Día 6
Hoy tocaremos otro temita que se las trae: “el umbral del dolor “.

De todos es sabido que el umbral del dolor varía de unas personas a otras.

Los  neurólogos y las unidades del dolor de los hospitales, no mucho pero cada vez hay más, ya están trabajando sobre el tema. Lo cual es muy necesario porque el dolor es como una huella dactilar, muy personal, muy tuyo… único y muy mal comprendido por el entorno.

La verdad es que desde que desperté de la operación sentí unos dolores horrorosos y, aunque me decían que me estaban pasando calmantes por la vía, yo no notaba alivio alguno.

Al cabo de tres horas, por fin, llegó la inyección de metadona. Bendita metadona… El rictus de dolor se convirtió en una sonrisa bobalicona de placer.  No me extraña que, como dice mi amiga Pilar, maten por ella. Por la metadona digo, aunque por Pilar también se podría matar que es estupenda jajaja.

El caso es que la respuesta de mi entorno  a mi dolor fue que estaba muy  nerviosa, obsesionada,  que lo tengo en la mente, que me tengo que calmar, que no es para tanto…

Os juro que me hubiera comido a alguien.

Como salía de la anestesia un poco zumbada, empecé a pedir que les quitarán la licencia a todos los que habían intervenido en mi operación.

Lo decía en broma jajaja … pero lo decía….. ¡que les quiten la licencia, que les quiten la licencia! (como la reina de corazones en Alicia en el país de las maravillas… ¡que les corten la cabeza! jjjjjj)… Pobrecillos, seguro que lo hicieron lo mejor que pudieron.

El dolor es lo que tiene, te convierte en un poco asesina jejeje.

Dicen que todos tenemos dos botones … a saber…

El botón de Judas por el que traicionarías a cualquiera, incluso a ti mismo en algún momento de tu vida por algún motivo que para ti está por encima de todos los demás… por ejemplo salvar la vida de tu hijo.

Está también el botón del asesino que viene a ser lo mismo o muy similar…

A mí me tocaron el botón de la asesina con ese dolor tan insoportable…. (es un decir, se comprende … que no soy  yo de matar por matar  jjjjjjj).

También están las preguntas que se me empiezan a plantear y que supongo que se han planteado todas las mujeres que como yo han sufrido cáncer de mama y mastectomía total o parcial.

Por ejemplo… un buen sujetador.

Tengo un cajón lleno de sujetadores preciosos, coquetos, con puntillas, de colores, de raso, con aro, sin aro, con push up, sin eso…

Todos se pueden ir a la basura, ni uno sólo me sirve ahora.

Necesito uno sencillo, cómodo, fino, flexible, que no me presione, pero que me sujete (vamos… lo mismo mismito que necesito ahora en vida ) y no encuentro a nadie que me diga dónde encontrarlo … es una desesperación.

A veces pienso que si fueran calzoncillos para hombres operados de próstata seguro que están inventados y los venden en El Corte Inglés  y en la planta joven jajaja. Pero para las mujeres hay que ver lo poco que inventan.

En relación con la práctica quería comentaros que las explico escuetamente porque soy profesora de yoga y van dirigidas a personas que tienen algún conocimiento, aunque sea poquito, sobre el Yoga y otras técnicas orientales. Así que  cualquier duda que tengáis podéis consultarla en san google o a mí directamente.

Aunque  la mejor recomendación es que hagas lo que a ti te gusta, es decir: yoga libre…  tu propio yoga…. tu propia forma de hacer.

Ya ves  que son cosas muy sencillas las que propongo, así que te invito a  que lo hagas a tu manera, escúchate a ti misma, sigue a tu corazón.  La mejor maestra eres tú, recuérdalo siempre.

Práctica para hoy

1

Como no puedo moverme mucho, esto es evidente, me siento en meditación e imagino el ejercicio del hacha. De pie, con las piernas semiflexionadas hago como si cogiera un hacha de leñador (de leñador de Bilbao de los buenos, del norte jajaja. Un hacha como Dios manda).  

2

Inspiró levantandola y al expulsar la dejó caer sobre aquello que quiero borrar de mi vida.  En este caso el dolor físico.  Al hacerlo, exhalo soltando por la boca fuerte y potente el sonido “ha “o “ja”.  Lo hago todas las veces que quiero.

3

Dicen que cuando imaginamos o visualizamos algo, las áreas del cerebro que se iluminan son las mismas que las que actúan cuando realizamos la acción realmente.  Así que imagino el leñador y me cargó mi dolor.

4

A continuación, en el silencio de mi meditación, recuerdo el pensamiento semilla de hoy: “que mi luz y mi amor sean más fuertes que el dolor”.
Día 5
Día 7
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