LA SOPORTABLE LEVEDAD DEL “C”

Parafraseando a kundera y a su maravillosa novela cuya lectura recomiendo, elijo “levedad” como animal de compañía… Jejeje.

La palabra “levedad” ya de por sí me gusta.

Me evoca…

Un agradable paseo caminando sobre la superficie de un precioso lago, a unos 3 centímetros del agua, sin rozarla apenas, en suave caricia.
Alguno hubo que me precedió en el truco.

Un sueño repetido y deseado, mi preferido… Yo volando ajena a la ley de la gravedad de la madre Laya, la tierra, cordón umbilical plateado que nos une a su útero, mientras aquí vivimos y que se romperá el día en que partamos hacia nuevos y soñados espacios.

La sensación de volar soñando es única e indescriptible, sólo puede saber de lo que hablo alguien que lo haya experimentado antes.
Como diría aquél, en dos palabras: Im- presionante… Jjjj.

Una pluma flotando en el aire, unas blancas alas, una esponjosa nube, Juan Salvador planeando, un momento fugaz, un suspiro, el SER.

Eso es para mí, “levedad”.

Retomo…

Todos lo efectos secundarios, sigo pensando que son primarios porque es lo primero que noto todos los días cuando abro los ojos, están siendo leves.

Vómitos, mareos, náuseas, cansancio, dolor muscular, jaqueca, sensación de calor, de frío interno (éste anda conmigo a todas horas), una pelota de tenis atascada en mi esófago, inapetencia, una caja de cartón en la cabeza, mucha sed (mira que yo soy de trago largo)… Y alguno más que no recuerdo ahora… ¡todos levessss!.

Pienso… Si será por comparación.

Mirando hacia atrás, recuerdo lo que han sido estos dos últimos meses…

La noticia: “tienes cáncer, prepárate con todo lo que se te viene encima”… Es lo que vino a decir el médico, en sutil amenaza, aunque no creo que esa fuera su intención.
Un impacto difícil de explicar y de tragar, del tipo bomba atómica.

El doloroso y largo postoperatorio cargado de analgesia y medicación.

Una gripe con fiebre que me dejó tumbada más de 15 días.

La inesperada y misteriosa infección en el codo, pieza de un puzzle que no parece el mío.

El molesto y muy, muy, muy desagradable reservorio.

Con todo ello, ahora lo que me trae la al-quimio, me resulta leve, la verdad.

No sé sí es mí carácter, mí optimismo natural, mis recién estrenadas ganas de volver a la vida, que de zombi ya no me disfrazo más, o mi maravilloso cuerpo, templo de mi alma errante, que siempre ha estado sano y bien dispuesto, la ilusión de seguir escribiendo, narrando, contando, compartiendo…

Se me olvidaba que sólo llevo un gotero y me quedan 6 largos meses por delante.

Bueno, que da igual, que aquí y ahora, todo es leve y es ¡cojonudo!…

A los de arriba, a la brigada de ángeles… Que gracias, que ok, y que siga así… JAJAJA.

LA PRÁCTICA

Dos tipos de posturas me hacen sentir la levedad, los triángulos y los equilibrios, ambas se complementan y se preparan las unas a las otras, incluso una maravillosa mezcla, da como resultado el triangulo en equilibrio.
Así que elige, practica y después medita.

Durante mis meditaciones, en la posición sentada, a menudo he llegado a experimentar la levedad en mis manos, tanto que parecían despegarse de los muslos y flotar en el aire.

Es posible que así haya ocurrido.

Muy parecido a lo que cuentan de los legendarios yoguis, que en su postura de el loto, flotan levitando sobre el suelo.

Que yo a eso no he llegado ¡Eh! pero quién sabe… Si no es en esta vida, quizá en la próxima…

Me encontráis en “modo drone” sobrevolando cabezas… Jejeje.

NAMASTE

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