GRACIAS A TOD@S

No es lo mismo…

Después de 50 pinchazos en las venas, los primeros de los muchos que vendrían después, no es lo mismo que te traten de cualquier manera, como un número más, con indiferencia, astio, aburrimiento, casi desprecio, como si fueras una molestia incómoda, a que te toquen con dulzura, te miren a los ojos, te sonrían como si te conocieran del pueblo, te hablen con camaradería y complicidad…

No es lo mismo.

El pinchazo 51 duele menos, sienta mejor.

Era una niña, tenía solo 16 años.

Por eso escribí esta carta a las enfermeras y enfermeros de la planta de Hematología del hospital Miguel Servet de Zaragoza, carta que plastificaron y colgaron en la puerta para recordar que todavía hay gente que valora su trabajo y su profesionalidad.

¡Bravo por ell@s!

LA CARTA

Zaragoza, abril 2009.

“Dicen que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.

En este caso, diríamos que detrás de un buen médico, siempre hay una o varias, grandes enfermeras.

Incluso podríamos llegar a afirmar que detrás de un mal médico también hay siempre una gran enfermera… jejeje.

Por eso queremos daros las GRACIAS A TOD@S…

A las veteranas y a las novatas.

A las jóvenes y a las que los años han llenado de experiencia.

A las que siempre sonríen y a las que lo hacen menos, porque sus motivos tendrán.

A las que siempre aciertan y a las que se equivocan pero que aprenden cada día de sus errores.

A las pacientes y a las “cohetes”, porque a veces también hay que correr.

A las que recuerdo vuestro nombre y a las que se me olvida por despiste, porque sé que podemos contar igualmente con vosotras.

Una de las mayores virtudes del ser humano es la resiliencia… Menuda palabreja.

La resiliencia es la capacidad que tenemos para superar las adversidades sacando siempre lo bueno y el lado positivo de las cosas.

Pues bien, lo bueno y lo positivo de estos eternos e interminables días de hospital, habéis sido vosotr@s…

Gracias de todo corazón.

Ana y su mami.”

LA PRÁCTICA

Seguimos avanzando…

El discípulo.

La humildad, la justa apreciación del individuo en relación con el universo entero.

La apertura del corazón, cuarto centro, Anahata Chakra, el amor compasivo, el servicio, la entrega.

Todo esto simboliza para mi esta maravillosa Asana.

Trabaja la apertura de la cintura escapular, hombros y axilas.

Invierte la curva cifótica dorsal, la joroba, borrándola y mejorando las molestias de la parte alta de la espalda.

Facilita el riego cerebral al incluir la inversión que coloca las caderas por encima de la cabeza.

Mejora la función respiratoria abriendo los espacios pulmonares.

Desde la posición cuadrúpeda, coloca la frente en el suelo en un punto equidistante entre las dos muñecas, extiende completamente los brazos hacia delante y asegúrate de mantener las costillas flotantes pegadas a los muslos, llevando si es necesario un poquito el posterior hacia los talones, esto protegerá tu zona lumbar.

El pecho desciende hacia el suelo, abierto y en expansión.

Si no hay problemas cervicales puedes colocar la barbilla en el suelo en lugar de la frente.

Respiración lenta y profunda, al inspirar abres el pecho que desciende y al espirar metes mejor el abdomen hacia dentro. De 10 a 15 respiraciones.

Compensación en la liebre, de 10 a 15 respiraciones.

En el diamante deja que la respiración se amplíe a través de un suspiro amplio y relaja.
Cierra los ojos.
Siente tu corazón abierto como una hermosa posada preparada y dispuesta para recibir al más ilustre de los huéspedes… Tu prójimo.

NAMASTE.

Día 84
Día 86
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