Ayer fue un día chungo, chungo.

Sin motivo aparente me levanté triste, con ganas de llorar por nada, viendo el vaso medio vacío, deseando volver a meterme en la cama y no salir de allí.

Le vi la sombra a la depresión.

Luego resultó que por la noche pusieron un programa en la tele sobre el tema, lo que son las cosas… casualidad/causalidad, vaya usted a saber.

Lo de la depre parecía más cosa de la bioquímica de mi cerebro que de mi circunstancia, pero aún así asusta y da miedo.

La tristeza se maneja, pero la depresión no.

Mi marido, que también anda depre, me dijo que después de estos últimos años ya no nos podía pasar nada peor, que ya lo hemos perdido todo y que si nos poníamos así los dos, íbamos directos al naufragio…

Así que toca poner un poquito de nuestra parte.

Qué pereza! pero no hay otra, o salgo yo solita de aquí o no me saca nadie.

Bueno si… mi hija.

De pronto me he acordado de los días en el hospital… duros, tristes, devastadores.

Yo me ponía la mejor de mis sonrisas antes de pisar el área de trasplantes del Clínic y palante!…

Pero muchos días resultaba completamente inútil.

Ana que por carácter nunca se rendía, comenzó a deprimirse.

La quimioterapia brutal que le metieron para acabar con su médula antes de poder sustituirla por la nueva acabó también con todo lo demás, afectando a su cerebro donde un buen día detectaron una “sombra”…

La atacaron con un regimiento de antibióticos, pero entre tanto Ana sólo hablaba de tirar la toalla, abandonar y morir.

De todo lo que viví  aquellos días, esa depresión traidora devorando a mi niña, me dejó indefensa, sin recursos, sin armas, aterrorizada.

La voluntariosa y joven psiquiatra del mes de agosto no pudo ni supo hacer mucho.

Yo menos…

La situación imposible de manejar me destrozaba el alma…

 

Sino tienes ganas de vivir es muy difícil superar un trasplante y Ana las estaba perdiendo, sin poder siquiera escuchar mis desesperadas súplicas.

Ahora, en mis horas bajas, parece que es ella la que me susurra las mismas palabras que yo le decía entonces…

No te rindas mi amor, no desfallezcas, yo estoy a tu lado, apóyate en mí, nunca te abandonaré, lucha, tienes una maravillosa vida que te espera, vívela, te mereces ser feliz…

Gracias a dios en unos días se fue recuperando y la sombra del cerebro desapareció.

Volvió a ser la luchadora valiente que conocía y entonces una tarde me escribió una carta preciosa que uno de estos días compartiré con vosotros.

Entre tanto obedeciendo órdenes de Anita  tiró parriba!… sonrió y a vivir que son dos días!… o masssss.

LA PRÁCTICA

REÍR!!!!!

En clase con mis alumnos lo hago a menudo.

En mitad de una difícil postura suelto una gracia, se caen y se mueren de risa… Que más da la postura si estaban sufriendo en ella para mantenerla… reír resulta mucho más productivo y sanador.

Otras veces hacemos sonidos y movimientos locos y acabamos estallando en carcajadas hilarantes.

Ayuda mucho el hecho de que tengo una risa super contagiosa… JAJAJA.

Les cuento un chiste cuando menos se lo esperan o suelto una ocurrencia absurda que les desarma.

Reímos con la je, ji, jo, ju… para acabar con una sonora cascada de JAS!!!!

Hoy me aplico el cuento, que sólo con recordarlo y escribirlo ya se alegra el alma.

NAMASTE.

 

Día 36
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