Carta a una desconocida

Casi casi como el título de la novela de Stéfan Zweig, que conozco, admiro y recomiendo. Una maravillosa historia de amor.

 

Pero lo prometido es deuda y no me enrollo.

 

Solo vuelvo a publicar aquí la carta de agradecimiento a la donante anónima que intentó salvar la vida de mi hija.

 

Va por ella y por todos los donantes del mundo…

 

GRACIAS.

 

Domingo 15 de mayo de 2011.

La transcribo íntegramente.

“Solo sabré de ti que resides en una localidad alemana y que con solo 21 años, una mañana te levantaste y decidiste donar tu médula para salvar la vida de alguien, en algún lugar del mundo y ese alguien resultó ser mi hija.

No puedo imaginar un acto más noble, altruista y desinteresado. Nunca podré pronunciar tu nombre pero sé cómo te llamas: “Generosidad”. Pensaba que las jóvenes de hoy eran egoístas y sin valores, pero tú no dudaste ni un solo momento en someterte a una intervención quirúrgica para ayudar a una desconocida.

 

Cómo me gustaría encontrarte, mirarte a los ojos y regalarte mi mejor sonrisa. Pero como eso va a resultar harto improbable redacto estas líneas por tres poderosas razones:

 

La primera, con la esperanza de llegar de alguna manera a ti y a tu corazón y decirte GRACIAS.

 

La segunda, con la intención de ser el altavoz de todos los receptores de médula del mundo y de sus familias y hacer llegar a todos los donantes, estén donde estén y sean quiénes sean, este sentimiento de gratitud infinita.

 

La tercera y quizá la más importante, con el anhelo de que mañana alguien se acerque a su centro de salud para pedir información sobre cómo hacerse donante de médula. España está a la cabeza en donaciones de órganos y de sangre pero no de médula ósea.

Creo que es por simple desconocimiento.

Tú puedes ser donante de médula y podrás salvar la vida de una niña como la de mi hija.

Termino recordando las palabras del otro día, en una entrevista radiofónica, de un ser humano con mayúsculas, el doctor Valentín Fuster.

No puedo citarlas textualmente, solo me quedaron grabadas en el alma, pero vino a decir que la persona verdaderamente feliz es aquella que sirve a su prójimo y a la sociedad en la que vive.

Me pareció fascinante esa idea de unir felicidad y servicio…

 

Así que te invito a que hoy seas FELIZ.

 

En ese mismo verano de 2011 tuvimos que volver a pedirle una segunda donación de médula, a la que generosamente accedió…

Lamentablemente llegó tarde.

Anita ya estaba demasiado débil, y su alma cansada de sufrir decidió partir.

Había remontado demasiadas infecciones, complicaciones, decepciones… y ya no pudo más.

 

Su Alma radiante vela por nosotros de aquí a la eternidad.

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