JUAN SIN MIEDO

Hoy he recordado que existen muchos tipos de miedo.

Está el miedo más universal y común a todos los mortales, gracias al cual nuestra especie ha sobrevivido y evolucionado… el miedo a la muerte o a que se te coma el león.

Vive alojado en la amígdala, es reptiliano y tan antiguo como la primera ameba de la que parece que venimos.

Tenemos el de “sentido común” , el miedo a lo malo, que abarca un abanico amplísimo de categorías… al dolor, al sufrimiento, a la perdida, a quedarte sin empleo, a envejecer, a hacer el ridículo, al fracaso, a la soledad, a que la bolsa de wall street se desplome, al kilo de más en la báscula por las mañanas, a romper algo, a no gustar, a gustar demasiado y decepcionar… como bien sabes, la variedad es casi infinita y para cada cual el suyo tiene su importancia.

La intensidad del miedo y su correspondencia con la realidad también varía mucho.

Hay miedos pequeñitos que te hacen soltar una risita floja, te invitan a saltarte todas las normas de buena urbanidad y te susurran al oído “Atrévete cris, será divertido”.

Otros, terribles, son infranqueables, se convierten en patológicos, te enferman, y te dejan encerrado en una celda, real o imaginaria, incapaz de reaccionar… Agorafobia, claustrofobia y un largo etc…

Existen esos miedos que viven en tu imaginación, en tus peores pesadillas, más o menos escondidos de tu consciente protector.

Son los que dicen que no existen, pero si, si, que te lo cuenten a ti…

Miedo a la oscuridad, a los pájaros, a los perros, a las tormentas, al mar, a los ogros, brujas, payasos asesinos y otros ectoplasmas del lado oscuro de la fuerza.

El miedo a lo desconocido, que fíate tu, y a lo conocido, que es que se ve venir.

Así hasta llegar a mi miedo de hoy…

Vergüenza me da contarlo.

Y es que, este tercer gotero de al-quimio me ha sentado tan bien que me da miedo reconocerlo y hasta decirlo en alto.

Como me dijo una buena amiga el otro día… tienes buena cara cris, se nota que te estás curando…

¿Que bien no?

Pero que miedo…

Y aquí llegan los “isis”…

Y si no es verdad, y si es tan sólo un espejismo pasajero, y si recaes, y si mañana viene lo peor, y sisssss…
No es la primera vez que siento este tipo de miedo.

El miedo a estar bien, a tener demasiada suerte en la vida, a ser realmente feliz, a sentirte plena y completa, a viajar en la cresta de la ola, en la cima de la montaña, a haberlo logrado todo…

¿Quien a visto a Juan sin miedo?

LA PRÁCTICA

Frente al miedo… Presente y Presencia.

Agarrarse fuerte, fuerte a este aquí, a este ahora, que es benigno y maravilloso.

La quimio está haciendo bien su trabajo y yo no puedo menos que felicitarme por ello, algo tendré que ver… jjj.

Cinco expulsiones a fondo para decirle al miedo… Fuchis, Fuchis, Fuchis.

Un equilibrio para sentirme anclada, aunque resulte paradójico.

Una media luna en movimiento, para dejarme mecer por el aire de los acontecimientos, que van y vienen.

La palmera, uno de mis árboles predilectos.

La meditación, donde conecto mis raíces, mi sostén, mi territorio (primer centro), con la confianza plena en lo Eterno de la creación (séptimo centro).
MANASTE

Día 73
Día 75
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