LAS ENVIDIAS

tengo un grupo de wassap con amigas del colegio.

La mayoría nos conocemos desde los 5 años y aquí seguimos.

No sé si fue la educación extraordinaria, a mi entender, que recibimos en el colegio del Sagrado Corazón.

Las maravillosas monjas y profesoras que nos formaron con su ejemplo y conocimientos.

El cariño y respeto forjado a lo largo de tantos años de relación sinuosa y llena de altibajos.
Las diferencias, que muy lejos de separarnos, nos unen cada día más.

Las riñas y discusiones superadas a golpe de lealtad y comprensión, de echarle ganas a la amistad.

Creo también que en el reencuentro tuvo algo que ver la muerte de mi hija Ana.

Hacía años que sabíamos las unas de las otras pero pocas veces solíamos coincidir y mucho menos todas juntas.

Sin embargo, ante mi tragedia y mi pena, no dudaron ni un segundo en juntarse de nuevo, formando una piña, manta protectora de compañía y cariño a mi alrededor.

Hicimos el grupo de wassap para estar conectadas y desde entonces todos los años tratamos de coincidir para hacer un viajecito de chicas y nos vemos a cenar de vez en cuando para reír y compartir vida.

Las quiero a todas por igual y con locura.

Presentes en los dos momentos más tristes de mi vida, a los 12 años cuando murió mi madre y ahora cuando Ana nos dejó.

El otro día leyendo sus divertidas conversaciones en wassap, llenas de vida, de energía, de actividad, de cosas cotidianas, de proyectos, de viajes, de idas y venidas, de pronto sentí envidia de la salud que rebosaban sus palabras y se lo dije : “Chicas os envidio, disfrutad de vuestras vidas, valorad vuestra salud, cuando se tiene no se ve y sin embargo no tiene precio”.

Por eso hoy mi reflexión va de LAS ENVIDIAS y sus clases, que no son pocas.

La envidia sana, que todos hacemos nuestra, dejando claro que la mala es para otros.

La envidia de colores, siempre en verde de diferentes tonalidades.

Desde el verde esmeralda, pasando por el chillón, hasta el más oscuro e hiriente, en ambas direcciones.

Caminando por mi paseo, cuando las pilas se me agotan, mi paso se hace lento y pesado y pido al cielo un semáforo en rojo donde detenerme para descansar y recobrar el aliento… Entonces veo el brío y la energía en el paso de los demás, un salto, una corrida improvisada para cruzar a tiempo, una animada conversación, una explosiva carcajada… Y todas y cada una de esas cosas que rebosan salud por los cuatro costados me dan ENVIDIA… Sana, pero envidia al fin, que la mala la dejo para los otros.

También hay que saber distinguir entre la envidia que se da y la que tiene.

Yo prefiero “tener”, que “dar”.

Dar envidia, ser envidiable, puede provocar admiración pero también odio, es por tanto peligroso y entraña cierto riesgo a convertirte en el blanco y diana de las críticas ajenas.

De todos es sabido que España, piel de toro, es el país de la envidia, y aunque la nuestra es la sana, que dios nos coja confesados.

El antídoto: ser discreta y pasar desapercibida… Que no hay nada mejor que vivir en el economato (anonimato)… jjj.

LA PRÁCTICA

Kandharasana

El pequeño puente.
Tras la rotación de ayer y la preparación previa, podemos realizar esta fantástica postura que dará movilidad y flexibilidad a nuestra columna vertebral.

Fortalece cuadriceps, cinturón abdominolumbar y glúteos.

Favorece la apertura de la caja torácica, ampliando la respiración media y los espacios pulmonares.

Calienta, estira y masajéa la zona cervical, mejorando las molestias y la tensión en la parte posterior del cuello.

Al incluir la inversión, que sitúa la cadera por encima de la cabeza, mejora el riego sanguíneo hacia esta última, despejando y aclarando la mente y todas las funciones cerebrales.

Activa los tres primeros centros y los conecta directamente con el quinto, garganta-nuez y el sexto, pineal, pasando siempre por un corazón grande, abierto y generoso.

Tumbad@ sobre la espalda, plantas de los pies en el suelo, talones cerca de nalgas, pies separados la anchura de caderas, al igual que rodillas.

Brazos pegados al cuerpo, palmas abiertas hacia el cielo.
Retroversión de pelvis, abdomen hacia dentro, glúteos apretados, zona lumbar estirada, pegada al suelo, mentón bajo hacia la garganta, estiramiento cervical.

Toda la columna bien alineada.

Respiración lenta y consciente en suave ujjayi.
La espiración incide en la retracción abdominal, manteniéndolo hacia dentro y la inspiración en la expansión torácica, durante toda la postura.

Al inspirar vamos despegando sacro, nalgas, lumbares y dorsales del suelo, elevando caderas.

Al espirar vamos bajando en orden, vértebra a vértebra, de nuevo la columna al suelo, de dorsales a sacro.

Primero en movimiento, subir-bajar 5 o 10 veces, muy lentamente, después mantener la postura, con caderas en alto, de 5 a 10 respiraciones.

Terminar espirando y bajando de nuevo la espalda al suelo.

Relajar y compensar con el feto sobre la espalda de 5 a 10 respiraciones.

La compensación y la preparación previa es fundamental en la práctica de cualquier Asana.

Si padeces de problemas lumbares modera o evita la postura y en todo caso consulta a tu instructor y a tu médico.

Recuerda: lentitud, consciencia y equilibro perfecto entre intensidad y comodidad.

Menos es más.

Feliz práctica y NAMASTE

Día 81
Día 83
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