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota
y tratar de la misma manera a esos dos impostores;
Si puedes soportar escuchar la verdad que has dicho, distorsionada por granujas para engañar a tontos,
o ver como se destruyen las cosas por las que has dado la vida,
y agacharte y reconstruirlas con herramientas viejas;

Si puedes poner en un montón todos tus triunfos
y arriesgarlo todo en un cara o cruz,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio,
y no decir una palabra sobre lo que ya has perdido;

Si puedes forzar tu corazón, nervios y tendones
a que te sirvan cuándo ya hace tiempo que se han gastado,
y resistir cuando no te queda nada
salvo la voluntad que dice:» Aguantad»;
Si puedes hablar con las masas y mantenerte íntegro,
o pasear con reyes sin perder el sentido común,
si no pueden herirte ni los enemigos ni los buenos amigos,
sí todos cuentan contigo pero ninguno en exceso;

Si puedes llenar el minuto implacable con sesenta segundos que valgan la pena,
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y -lo que es más- ¡serás un Hombre, hijo mío!»

LA PRÁCTICA

Ante la nobleza y la luz de estos valores eternos, sólo surge de mi el deseo de unos minutos de paz y de meditación en sereno silencio.

NAMASTE

Día 96
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