LA MONTAÑA RUSA

En esta vertiginosa atracción de feria en la me encuentro inmersa, invitada de honor sin haberlo pedido, me ocurren, con desigual fortuna, dos cosas curiosas, opuestas y a la par, muy similares.

O me siento tan enferma, durante tantos días, todo el tiempo y sin solución de continuidad, lo que trae como inevitable consecuencia el completo olvido de lo que es estar sana.

O todo lo contrario… Me encuentro tan bien, lo que estaba ocurriendo en los últimos días, que me olvido de pronto de que tengo cáncer y de que mi cuerpo está lleno de una peligrosa medicación química que, vaya usted a saber, lo que se está cargando, por su cuenta y riesgo.

Lo primero, muy a mi pesar, ocurre con mucha mayor frecuencia que lo segundo.

Así que la sensación de estar bien y la amnesia temporal de enfermedad, ha sido un maravilloso regalo.

Me da ánimos y me permite pensar que puede volver a ocurrir en cualquier momento del tratamiento.

Por desgracia hoy me ha venido el bajonazo… ¿Por qué? Ni la más mínima idea…

La quimio va a su bola y hace de las suyas cuando menos me lo espero.

Lo bueno de estos vaivenes tan inesperados como indeseados, es que sabes que “Esto, estes arriba o abajo de la montaña rusa, también pasará”.

Lo malo… Mi amiga la incertidumbre, con la que acabaré haciendo buenas migas, por la cuenta que me trae.

La conciencia y la certeza de que todo pasa, lo bueno y lo menos bueno, de que nada es eterno, salvo el atman, el alma o espíritu para nosotros, de la inevitable “impermanencia” de la que Gautama el Buda nos habló, me permite disfrutar con extraordinaria intensidad de las pequeñas y bonitas cosas que ocurren a mi alrededor.

Así que con bajonazo y con todo seguimos adelante…

LA PRÁCTICA

El siguiente ejercicio de nuestra sesión.

Merudandhasana.

La postura del bastón.

Tras movilizar, en el día anterior, la primera bisagra de nuestra columna, la zona lumbar, vamos a por la segunda, las cervicales.

Un suave estiramiento, delicado y muy consciente, nos permitirá aliviar una zona muy sobrecargada, también conocida como el triángulo del estrés, cuello, hombros y omoplatos.

Tumbad@ sobre la espalda, piernas unidas, brazos cerca del cuerpo.

Alinea la columna, basculando pelvis y estirando lumbares en el suelo.

Baja el mentón hacia la garganta y estira el cuello por detrás.

Respiración completa y profunda.

El ujjayi o sonido suave de la respiración a su paso por la garganta gutural, nos permite alargarla y hacerla más consciente.

Mantén el abdomen metido hacia dentro y su musculatura tónica y activa.

Toma la cabeza con las manos, codos y antebrazos unidos por encima de la cara.

A cada inspiración ve elevando la cabeza del suelo.

Al espirar detente y mantén el estiramiento de la parte posterior del cuello, mentón bajo.

Estira hasta llegar a ese lugar donde intensidad y comodidad se dan la mano y practica en la postura de 5 a 10 respiraciones profundas.

Relaja bien los hombros y el cuello durante toda la Asana.

Deja todo el peso de la cabeza, que no es poco, en tus manos y brazos.

Vuelve espirando, acompañando la cabeza al suelo hasta el último momento, evitando tensiones innecesarias.

Relaja.

Tres respiraciones completas acompañándote con los brazos.

El bastón, tanto la Asana como el instrumento, me da firmeza, estabilidad y seguridad.

Estira el eje vertebral desbloqueando y liberando los discos, aliviando molestias y tensiones.

Todo estiramiento te conecta con el crecimiento personal, la aspiración del ser, el avance en el camino del desarrollo.

Durante la Asana inspira esas cualidades o virtudes y exhala todo aquello que te impide desarrollarlas.

Ya puedes ir uniendo las distintas piezas del puzzle para hacer una mini sesión: Respiración completa, vacío pulmonar, feto y bastón.

Feliz PRÁCTICA.

NAMASTE

Día 79
Día 81
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