SUSURROS EN EL AIRE

Hace unos días una buena amiga me hizo una extraña petición, o en ese momento así me lo pareció.

En tu blog nos has hablado de ti, me dijo, de tu «C», de tu yoga, de la pérdida de tu hija, pero todavía no nos has dicho que te dice ella ahora.

¿Perdona?

Al principio no entendí bien la pregunta.

¿Qué me dice mi hija ahora? Volví a preguntar.
Si, contestó, eso mismo exactamente, que te dice…
Me sonó interesante el reto, le prometí que le daría una vuelta al tema y que algún día escribiría sobre ello.

Pues bien, ese día ha llegado.

De pronto he comprendido no sólo lo que me dice Anita, sino también como me lo dice.
Veréis…

Empezaré por esto último, «el como»… jjj.

Me río por que os preguntaréis como es posible la comunicación con «el otro lado».

Si ella ya no está aquí, (eso habría que verlo… jjj), ¿como puedo escuchar lo que me dice?

Pues puedo…

Como un fogonazo, se me encendió la lámpara…

Ella me habla a través de vosotros, de todos los que día a día me leéis y no sólo eso, contestáis mis escritos, os paráis y os tomáis la molestia y el tiempo de pensar, reflexionar y con valentía, que muchos ni me conocéis, escribís unas letras llenas de verdad, de cariño cómplice, de auténtica compasión, empatía y amor.

Ella me habla, susurros en el aire, a través vuestro.

Cada palabra de aliento vuestra, es Ana diciéndome… «Valiente, animo, no dejes de escribir y de contar, tu vas a ganar esta batalla, sigue, levántate, tu puedes, no desfallezcas, no te rindas, no tires la toalla…».

Cada palabra de empatía vuestra, es Ana diciéndome… “Te comprendo, te entiendo, yo pase por lo mismo, se de lo que me hablas, no sabes como me identifico contigo, que bien que alguien, por fin, hable de esto, ya era hora de que me dieran voz».

Cada palabra de agradecimiento vuestra, es Ana diciéndome… “Gracias por compartir, por acompañar en el dolor, por comprender, entender, por escuchar los silencios, dar apoyo, dar voz, aliento, ejemplo, sinceridad y un hombro hecho de letras donde apoyar la cabeza cuando las fuerzas flaquean».

Cada palabra de amor vuestra, es Ana diciéndome… “Te quiero, te aprecio, te estimo, te añoro, te extraño, estoy deseando verte, abrazarte de nuevo, estar junto a ti…».

Y aquí quiero hacer un inciso. Me gustaría compartir con todos una canción que aprendí de memoria y que canto a menudo. “Estar junto a ti».

La versión de Yuridia, una cantante maravillosa que os va a encantar. Forma parte de la banda sonora de la película «Ciudad de Angeles» que también os recomiendo.

Como veis cada palabra vuestra es Ella.

Ella susurrándome aliento, gratitud, apoyo, ternura y un amor tan grande y sincero que trasciende muros, distancias, fronteras y que sin entender de tiempos, ni de espacios, nos ha tocado a todos en el alma, uniéndonos con una extraña magia, formando una nueva banda de música sideral, que suena y vibra alegre, cantarina y marchosa, gracias a las redes, a estas nuevas cosas con botones, en la famosa «nube», vaya usted a saber dondeandara… jjj.

Yo puedo escuchar su música espero que tu también… Ana hoy canta para todos nosotros.

LA PRÁCTICA

Escuchar MÚSICA.

¡Me encanta!

Es una práctica que a menudo utilizo en meditación.

Me enseñó Shesa, mi maestro de Vedanta.

Es fascinante.

El utilizo Scheherezade, de Rimski-korsakov.
Yo utilizo a veces el Claro de Luna de Claude Debussy.

Escoge tu la tuya, si gustas.

Siéntate cómodo, espalda recta, conecta tu dispositivo, que ahora le llaman así, el tocadiscos pa entendernos… jjj, cierra los ojos y disponte a experimentar el mayor de los placeres, un auténtico orgasmo musical… jajajajaja.
Es fácil.

Te conviertes en el mismo centro del universo de los sonidos y dejas que lleguen a ti, que te traspasen, te envuelvan, se te lleven con ellos…

Te transformas en música, en violín, en piano… Y el resto del mundo desaparece…

Sin tiempo, sin espacio, sin apego, sin limites, se produce el milagro…

Para mi es como desaparecer, disolverme, también le llaman Laya.

No se explicarlo mejor, pero pocas cosas me colman como esta.

Te invito a experimentarlo y ya me contarás.
NAMASTE

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