LA TEORÍA DEL CAOS

Me encanta el nombre de esta teoría, pero a pesar de que Guillaume, el marido de mi prima Ana, una de las personas más inteligentes que conozco (Ana también jjj) y con el que me encanta conversar, ha intentado explicarmela en diversas ocasiones, no consigo entenderla, si bien, no por ello cesaré en el intento, que menuda soy yo.

Siendo práctica y aplicándomela, concluyo que es un buen título para la obra de teatro de mi vida.

Cuando ya teníamos todo en orden y el calendario establecido aparece de nuevo el caos y su teoría.
Alguien agita el cubo con los dados dentro, los tira sobre el tapete y la partida comienza de nuevo.
Una mariposa mueve sus alas y quien sabe lo que puede ocurrir al otro lado del universo…

El lunes me levanté con el codo derecho inflamado y un dolor intenso, continuo y persistente.

Cómo era el día en el que me ponían el reservorio, le quité importancia y me fui para la clínica.

Luego vuelvo al codo, porque ahora tengo que contaros la experiencia del famoso botoncito de 007-Cris Boom, agente secreto.

Mi amigo y peluquero Carlos, «peluamigo» para los idem, me dio otro simil divertido para el aparatito, dice que es como el inflador de una colchoneta de playa, puedes inflar cualquier parte de tu cuerpo o desinflarla a tu antojo… jejeje. Poneros a imaginar la infinidad de posibilidades… Casi me muero de risa.

A lo que iba… el reservorio.

Comentario de alguno… «no te preocupes, no es nada»… ¡Qué no es nada! Una M……da, quien diga eso, que se lo ponga.

Existe una leyenda urbana que corre por un hospital de Zaragoza sobre un famoso hematólogo que hizo pasar a todos sus adjuntos por una punción de médula, para que supieran lo que se siente.
Recuerdo que a mi hija Ana le hicieron más de cuatro, cinco o seis… Ya ni me acuerdo, a nosotras nos parecieron infinitas.

En todas le prometí convencer a los médicos para que le pusieran anestesia… Cuantas promesas incumplidas ¡qué horror!

Lo intenté con todas mis fuerzas pero no conseguí convencer a ninguno.

Ella describía la punción como la sensación de extraerle una parte del alma… de vida. Lagrimones de dolor se le escapaban y me apretaba la mano con tanta fuerza… pero esto es otra historia.

Lo de mi botoncito, por supuesto, nada que ver con una punción.

Me pusieron anestesia local, si bien la sensación desagradable no te la quita nadie.

Te manipulan en una zona muy sensible, el cuello, llena de terminaciones nerviosas y que se siente muy cerca.

Te abren y te pinchan la vena, notas tirones, apretones, como recogen la sangre que se escurre, te vuelven a abrir un poco más abajo para conectar la entrada por donde infundiran los goteros… en fin, para que seguir.

Como estaba despierta mantuve una amena conversación con el doctor y su equipo… Necesitaba distraerme.

Experimenté una especie de desdoblamiento de personalidad… Por un lado la entretenida charla, por otro, mi pobre cuello y clavícula manipulados a discreción.

También senti «Presencias» en el quirófano.  Pensareis que estoy loca pero alguien me susurro palabras al oido que no entendí y todos los allí presentes aseguraron que ellos no habían sido… Así que no cabe otra… Fue mi brigada de ángeles… jejeje.

Conclusiones… 24 horas chungas, hoy ya estoy mejor, mañana ni lo notaré.

Gracias a Dios estamos diseñados para olvidar facilmente las malas experiencias o al menos yo lo estoy.

Mas vale acostumbrarme al aparatito, porque creo que te lo dejan puesto un tiempo después de la quimioterapia…  Dicen: «Por si acaso»… Yo no he preguntado por si acaso… ¿Por si acaso qué?… jjj.

Al terminar le consulté al doctor si podré realizar mis asanas de yoga… Sin ningún problema, me contestó… Creo que no entiende mucho de yoga, porque insistió: vida normal, vida normal.

Como en el chiste… doctor, doctor ¿después de la operación podré tocar el piano?… Si claro, responde el médico… ¡Que bien! porque me encantaría aprender… jajaja. (que malo).

