OTRA DE CIEGOS

Dice nuestro rico refranero… “no hay más ciego que el que no quiere ver”.

¡Correcto!

Varias de las personas que han leído mi blog me han escrito un curioso comentario en el que coinciden todas ellas… “me gusta mucho, pero no puedo seguir leyéndote porque me emociono y me haces llorar”.

Ok, no pasa nada, lo comprendo, quién querría sufrir gratuitamente… ¿no es de locos?

Pero me ha dado por pensar.

¿Quiénes somos los locos?

La sociedad, nuestra cultura, la forma que  tenemos de ver la vida… ¿no será un poquito “flower power”?

En tiempos, un señor con la barba muy blanca, rizada y bien poblada, que pensaba barbaridad horrores (como decimos en Aragón) y que a lo tonto modorro vino a cambiar el rumbo del pensamiento occidental, un tal Carlos Marx, filósofo, comunista, prusiano, de origen judío (lo tenía todo el muchacho) nos contó que la sociedad tenía un opio, una droga que mantenía a las masas dormidas y perfectamente manejables, dirigibles… El dijo que ese opio era la religión…

Ya se que ahora todos me “suman”, y que, como en el cuento del elefante, la verdad está a cachitos en todas partes… pero en esto, precisamente en esto, Carlitos, no te daré la razón.

La gallina ciega. Francisco de Goya

 

Podríamos hablar largo y tendido sobre el tema, por demás interesante, pero la religión para mí, no es ningún opio.

La droga que mantiene a la gente dormida, extraviada, como ausente es otra bien distinta.

Ya me paso con mi hija. 

Durante los 4 años de enfermedad y después tras su muerte, tanto mi marido como yo (lo hemos comentado alguna vez) sentimos algo muy parecido al “Aislamiento Social”.

Y os aseguro que no es por falta de amigos y buenos, ni de familia y buena. Nada de eso.

Tampoco te aislas tú, al menos no consciente o voluntariamente.

Solo sucede que lo mismo que a Buda o a Jesús… salvando las distancias naturalmente, el dolor, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte te “Abren los Ojos”.

Fíjate tu que tontada!!!

Tanto pensar, reflexionar, meditar…

Y de pronto, sin preguntarme nada (que ahora ya no me hago preguntas) va y aparece una respuesta… y de las  buenas.

No al “por qué”… sino al “para qué”…

La respuesta era esa… “Para abrirnos los Ojos”.

¿Y que pasa cuando los abres? pues que te percatas de que la mayor parte de la gente que te rodea vive con los ojos cerrados, vendados.

Cuando de pronto ves! es inevitable sentirte aislado.

Una soledad profunda, existencial se apodera de todo. Ni buscada, ni querida, ni odiada… Simplemente esta ahí, aparece.

Tú, en tu isla y el mundo sigue girando.

A nadie le interesa ver, oir, hablar del sufrimiento, de la enfermedad, de la muerte…

Dicen… eso le pasa a los otros, al vecino, eso no va conmigo, a mi no me va a tocar.

Pero “eso” que no queremos ver, está ahí, nos abre los ojos, nos despierta y nos humaniza.

Para nada estoy hablando de quedarte chapoteando tan ricamente en el fango del sufrimiento.

Cuidado con eso!

Ni hablar!

Os está hablando una de las personas más optimistas alegres y divertidas… (jajaja) que conozco… YO.

Hago chistes y risas hasta en los peores momentos. Canto y hago el payaso todo lo que puedo y más… pero siempre con los ojos bien abiertos, que ya no los quiero volver a cerrar, ni cuando me vuelva al cielo con mi Anita.

En el hospital de Barcelona como no había manera de que comiera, me permitían llevarle purés que escrupulosamemte preparaba en el apartamento que alquilamos durante nuestra estancia. Tenía que desinfectar absolutamente todo con extremado cuidado… lejía, vinagre, hirviéndolo…

Un tenedor que tocaba la carne cruda no podía ser el mismo que el que tocaba la hervida, y así con los platos, cazuelas, con todo… creí volverme loca. La responsabilidad de que lo que le das de comer a tu hija podría matarla, envenenarla, pesa como una losa de granito sobre tu pobre joroba.

Pero a ella le gustaba mi puré y yo le hacía un chiste… humor negro por supuesto… le decía ” tómatelo cariño que mamá hace unos purés de muerte”… jjjjj.

Os aseguro que las dos nos moríamos de risa… jjj, nunca mejor dicho, a carcajada limpia, las enfermeras también.

PRÁCTICA

Aunque parezca un despropósito propongo para VER… tapar los ojos.

Vamos a hacer un ejercicio muy interesante.

Consiste en taparte los ojos con una cinta o antifaz.

A ciegas…

Situate en un espacio libre de objetos o muebles alrededor.

Eleva un pie del suelo, a la pata coja, y mantente unos 20 0 30 segundos. Cuéntalos mentalmente.

Luego cambia de pie y así sucesivamente durante unos  minutos.

Si quieres, empieza con menos tiempo y ve añadiendo según veas ( a no… que no ves jjjjj).

No vas a caerte, sólo tienes que echar el pie al suelo, respirar profundo y volver a intentarlo.

Mejor no explicar mucho más. Muévete con libertad buscando tu equilibrio interior. Por ahí, en algún sitio, anda esperándote.

Experimenta.

Luego puedes practicar una postura de equilibrio con los ojos abierto, el árbol o cualquier otra que te guste.

Escuchate, aprende y mira.

Feliz PRÁCTICA.

NAMASTE.

Día 28
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