DE LOS MÉDICOS Y SUS VIRTUDES

Al otro lado del amor esta el dolor, cuando éste se hace insoportable y se llena de rabia, de ira, de incomprensión, de negra ceguera.

Eso también me ocurrió.

En eso vivi inmersa, incapaz de de ver con claridad, inútil para encontrar la salida.

Este carta que escribí, durante los días de hospital en Barcelona, tiene este tinte distinto, negruzco y triste…

Mostraros sólo la cara amable no sería real, ni leal, ni honesto…
Quiero compartir con vosotros el otro lado de la moneda.

Pido disculpas por adelantado a todos los doctores maravillosos que me he encontrado en el camino, ellos tienen que saber que están fuera de la diana y del dardo que hoy tiro sin esconder la mano.

Pido perdón a unos y reflexión a los otros.

El otro día vino a casa a hacerme una entrevista una periodista encantadora, ya os diré cuándo sale publicada por si os interesa compartirla.

Me hizo una buena pregunta…

Me preguntó qué opinaba de los médicos, de los hospitales, del Sistema Sanitario en relación con la enfermedad, con el cáncer y con todo lo que me estaba pasando.

Eso me hizo recordar la carta que a continuación transcribo.

Barcelona, verano de 2011.

“A LOS MÉDICOS Y SUS VIRTUDES”

Esta carta se la dedico a los médicos.

Espero que nos den el alta algún día, para tomar distancia y no ser demasiado incisiva.

Utilizo la asertividad para hablar desde el reconocimiento y la comprensión, intentando dejar atrás la rabia y la impotencia.

No es fácil.

La otra noche, al salir del hospital, en casa de mi prima Nuri, leíamos en voz alta los diálogos de Platón, en concreto el Menón, que versa sobre el verdadero significado de la virtud.

Y entonces me acordé de vosotros, los médicos.

¿Qué clase de profesión es aquella que te empuja a vivir de espaldas a la virtud?

La mayor parte de los médicos que he conocido, con alguna honrosa excepción, se revisten con una coraza infranqueable que los separan kilómetros del paciente.

Pareciera que temen contagiarse de la enfermedad que, curiosamente, a distancia, pretenden curar.

Se disfrazan de seriedad, pensando que eso les protege del contagio.

Se ponen la máscara del “yo sé más que tú, déjalo en mis manos” y pasan sobre ti como una apisonadora, con su extraño e incomprensible lenguaje, imposible de descifrar.

Se olvidaron, a pesar de que fue Sócrates quién dijo “Aprender es recordar”, se olvidaron, digo, de ejercer la virtud en su profesión.

La virtud de sanar no solo el cuerpo, sino también el alma del enfermo.

La virtud de escuchar el lamento del que sufre.

La virtud de reconocer con auténtica humildad hasta dónde llega su saber.


La virtud de hablar el sencillo idioma del profano, para hacerse entender, porque el enfermo necesita de ti para sanar y tú necesitas de él para crecer.

La virtud de coger la mano del paciente y sonreírle con los ojos del corazón.

Yo creo que la Virtud no está solo en “Logos”, en el conocimiento, en el saber, que por si mismo no es virtuoso.

No lo es, si no va acompañado de algo más.

No sabría definir o concretar ese algo.

Quizá HUMANIDAD.

Eso me recuerda que fue Aristóteles quién distinguió las virtudes humanas, de las virtudes de los dioses.

Las primeras, las humanas:” justicia, perseverancia, fortaleza y prudencia”, puede que las haya encontrado en alguno de vosotros, los médicos.

Pero qué lejos estáis, la mayoría, de aplicar las virtudes de los dioses en vuestra profesión… Amor, Fe y Esperanza.

No pretendo herir y mucho menos juzgar.

Sé que es difícil trabajar dentro de un sistema como el nuestro, enfermo de prisas, agobios y estrés.

Saturado por las listas de espera, por la falta de eficacia en la gestión, por la mala organización y la carencia de medios económicos, materiales y personales.

Comprendo que lo intentáis, que no os falta buena voluntad, que las decepciones endurecen.
Además tenéis vidas aparte, familia, problemas, preocupaciones y responsabilidades.

Lo sé.

Sólo pretendo reflexionar un poco con vosotros, sobre la posibilidad que tenemos los seres humanos de mejorar, crecer y evolucionar.
Preguntarme si quizá sea eso lo que nos hace virtuosos a todos, también a vosotros.

Para terminar…

De las virtudes de los hombres:

No sería justa si no os diera las gracias.

No sería fuerte si no hubiese resistido.

No sería perseverante, si me cruzara de brazos con mi pequeña tragedia y no hiciera nada para cambiar el mundo.

No sería prudente, sí publico esta carta, pero lo haré.

De las virtudes de los dioses:

la fe, en vosotros los médicos, me la tuve que inventar.

El amor, os lo tengo porque no entiendo otra forma de relacionarme.

Y mi mayor esperanza es que las cosas, algún día, comiencen a cambiar.

Firma La orgullosa madre de Ana Carmen Mora lacleriga.

LA PRÁCTICA

El perdón a través de la comprensión y la esperanza en que el cambio se produzca al fin…

NAMASTE

Día 72
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