Esto lo lanzo al hiperespacio cibernético exterior por sí alguien sabe si con el reservorio se pueden practicar posiciones invertidas, sobre la cabeza, rotaciones de cuello, pez, bastón, harado, etcétera.

Pero estábamos hablando de mi codo…
Cuando volví del hospital me di cuenta de que el dolor persistía y aumentaba y decidí llamar a mi Guaponcólogo y menos mal, por que si hay una infección y me ponen la quimio, el sistema inmune se deprime ( como yo… jejeje ) y la infección se puede complicar.

Así que me derivó al traumatólogo que tiene el mismo apellido que yo, porque es  mi hermano… jjjj.

Fui a verlo y me dijo que era una bursitis, una infección en la articulación del codo. Habló con el oncólogo y decidieron posponer la primera infusión de quimioterapia para el miércoles que viene.

En realidad me propuso el martes y cuando lo estaba apuntando en la agenda, me dijo: martes 13…  ¡Uy Uy Uy!… horror, ni hablar, ya sabéis, martes trece ni te cases ni te embarques y que conste que no soy supersticiosa, pero un martes 13 de hace seis años murió mi niña… un escalofrío recorrió mi cuerpo y creo que el del médico también y lo dejamos para el miércoles 14… ¡tan ricamente!

Mi socia y amiga Satmandir, la mejor profesora de Kundalini yoga de Zaragoza y de parte del extranjero… jejeje, me hizo un comentario curioso cuando le expliqué lo que me había pasado, dijo: has estado toda la vida tan sana que ahora te viene todo junto. Puede que tenga razón.

Otra pieza del puzzle sin encajar.

Siguiendo con los buenos comentarios, mi amiga Marta que es muy graciosa, dice que la bursitis de codo es la enfermedad de las mujeres que se dedican al servicio doméstico ( ¡madre! qué antiguo suena eso… jejeje) y esto va con segundas, porque yo soy una «super limpiona», me persigue la fama de maniática de la limpieza y os aseguro que es verdad… Me encanta limpiar ¡qué le voy a hacer!.
Saucha y Santosha, limpieza y contento, dos principios yoguicos que me encajan a la perfección.

 

LA PRÁCTICA

 

Para poder encajar las piezas del puzzle en la teoría del caos que es mi vida, es necesario sobrevolar un poco y ver el paisaje en perspectiva, desde arriba, subiéndome a la copa del árbol más alto que encuentre.

Con el codo» embursitado» (no creo que exista la palabrita), los antibióticos y la necesidad de no posponer más el primer gotero, el ejercicio de hoy tiene que ser moderado, asi que voy a dedicar la práctica a la meditación.

Adopta la postura… la tuya, la buena, la mejor.

Estable, firme y sobre todo cómodo, sthira sukham, recorre mentalmente todo tu cuerpo.

Visita con cariño tus pies, pantorrillas, rodillas, muslos, toda la columna vertebral, hombros, brazos, manos, asciende y siente tu cuello, tu cabeza, la expresión de tu rostro relajada y serena, una suave sonrisa se dibuja.

Observa tu respiración, calmada, natural y expontanea… el aire entra, el aire sale, entra, sale…

Observa el espacio que tienes frente a los ojos cerrados.

Como abriendo una ventana mira el hermoso paisaje que se extiende ante ti.

Estás en un camino rodeado de campos, mires donde mires solo puedes ver hasta la línea del horizonte.

Junto a ti hay un árbol alto, longevo y sabio, que amoroso te ofrece una de sus ramas para elevarte a su copa, te deposita en ella con el fin de que mires de nuevo el paisaje que te rodea.

Desde allí puedes verlo todo con una prespectiva mucho más amplia.

Puedes observar mucho más allá de la línea del horizonte, comprender de otro modo tu vida, tu existencia entera. Todos los acontecimientos que han ido ocurriendo, ocurren y ocurrirán forman un nuevo dibujo. Las piezas del puzzle encajan, una mariposa aletea y el caos adquiere su sentido…

La confianza y la esperanza, como dos buenas amigas, vienen de la mano y se instalan para morar en tu corazón.

Me disuelvo en el silencio, en la nada… en la «nada» más llena que se pueda experimentar… una «nada» completa y eterna, que no es posible explicar con palabras.

Namasté.

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