Los “Y si…”

 

Mi gran amigo Andrés que ahora se debate en la UCI de un hospital entre la vida y la muerte… mejor dicho entre esta vida y la otra, que está ahí, en la habitación de al lado.

Andrés que ha estado conmigo cuidándome y cuidando de mi abuela, mis hijos, mi marido.

El verdadero médico de familia… de verdad, de los de antes.

Con VOCACIÓN.

Con el corazón más grande que conozco.

De los que quedan pocos.

En cuanto se enteró de mi C… corrió a mi lado, a ofrecerse para todo.

Me dijo, Cristina consulta a un solo médico, escúchame bien… solo uno… porque como dice el dicho: “uno cura, dos dudan, tres muerte segura”.

Sus palabras me han recordado a mi hija Anita.

Todas las enfermedades son malas pero las desconocidas o “raras” te vuelven loca.

Teníamos que movernos, consultar, pedir segundas opiniones, encontrarle nombre y apellido a esa extraña dolencia en su sangre.

Así que me moví. Creo que en estado de shock permanente.

Con un miedo aterrador a meter la pata, a no acertar.

Contacté incluso con Valentín Fuster, uno de los cardiólogos más importantes del mundo.

Se portó maravillosamente con nosotros, sin conocernos de nada (otro de los buenos de vocación) nos puso en contacto con los mejores hematólogos de Estados Unidos. Mandé todas las pruebas, todo el expediente traducido… nadie podía hacer nada, no sabían lo que era, no merecía la pena ni siquiera ir hasta allí porque no había nada que hacer.

Unos dijeron de extirpar el bazo, otros que lo urgente y necesario era un trasplante de médula.

Le dimos muchas vueltas, os lo aseguro…

Y si… solo con quitarle el bazo se arregla todo.

Es una operación sencilla, hay muchos deportistas, muchas personas en el mundo que viven sin bazo.

Y si… optamos por el trasplante de médula.

Pero, si previamente le han quitado el bazo sus posibilidades de supervivencia son menores.

Y si, y si, y si…

Ella estaba harta de transfusiones de sangre semanales, una tras otra durante más de dos años.

A veces la sangre (gracias a los donantes por salvar vidas) le sentaba bien, pero otras fatal. Soportó hasta que ya no le quedaban venas que pinchar.

Al final, decidió que quería jugarse toda la partida a una sola carta… El trasplante. Ni su padre,ni su hermano, ni yo éramos compatibles, así que nos pusieron en una lista de espera, donde uno, claro, desespera.

Al cabo de unos meses apareció una donante alemana, joven, 21 añitos, que voluntariamente donaba para salvar la vida de mi hija.

Tuvo que hacerlo dos veces porque el primer trasplante no funcionó.

Le escribí una carta de agradecimiento y la publiqué en algunos medios con la esperanza de que de alguna forma le llegaría.

El anonimato en estos casos es sagrado.

La incluiré más adelante en agradecimiento a ella y a todos los donantes del mundo.

Por fin he comprendido que los “y sis”… cargados de incertidumbre, miedo, culpa, no sirven para nada.

Abren la herida una y otra vez haciéndola sangrar más y más…

Así que se acabaron. Ocurrió lo que ocurrió en el gran puzzle de mi vida y  acabaré  encontrándole sentido, lo sé.

La práctica

Practicar la donación de sangre, de médula, de órganos es siempre una buena idea.

Yo ya no puedo, me lo han confirmado.

Pero hoy quiero donar lo que tengo… mi tiempo… lo usaré para orar por mi querido Andrés, que como todos, y hoy más que nunca, está en manos de Dios.

Va por ANDRÉS.

Te quiero Amigo.

 

 

Día 22
Día 24
¿Te ha gustado mi día? Compártelo