EL CAMAYOGA

Esto es lo que da de sí una hermosa velada alrededor de la mesa de mi cocina, con 4 almendras, un buen queso y una deliciosa infusión de felicidad, que así se llamaba.

Ayer vinieron a verme mis tres amigas yoguinis.

Nos conocimos hace 20 años en clase de yoga y cursamos juntas los 4 años de formación de profesores con nuestra querida y admirada Conchita.

Esa impagable experiencia nos unió para toda la vida y selló una amistad eterna y de incalculable valor para mi.

Juntas hemos reído, llorado, compartido secretos, viajado hasta el último monasterio del país, en busca de nuestra anhelada alma, que nos susurraba a gritos… Por aquí, por aquí…

Buscadoras de espíritu, de fe, de respuestas, ahí seguimos juntas, las cuatro mosqueteras de luz.

Isabel respira hermosura y elegancia por todos los poros.

Da clases a niños.

Quien fuera niña… Yo la seguiría al fin del mundo como al flautista de Hamelin… jjj.

Rosa, una flor que desprende el aroma más dulce y tierno que podáis soñar.


Con su tesón y nuestro yoga, como una heroína de cuento, ha conseguido frenar y mantener a raya una terrible enfermedad de los huesos.

Ejemplo vivo de los sanadores efectos del camino que juntas recorremos.

Pilar, irradiando luz por sus bellos ojos de color de mar, su sonrisa franca, su preciosa piel, transparente y limpia, como toda ella.

Guía, faro, ejemplo vivo de superación y de amor.

Perdió a su hijo de 16 años en un terrible accidente, precediéndome en la tragedia de la pérdida y dándome una lección impagable de superación y de vida.

Para que sepáis la categoría de profes de yoga que andan sueltas por esta pequeña ciudad de provincias.

De la tarde de ayer y de la mesa de mi cocina salen estas líneas.

Hablamos de sexo… JAJAJA, como no podría ser de otra manera, cuando se reúnen cuatro bellas mujeres. ¡Ay abuela Charo ya estas por aquí echándome piropos!
Hablamos de vida, hablamos de yoga.

Les conté como he descubierto el CAMAYOGA, en esos días malos, más frecuentes de lo que cuento y parece, en los que me despierto doliéndome hasta el último músculo del cuerpo, pero necesitando la práctica más que nunca.

Después de 30 años, las asanas se integran de tal manera en tu vida que se vuelven necesarias, como un buen porro de maría para el cuerpo… jjj.

Así que sin levantarme de mi maravilloso colchón de visco, de látex o de lo que narices sea, me pongo a practicar y he conseguido crear una estupenda hora de estiramientos y movimientos de tonificación que mantienen mi lastimado cuerpecito lo suficientemente ágil y fuerte para hacerle frente a la temida “quimio”.

Mentiría si dijera que todos los días puedo, porque no puedo.

Algunos tengo que conformarme con sentarme a meditar, que ya me vale, que me encanta.
Pero a nada que me encuentro un poco bien, en mi “Poco Yo”, practico, practico, practico.

Mi CAMAYOGA me cambia el segundo, la hora, el día completo, lo transforma todo, me da gasolina, serotonina, dopamina y todas las “inas” que necesito para sonreír, disfrutar y VIVIR, a pesar de los pesares, que hay que ver lo que pesan.

Te lo recomiendo.

LA PRÁCTICA

Hoy comenzamos el prometido rompecabezas de sesión de CAMAYOGA.

Cada día, una pieza del puzzle.
Empezaremos por los cimientos de una buena sesión de Hata… La respiración.

Inspiramos al nacer al mundo, expiramos al partir a otros, y durante toda nuestra existencia en este, respiramos inconscientes del tesoro que encierra la respiración.

Nacemos y morimos un poquito con ella, a cada instante, como en un entrenamiento secreto y misterioso.

En un mágico baile de energía, marcamos los pasos del vals, al compás de la música del universo, que asiste regocijado al espectáculo de la vida en nosotros.

Respiro y vivo.

Respiro y recibo un maravilloso regalo, un inmenso favor.

Esta es la respiración yoguica.

Mecánicamente consiste en inspirar y espirar en tres fases, abdominal o diafragmatica, costal o torácica y alta o clavícula, en este orden.

Puedes acompañarte con los brazos, o colocar una mano en la zona umbilical y la otra en el centro del pecho.

Puedes contar mentalmente 3 al inspirar, 6 al espirar.

Puedes ampliar esa cuenta de acuerdo con tu capacidad pulmonar e introducir una breve retención a pulmones llenos y a vacío.

Una relación conveniente sería 4-2-8-2, para empezar.

Pero puedes ampliarla a voluntad, respetando la regla de espirar al doble que la inspiración y que la retención siempre sea breve y cómoda, sino, que no sea.

La máxima “Menos es Más”, la comodidad y la libertad, recuerda escucharte siempre, tu eres tu mejor maestro, deben presidir tu práctica, sea lo que sea que estés haciendo y mucho más en la respiración.

Empieza tu sesión respirando, las veces que quieras… yoga libre.

Te cambiará el día.

Respira lenta y profundamente llenándote de consciencia y de luz.

Siente la energía nutriendo cada célula de tu cuerpo y los espacios entre ellas.

Respira… Vive.

Namaste.

Día 75
Día 77
¿Te ha gustado mi día? Compártelo