6 AÑOS DE AUSENCIA

A menudo la inspiración para escribir me llega en forma de una simple palabra que durante varios días resuena en mi cabeza… Ausencia… Me dice: “habla de mi”.

Y a eso voy.

La ausencia es directamente proporcional a la PRESENCIA.

Si pierdes, pongamos, un reloj olvidado en un cajón que ya no te ponías, ya no lo tendrás, pero notarás poco su ausencia.

Si pierdes a tu hija que lo llenaba todo de intensa presencia, la ausencia se hará sencillamente insoportable.

Enfermó a los 16, murió a los 19 y en esos 4 últimos años no había nada más que ella, ella, ella en todas partes.

Toda mi vida… Ella.

Y la enfermedad rara, maldita desconocida.

No era incurable pero como no sabían que era, no podían curarla. Tremenda paradoja de mi…..da.

La presencia de Ana era tal que, al faltar, su ausencia lo fue engullendo todo.
Como una niebla sigilosa y espesa fue tragándose todas las formas conocidas, diluyendo sus límites hasta hacerlas desaparecer… Mi hijo, mí nuerija (combinación perfecta de nuera, nueva e hija), mí marido, mí mundo, y hasta a mi misma.

La ausencia se me comió y yo también desaparecí.

La ausencia, al devorarlo todo, deja un vacío de proporciones colosales.

El silencio en la casa era tan insoportable que de forma automática encendía luces, radio, televisión en todas las habitaciones.

Hasta hace muy poco lo he seguido haciendo.

Os hablaré un poco más de ella.

La ausencia es sibilina, traicionera, te pilla desprevenida, por la espalda, te empuja y de un puñetazo certero te hace caer en mitad del pasillo de tu casa, las rodillas hincadas en el piso, mientras un extraño gruñido desgarrador surge de tus propias tripas, quejido seco, sin lágrimas… Que ya no quedan, que el duelo las seco todas.

Ausencia de sus pasos, del ruido de la puerta al entrar en la casa, del alegre “¿Mami?”, de sus ojos grandes, su sonrisa valiente, sus cálidas manos, sus abrazos blandos, su melena morena, española de Julio Romero , su carita dulce cargada de personalidad y liderazgo, su moto aparcada en la esquina, su olor, su olor, sobre todo lo demás, su olor…

Su presencia, anulada por la Perra ausencia, que se lo llevó todo, hasta a mi.

Me pregunto si los demás se habrán dado cuenta de mi ausencia durante estos 6 últimos años de duelo, si me habrán echado en falta, porque yo no.

Es curioso, ni me di cuenta, ni me eché en falta… o soy una actriz maravillosa o finjo muy bien, o las dos cosas, ya que me he engañado hasta a mi misma.

En el fondo creo te ausentas inconscientemente para no morir y sobre todo porque el dolor se hace insoportable.

La gran “C” me ha traído de vuelta.
Con un simple y poderoso soplido ha disipado la niebla de la ausencia llenándolo todo de renovada presencia.

Han vuelto los niños, mí marido, mí mundo… Yo.

Y ella.

Ana también está de nuevo aquí, junto a nosotros, más viva y maravillosa qué nunca, más presente y más real que todo cuanto pueda tocar o mirar.

Como el Ave Fénix, resurjo de las cenizas,  nieblas de la ausencia,  y vuelvo a la vida gritando presencia por todas mis plumas, comenzando el vuelo, de vuelta al inicio, llenita de amor, cubierta de paz.

Soy Escorpión, no digo más… jjj.

LA PRÁCTICA

Estos días postgotero están siendo duros,  lo cual me permite aprovechar y profundizar en mi práctica de la meditación.

En ella me dirijo a la PRESENCIA.

Sé cómo llegar, pero no puedo conducirte a ella.

El camino es vuestro.

Me siento en meditación.

Observo mi cuerpo que no soy yo.

Observo mi respiración que no soy yo.

Observo mis pensamientos que no soy yo.

Observo mis emociones que no soy yo.

Observo el espacio infinito de mi conciencia que no soy yo.

Observo a quien observa, observo al Testigo.

Me fundó con él, en presencia pura y no hay dicha mayor.

NAMASTE

Día 58
Día 60
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