SATYA Y VAIRAGYA

La verdad y el desapego, de nuevo, dos caras de la misma moneda.

No encontraré la una, sin ayuda de la otra.

SATYA, la verdad es el segundo Yama, principio yóguico y universal, respuesta a la gran pregunta de los sabios y buscadores ¿quién soy yo?… SO HAM.

De la verdad universal os hablé ya un día, de mi propia verdad os hablaré hoy… ¿No serán lo mismo?… Es lo más probable.

El cuento del elefante y los ciegos y su moraleja, la verdad está en todas las creencias, personas, opiniones, culturas y por tanto el secreto para obtenerla es la suma de las partes, la suma de lo que cada ciego palpo del elefante, pata, colmillo, trompa, etc…

Esto bien podría llevarse a lo pequeño, a lo concreto, a lo mio.

Yo sería, por tanto, la suma de mis trajes, ropajes, vestidos, personajes, máscaras construidas por mi ego para enfrentarme al mundo y sobrevivir.

Pero…
¿Y si lo que realmente soy, no es la suma de las capas de mi propia alcachofa, sino la resta de las misma?

Y así llegamos al desapego, Vairagya.

Soy lo que queda cuando suelto, me quito y me desnudo de todos mis ropajes.

El resultado, es mi verdad, pero sin el “mi”.

Como dijo el sabio escritor Antonio Machado… “Y cuando llegue el día de último viaje y este al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo como los hijos de la mar”.

No es fácil desprenderse de todos los disfraces que, para este carnaval de la vida, nos costó tanto confeccionar.

Pero la verdad es que yo no soy…

No soy la niña huerfaníta, buena y obediente que tanto querían las monjas y compañeras en el cole.

No soy la joven anarquista, moderada eso si, que quería cambiar el mundo, con Hermánn Hesse y Bakunin bajo el brazo.

No soy la funcionaria de carrera, por mucho que me costará aprobar aquellas dichosas oposiciones, que no acababan de convocar nunca.

No soy la hija de mi padre, a pesar de que lo admirara, aún superado el complejo de Edipo, mejor dicho, de Electra.

No soy la madre de mis hijos, con todo el sufrimiento de parirlos dos veces, la primera en el hospital, la segunda cuando se van al mundo o al cielo, que lo mismo es, se van por que nunca fueron tuyos, por más que los quisieras, son de la vida presente o eterna, pero de la vida.

No soy la esposa, amiga y compañera… Que, sostener el tejado de la casa del matrimonio, no es ser la misma viga de contención, sino más bien dos columnas bien distintas e independientes, que se miran con respeto y admiración, cada una desde su escogido lugar.

No soy la profe de yoga perfecta, eterna aspirante a vegetariana, incapaz de renunciar a una buena cerveza y aún mejor jamón de Montanchez… jajaja ¡si mis profes me vieran!

No soy la mejor amiga, que conozco la envidia, la soberbia y la crítica poco constructiva.

No soy la buena hermana, que en el camino quedó mucho egoísmo y vanidad.

No soy mi religión, ni mi fe, ni mi creencia.
No soy mi raza, ni mi sexo, ni mi edad, ni mi “C”.
No soy “mi” nada, por que nada de eso soy.

Mi verdad, sin el “mi”, es otra bien distinta, que estoy por descubrir.

Cuando llegue os aviso y ya, si eso, nos vemos allí, que no andaremos lejos de reconocernos, siendo lo mismo, que lo mismo somos.

LA PRÁCTICA

Sentada en meditación…
Cierro los ojos…
Observo mi cuerpo recorriéndolo en toda su extensión, desde los dedos de los pies, hasta la cima de la cabeza.

Inspiró asciendo, espiro desciendo.

Con cada expiración, el cuerpo se va disolviendo, más y más hasta desaparecer del espacio de mi conciencia.

Observo mi respiración natural y espontánea.

Al expirar voy contando del 21 al 1 en sentido descendente.
Si me pierdo vuelvo a empezar, se siente… jjj.

Observo ahora el espacio infinito de consciencia, frente a mis ojos cerrados.

Observo mis pensamientos, que como nubes en el cielo azul, vienen y van.

Soplo las nubes , y sólo queda el cielo, limpio, desnudo, infinito, eterno…

Nada que observar, nada que buscar, nada que esperar, sólo SER…

SATYA, desnuda, sin ropajes, los apegos olvidados en un viejo cajón.

NAMASTE

Día 63
Día 65
¿Te ha gustado mi día? Compártelo