EL MAGISTERIO

La muerte de mi querida profesora pilar Liria me ha traído al escritorio esta reflexión.

Siempre he pensado que hay dos profesiones que necesitan “Vocación” como requisito indispensable o “sine qua non”, el médico y el maestro.

Sabes que estás ante uno de ellos la primera vez que les miras a los ojos.

Pilar era de esas, de las buenas, con sólida e innata vocación.

Yo misma creo que lo soy, si no tan buena, si vocacional pura.

Desde mi primera infancia recordada, quise ser profesora.
Y la vida al fin me regalo la posibilidad de ejercer e impartir clases de yoga.

El disfrute y la felicidad que experimento durante mis clases, no me dejan lugar a dudas.

Me gusta mi trabajo y eso es un privilegio.

Si en la medicina no encontré a muchos, en la enseñanza he tenido la suerte de no poder nombrarlos a todos.
Me faltaría tiempo, espacio y dedos en las manos.

En su honor y en mi memoria, para no olvidarlos, esto va por ellos.

Un recuerdo cariñoso para Don Pedro, profesor de mis hijos en los Jesuitas.

Ya en aquellos años, les ponía música clásica en los ratos de estudio y les explicaba una pequeña reseña sobre el autor y su obra.

Les enseñó a levantarse cada mañana con el despertador mágico del pensamiento, con sencillas técnicas de control mental que también aplicaban a la concentración y al desarrollo de la memoria.

Nunca se apeó del respetuoso y bien puesto “Don”, que con gusto y educación utilizábamos tanto padres, como alumnos, para dirigirnos a el.

Chapó, Don Pedro, chapó!!!

Trasladamos a Ana a Sansueña y encontramos más y mejor de lo mismo.

Vocación, respeto, educación, cariño y entrega.

Un maravilló elenco de profesoras comandadas por un buen capitán al mando de la mejor tripulación, nuestra querida Charo.

Dos magníficas tutora Lola y Blanca que ayudaron a mi hija con esmerados cuidados y exigencia justa, a termina sus estudios y aprobar la selectividad.

No fue fácil, os lo aseguro, ya que pasábamos la mayor parte del tiempo de hospital en hospital, de transfusión en transfusión.

El día de su graduación Ana leyó esta carta de agradecimiento, que escribimos juntas, recordando yo a mis viejas profesoras y ella a las que con tanto afecto la acompañaron entonces.

La comparto con vosotros en recuerdo de ellos.

Carta de graduación de Ana Mora Lacleriga.
Colegio Sansueña.
Zaragoza, mayo 2010.

“Quiero que estas palabras sirvan de agradecimiento, pero no de despedida.

De agradecimiento porque me llevo en el corazón y por todos los años venideros, un montón de cosas…

Buenos recuerdos.
Valores eternos e imborrables.
Palabras de ánimo y de consuelo.
Consejos irreemplazables.
Lágrimas de comprensión y cariño. Sonrisas de complicidad.
Abrazos llenos de energía positiva y amor.
Esfuerzo reconocido y valorado. Sacrificio y recompensa.
Reprimendas merecidas.
Felicitaciones sinceras.
Confianza, esperanza y fe.

Por todas esas cosas pequeñas o grandes, importantes o sencillas, recordadas u olvidadas, por todas esas cosas y precisamente por ellas, esto no es una despedida, sino un hasta luego o hasta siempre.

Porque siempre viajarán conmigo guardadas en mi corazón, como semillas pequeñitas que sé, que poco a poco irán germinando, creciendo, floreciendo y dando su fruto y que me acompañaran y me servirán de ayuda y apoyo en todo momento y lugar, a lo largo de lo que seguro será una feliz y duradera vida.

Gracias a todas, a mis profesoras y a mis amigas, que en algunos momentos han sido también unas magníficas profesoras y que tanto me habéis ayudado, especialmente en estos dos últimos años de enfermedad.
Gracias de todo corazón.”

LA PRÁCTICA

Hoy siguiendo la senda de la meditación retiraremos nuestro sentido del gusto.
Sentad@ en postura firme y cómoda, recorre tu cuerpo para sentirlo estable y bien situado.

Observa tu respiración natural y espontánea.

El movimiento dentro de la quietud.
Una hermosa danza.

Moviliza ahora tu boca como si estuvieras masticando un enorme chicle de bola, del sabor que más te guste. Nota como ensalivas y tragas mientras lo haces.

Deja que vengan los recuerdos que esa sensación te provoca.

Disfrútalos.

Relaja ahora la boca, labios, mandíbulas, lengua, dientes, encías, paladar.

Abre luego mucho la boca como formando una “A” silenciosa y a continuación dibuja con ella una “i” sin sonido, elevando las comisuras de los labios, en sonrisa amplia.

Varias veces.

Relaja la boca y el rostro y deja una suave, casi imperceptible, sonrisa dibujada en el.

Evoca el gusto de tu comida favorita de cuando eras pequeño.

Con cada evocación atrae un recuerdo y experimenta.

Tu postre favorito.
Tu “chuche” preferida.
Las palomitas del cine.
Tu refresco de verano.
Una cerveza fría, una horchata o un granizado de limón.


Un buen zumo.
Un agradable te.

Abandona ahora ese proceso evocador para observar el silencio interior o lo que sea que acontezca.

Todo lo que trae es tuyo y es bueno, no lo rechaces, experimenta.

Agradece y al rato, regresa.

NAMASTE

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