DAR

Habían pasado más de dos años desde la muerte de Ana y yo parecía no levantar cabeza.

Lo gracioso es que se daban más cuenta de ello los más cercanos, que yo misma.

Una buena amiga que colabora en voluntariado desde ni se sabe, empezó a hablarme de ello… Que si es maravilloso, que si ayudas a mucha gente que de verdad lo necesita, que si es muy necesario, que si te vendría muy bien…

Un buen día le hice caso… Pensé:»si esto es lo que la vida me trae, probemos».
Disponía de una mañana libre a la semana y decidí ir a ver que era aquello, ya sabéis, sin compromiso.

Que sábia mi querida Carmina…

Me enganchó enseguida, y con la excusa de ayudar a los demás, comencé, por fin, a ayudarme a mi misma.

Todos los miércoles pasaba la mañana llenando carros de comida, para gente que no tiene ni para eso, en un barrio deprimido de mi ciudad.
Como cualquier otro barrio, de cualquier otra ciudad.

Con mi mejor sonrisa y todo el amor que aún me quedaba, ayude durante casi tres años en todo aquello que me pidieron.
Conocí a gente extraordinaria, anónima, generosa, llena de ilusión por sacar adelante ese proyecto.

Nunca los olvidaré.

Seguramente no llegarán a saber todo lo que hicieron por mi.

Mi querida Charo, mi jefa en el almacén, una maravillosa mujer llena de fuerza, de aplomo, de voluntad, con una inteligencia natural envidiable y un corazón que no le cabe en la blusa, viendo y sabiendo lo triste que estaba, me dio un buen consejo que decidí seguir.

Me dijo :»Escríbele una carta a tu hija y dile todo lo que te estás guardando ahí dentro, te hará mucho bien».

Y esta es la carta que le escribí.

Zaragoza, diciembre de 2014.

UNA CARTA DE AMOR

“Hola cariño…

Te fuiste tan deprisa que olvide decirte algo.

Olvidé decirte lo mucho que te quiero.

Lo mucho que se, que me quisiste tu y lo bonita que fue nuestra historia de amor.
Una madre y una hija, amándose intensamente, durante un tiempo eterno y sin retorno.

La pena, la oscuridad y el dolor son el telón de fondo de mi vida desde que tu te fuiste.

Se que eso no te gustaría, pero yo no soy tan fuerte como tu.

Luchamos, sobre todo tu, hasta el final… O hasta el principio, quien sabe.
Pero Luchamos, ¡joder si luchamos!

Tu, sufriendo en tu cama de muerte, padeciendo hasta lo indecible, como nuestro Jesús en su cruz, que a mi, ese símil, no hacía más que venirme a la cabeza.

Mientras tanto yo engañándome, engañándote, engañándoles a todos… ¡Dios mío que necia fui!

Desde este rincón de dolor, ahora te escribo para pedirte ayuda, porque yo ya no se como dejar de sufrir.

Enséñame cariño a vivir de nuevo.
Sin ti… O contigo, pero de otra manera, nueva y diferente.

Enséñame, por que yo sola no se.

Te quise tanto…

Creé una vida entera para ti y cuando ya estaba hecha, desapareciste.

Ahora sólo deseo tocarte, acariciarte, mimarte, cuidarte…

Y si me preguntan que es el paraíso, les diré que para mi es estar junta a ti, abrazándote por siempre y sin fin, mi niña querida, mi niña adorada, mi hermosa pequeña.

Para Ana… Tu madre… Siempre…»

Se que hay mucha gente que no le gusta nada que escriba sobre estas cosas que me pasaron, pero sólo puedo decirles que no me lean, por que yo necesito escribir y contar, para limpiar y sanar.

Mi experiencia en el voluntariado fue impagable.

Sólo tengo recuerdos maravillosos de aquellos días.
Me atrevo a recomendarlo vivamente.
No esperes a que te ocurra nada malo como a mi.

DAR es recibir multiplicado por mil.

Yo le pedía ayuda a mi hija en la carta, sin saber que ella ya me estaba echando un cabo para que no me ahogara en mi propio dolor.

Y este cáncer, este blog, esta experiencia nueva, sigue ayudándome todos los días.

Sólo puedo decir gracias a toda hora, en todo lugar, a cada momento.

LA PRÁCTICA

Seguimos respirando.

El pranayama de hoy es purificánte, que me viene al pelo con la entrada de hoy.

Kapalabhati limpia tu mente y tu corazón, dejando una huella profunda de claridad y de luz en tu interior.

Postura de meditación.
Conciencia de la respiración natural que poco a poco se va ampliando.

Consiste en espirar de manera dinámica y algo superficial, como dando pequeños golpes o toques, metiendo el abdomen hacia dentro, dejando que la inspiración sobrevenga sola, entre cada expulsión.

Tres ciclos de 20 expulsiones abdominales dinámicas, rápidas y activas.

Entre ciclo y ciclo primero espiro profundo, luego inspiró de manera completa y detengo el aire dentro, a pulmones llenos, unos segundos, sin forzar, antes de espirar de nuevo.

Si conoces los bhandas puedes aplicarlos.

Después dejo que la respiración se amplíe con un suspiró o bostezo amplio, antes de comenzar el siguiente ciclo.

Para terminar, deja libre tu respiración, deja de observarla.

Rememora en tu interior la vivencia de limpieza, de pureza, de claridad y de paz.

El tiempo de Silencio es tuyo.

La experiencia te pertenece.

NAMASTE

Día 89
Día 91
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