UNA MIRADA  ATRÁS…

Con la misma insistencia que defiendo la necesidad de aprender a vivir en el presente, hoy reivindico mi pasado y con él a todos mis maestros.

Hayamos llegado hasta aquí en Ave, en Transiberiano, en Canfranero o en un tren chuchu (cada uno elige su forma de viajar) somos la suma de todas las experiencias vividas durante este maravilloso y sorprendente viaje.

Hemos compartido asiento con otros viajeros que han ido subiendo y bajando de nuestro tren, conocido ciudades y paisajes nuevos, saboreado ricos sándwiches en el vagón bar,  atravesado tormentas y placidos días de sol. Experiencias que han ido conformando y moldeando lo que somos.

Echando una mirada atrás, con reverencia, orgullo, respeto y humilde reconocimiento hoy voy a hablaros de mis maestros.

Mas allá del arquetipo de amable viejecito de barba blanca (Gandalf para la compañía del anillo, Merlín para los arturianos) existen muchas clases de Maestros.

Están los llamados “UPagurus”, que aparecen en cualquier esquina y adoptan cualquier forma… un libro que cae por casualidad en tus manos, unas palabras del taxista que te trajo a casa, una mirada cómplice que lo dice todo, un sueño recordado a tiempo, las lágrimas del “próximo” que es el más cercano de los prójimos, las barbas del vecino vistas quemar, los amarillos de Albert Espinosa  (“El mundo amarillo” un libro muy recomendable)

A menudo no hay que irse muy lejos para encontrar auténticos maestros, gurús, ejemplos de vida que nos hacen detenernos, reflexionar y con suerte “Despertar”.

Lo difícil es saber reconocerlos.

Echo una mirada nostálgica al pasado y sonriendo recuerdo…

A mi profe del cole, la de historia del arte, Pilar…

Me llamo el otro día.

Sigue mi blog y me dijo unas palabras que me calaron hondo… Dijo, me siento orgullosa de ti, Cristina, te admiro… Ya en el cole cuando murió tu madre y ahora al leerte cada día.

Me sentí sinceramente  honrrada y alagada… ¡Que alguien a quien admiras, te admire!… Ella me enseñó, además de otras muchas cosas, a amar el arte y la historia.
Dicen que los pueblos que olvidan la suya están condenados a repetirla…

Por eso gracias Pilar, pero el orgullo, la admiración y el placer han sido míos.

Pasaron los años… A los 24, andaba yo perdida por la vida, cuando sentí la “llamada”… Si, si, tal cual, como las religiosas, supe que tenía que seguir esa Voz que moraba en mi interior y que de pronto escuchaba con toda claridad.

Pero ¿hacia dónde voy?… Pregunté, y los de arriba me enviaron el Yoga.

Mi primer profesor en este nuevo camino que se abría ante mí, Manuel, uno de los mejores de España, (ya entonces lo era, pionero y cimiento de lo que hoy conocemos) me dio sobre todo solidez, esmerada técnica, firmeza, fortaleza y una férrea  voluntad.

Sin todo ello hoy no sería lo que soy… Por eso y de corazón, Gracias.

Años después una nueva profe, Conchita, me tomo de su mano y me dijo, ven conmigo a viajar por las profundidades de esta joya preciosa que es el yoga y disfruta aprendiendo más…

Estudié la carrera y cuatro años después me dio el título que hoy cuelga discreto en una pared de mi escuela.
Fue para mi el mejor ejemplo a seguir, trabajadora incansable, amiga, guía comprensiva, abierta y cariñosa… Por todo y de corazon, Gracias.

De los maestros que vinieron después, os hablaré otro día.

Yo acabe dedicándome a dar clases.
Fue mi primera vocación, quizá por eso bendigo, venero y honrro desde lo más profundo de mi ser a todos los  maestros que me precedieron en la enseñanza.

LA PRÁCTICA

1. De pie, cierra los ojos y respira profundo.
Conéctate con la tierra que te sostiene y con el cielo que te protege.

2. Inspira elevando los brazos por delante, palmas mirando al cielo. Arriba, sobre tu cabeza, junta el dorso de manos y espira bajando brazos lateralmente, palmas mirando a la tierra.
Varias veces.

Añade ahora a ese movimiento… Al inspirar elevate de puntillas y al espirar baja talones al suelo y flexión ligera de rodillas.
Hazlo tuyo.
Fluye.
De 10 a 15 veces.

3. El saludo al sol. De 3 a 5 respiraciones en cada una de las asanas que lo componen.
Puedes repetirlo varias veces.

4. Relaja en savasana.

5. Siéntate en meditación.

Bendice tu cuerpo visitando todos sus rincones.

Bendice tu respiración, el regalo de la vida en ti manifestada.

Conecta tu corazón (cuarto centro) con el espacio de la consciencia (sexto centro).
Inspirando asciende al sexto, espirando desciende al cuarto, varias veces.

Frente a tus ojos cerrados imagina una hermosa pradera, una suave colina, un templo sobre ella. Recréalo a tu gusto.
Camina hacia él. Entra.

En su interior te esperan tus maestros, de éste y de otros planos, de tiempos inmemoriales.

En sus ojos se refleja la sabiduría de todas las edades.

Pasado, presente y futuro en una misma luz que lo envuelve todo de claridad y gratitud.
Comparte con ellos este instante…

Vuelve y reposa ahora en el “Testigo” que lo observa todo.

Mora en el Maestro de maestros.

NAMASTE

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