COMO PREFIERES MORIR, COMO QUIERES QUE SE MUERAN.

Reflexionar sobre la muerte no es fácil.

Se diría simplemente que es un temita huidizo.

Huye de mi, pero también de vosotros.

La muerte no es contagiosa, ni por nombrarla te mueres.

Sólo es un miedo más.
Mejor dicho es el “Gran Miedo”.

Y como no nos gusta le damos la espalda, la apartamos, la ignoramos, cerramos los ojos suplicando para que cuando los volvamos a abrir haya desaparecido para siempre.

Yo hoy decido y elijo hablar de ella, con dos c….. Jjj.

Mi padre se me ha aparecido en un sueño.

Cuando hasta los médicos le daban por muerto y venían a certificar su muerte, él, tan pito, resucitaba y se ponía andar por la habitación del hospital. ¡Toma Ya!

Me ha hecho recordar…

Mi padre murió un día antes de que me hicieran la biopsia que confirmó mi cáncer.

Con todo lo que la gran “C” ha traído a mi vida, no he podido hacer un duelo en condiciones por su marcha.

Supongo que por eso todavía anda dando vueltas por aquí.

Por eso, y porque le costó mucho irse.

No quería.

Lo decía bien clarito a todo aquel que quisiera escucharlo:
“Yo no me voy a morir todavía”.

Para él nunca fue un buen momento.

Recuerdo la última tarde que lo vi con vida.

Con su mano entre las mías, me miro extraviado, en tierra de nadie, y dejo escapar una lágrima y un infantil puchero.

Me pareció entender muy bien lo quería decirme… “No me quiero marchar, llévame a tu casa”.

Así es la vida, digo, la muerte.

Paradójica y extraña.

Mi hija Ana, en los días grises de dolor, perdía su mirada para suplicar que la dejáramos ir… “No puedo más, no quiero más, me quiero ir, ¡DEJARME!”

Mi madre dio dos vueltas de campana en su coche, salió completamente ilesa, ni un rasguño, pero una pequeña conmoción por el accidente le hizo desmayarse, con tan mala suerte que cayó en un pequeño charco de agua y allí se ahogó.

Ella ni pidió irse, ni pidió quedarse, sencillamente se fue.

Con 90, con 19, con 37, con dinero, con futuro, con hermosura, queriendo o sin querer, que más da, que importa… Sucede y ya esta.

Pero, ilusos de nosotros, preferimos mirar para otro lado, pensando que así, con un poco se suerte, le sucederá al otro y no a mi.

No se, si yo le estoy perdiendo el miedo a la señora, pero desde luego ya no me importa reflexionar y hablar de ella.

Yo vi partir a tres y ahora parece mandarme un burofax a mi…

Ninguna pérdida tiene buen momento para suceder, pero creo que las tres aliviaron y dejaron sufrimiento y descanso, a su manera.

Y estoy eligiendo cuidadosamente las palabras que utilizo. Las digo como masticándolas.

Sufrimiento y descanso… Que paradoja, y que verdad.

Para el que se va…

Para el que se queda…

Para ambos.

Todos dejaron preguntas en el aire, cosas por decir, abrazos y besos para dar, perdones que ofrecer, gracias que regalar.

Para los que nos quedan y nos quedamos, “pa un rato largo”, espero, solo nos resta aprender de lo andado y no dejar de hacer esas preguntas, decir te amo mucho, abrazar y besar, pedir y dar perdón, llenar el corazón de “gracias”.

Y todo lo que se te ocurra para procurar amor y alegría a cada instante de VIDA.

LA PRÁCTICA

El otro día activamos nuestra energía vital con la respiración del fuelle, hoy volveremos a equilibrarla y serenarla con el pranayama cuadrado.

SamaVritti .
Sentad@ en meditación, ojos cerrados, respiración natural y espontánea.

El aire entra, el aire sale, entra, sale…

En la pantalla frontal que tienes delante de los ojos cerrados, visualiza un cuadrado.
Inspira subiendo por el lado derecho, en retención recorre el lado superior, desciende espirando por el lado izquierdo y en retención a vacío recorre el lado inferior.

Recorre así el cuadrado con cada respiración.

Introduce ahora una cuenta numérica.

Inspira a 3 segundos , detén a 3, espira 3, detén a 3.
Puedes ampliar, igualando siempre los tiempos de la cuenta, según tu capacidad pulmonar, a 4-4-4-4 o más.

Respetando siempre la sensación de comodidad.

También puedes transformar el cuadrado en un rectángulo, con una cuenta más sencilla 4-2-4-2.

Repite de 10 a 15 ciclos.

Abandona ahora la cuenta numérica.
Abandona la observación de la respiración.

Observa la figura del cuadrado en tu pantalla mental.

Divídelo en dos triángulos.
Divídelo en cuatro triángulos que se unen en sus vértices en un punto, justo en el centro del cuadrado.

Observa el punto mientras el resto de las figuras se desvanecen.

Observa ahora sólo el punto, como se va alejando, haciéndose cada vez más pequeñito, hasta desaparecer del espacio de tu conciencia.

Nada.
Espacio.
Conciencia.
Silencio.
La experiencia te pertenece.

NAMASTE

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