OS CONTARÉ UN SECRETO

Ya sabéis que el otro día estuve viendo a mi consejero espiritual, Nicolás.

Dos consejos de extraordinario valor, tuvo a bien regalarme.

El primero, que por simple, no deja de ser esencial… “Busca a tu hija en tu corazón”, allí podrás hablar con ella directamente, sin intermediarios, sin interrupciones inoportunas, sin testigos curiosos, de alma a alma, sin dudas, ni preguntas, ni reproches, casi sin recuerdos, ni pasado, ni futuro, sólo con presente, con amor, sin lágrimas ni dolor.

Y así lo hago.

Cuando Ani era más pequeña alguien me dijo “Esta niña llegará muy lejos”.

Ni esa persona, ni yo podíamos imaginar entonces que llegaría tan arriba, donde ahora está.

Rodeada de los jefes, en las altas esferas de poder y saber infinito, desde donde se pincha y se corta el bacalao, allí donde se cuece todo, donde las palabras “ayuda” y “servicio” cobran otra inimaginable dimensión…

Donde algún día sin fecha, ni espacio, ni lugar, ni tiempo nos volveremos a unir en un abrazo eterno de madre e hija, de los buenos, de los bonitos, de los de pelicula antigua en blanco y negro, de los únicos e inmortales.

Ya os contaré, que será para contarlo… JAJAJA.

El segundo consejo es el secreto que hoy os traigo.

Más que un consejo, es, lo que viene siendo, un “milagro”… jjj.

A la mayoría nos da vergüenza reconocer que existen los milagros.

Es una vergüenza bien tonta y absurda ya que se va confirmando, cada día con mayor rotundidad, que los milagros existen y el que no quiera verlos que se tape bien los ojos.

Este tercer gotero ya sabéis que me ha sentado fenomenal y que el otro día me dio miedo hasta reconocerlo.

La quimio venenosa se va acumulando en mi cuerpo y parece que debería ser al revés.

Dándole vueltas a lo extraordinario del asunto por fin he llegado a una conclusión.

La pregunta fue ¿Qué es lo que estoy haciendo desde que me encuentro mejor?

Y la repuesta, como siempre, apareció en mi mente como un fogonazo… EL VASO DE AGUA.

Nicolás me regalo una sencilla práctica que hoy comparto con vosotros, por si queréis probarla y os puede ayudar como a mi…

Cada noche, antes de acostarme, dejo en mi mesilla un “vaso de agua”.

La ofrezco como regalo (como a los Reyes magos el vaso de leche) a los Ángeles y Arcángeles sanadores, médicos, enfermeros (Brigada del sector sanitario en general… jjjj) que cada noche bajan a mi cama y mientras duermo, me curan y me ayudan a sanar.

Colaboran con la quimio para matar y eliminar todas las células malas y protegen, refuerzan y conservan todas las buenas, destruyendo la gran “C” y restaurando mi gran “S”… Mi Salud.

Tu no querrás creerlo, pero a mi me ha funcionado… jjj.

Por la mañana, cuando me despierto renovada y sana, doy las gracias feliz y de todo corazón a mis “Guapangeles” ( que como mi oncólogo, son ángeles guapísimos) y tiro el agua del vaso por el fregadero, sonriendo por lo “bajini”… Porque los milagros existen.

LA PRÁCTICA

La cuarta pieza de nuestra sesión.

Supta Garbhasana.
La posición del feto sobre la espalda.

Todas las posturas fetales me conectan con mis ancestros a los que venero y respeto con sincera admiración, ya que hicieron lo que mejor supieron, guiados, como no podría ser de otra manera, por el amor, incluso aún sin ellos saberlo.

Me conectan con el útero materno, con las aguas del océano amniótico del que procedemos, medio peces, medio amebas, medio humanos…

Cuantos misterios y que bonitos ¿No?

Me conectan con la madre, la ternura, la entrega desinteresada.

Me devuelven a la cuna, al capazo, a los brazos, al arrullo, a la nana, al calor.

Y me dejó mecer…

Tumbad@ sobre la espalda, plantas de los pies en el suelo, coloca las manos en la zona umbilical, suavemente, como si pesaran menos de 5 gramos, sólo rozando y respira profundo en el abdomen.

Nota como asciende y desciende mecido por las olas de un océano de amor.

El aire entra, el aire sale, entra, sale…

Baja los brazos al suelo y recoge las rodillas hacia el pecho.

Tómalas con las manos y atráelas con dulzura hacia ti.

Mantén la respiración consciente, abdominal y profunda.

Toma con cada mano su rodilla correspondiente, sepáralas bien y llévalas hacia los hombros, atrayéndolas.

Desde ahí comienza un suave balanceo sobre la espalda a izquierda y derecha.

Hazlo libre, hazlo tuyo, hazlo fácil.

Déjate caer hasta el suelo a ambos lados y regresa al centro tantas veces como gustes y te apetezca.

Yoga libre.

Déjate en paz y disfruta del balanceo infantil en tu cunita.

Sonríe.

Le darás un buen masaje a tu espalda, desbloquearas paravertebrales, descongestionarás lumbares, soltarás fascias.

También puedes hacerlo tomando con las manos los pies en lugar de las rodillas, manteniéndolas muy flexionadas, piernas relajadas.

Termina respirando varias veces en el centro, feto sobre la espalda, rodillas juntas, abrazadas hacia tu pecho.

Luego relaja.

Es como una vuelta a casa.

Repite en tu interior: “Ya estoy en casa, estoy Bien, me siento Bien”.

NAMASTE

Día 78
Día 80
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