Aoum, la sílaba sagrada

“Y  en el principio fue el verbo …”, así dice la Biblia.

El Big Bang, dijeron los científicos, es el origen del universo. Una gran explosión que originó infinitos planetas y galaxias que hoy  todavía se están expandiendo…

BUM!!!!

En India cantan OUM y se conectan con Dios, la vibración del sonido traspasa los límites del cuerpo y te lleva de su mano a fundirte con todo lo creado, que es el creador mismo.

Como los monjes en los monasterios con los deliciosos cánticos gregorianos.

BUM!!!!!

AOUM!!!!!

KYRIE ELEISON!!!

Pequeños matices que hablan de los mismo…

El poder de la música, el sonido, su vibración… Otro gran misterio a descubrir en este mundo mágico.

Afecta a las plantas, a las personas de cualquier edad, a los bebés en el útero materno, a la madre tarareando  y al niño en su cunita, al anciano en sus recuerdos, al joven en un concierto donde los espíritus de cientos se convierten en UNO, en el Liceo  escuchando la Bohème, sintiendo como las lágrimas recorren mis mejillas…

Así es la música, misteriosa y transformadora…

Cuando mi hija murió, el tiempo se detuvo y comencé a vivir en un universo paralelo, diferente y alejado de todo lo que me rodeaba.

Como si fuera un fantasma, deambulaba por la tierra.

No existe palabra para definir al padre/madre que pierde un hijo.

Si pierdes a tu marido eres viuda.

Si pierdes a tu padre eres huérfano.

Yo le puse palabra a perder a mi hija… “zombi”… muerta viviente.

Porque cuando un hijo muere… algo en ti muere también, en sentido literal.

Entras en un túnel oscuro donde estás absolutamente solo. No importa que tu marido ande por la casa o que tu hijo venga cada día a comer contigo. Pobrecito Jorge, cómo intentaba acompañarme y ayudarme.

Te quiero hijo, gracias a ti y a Rosita hoy estoy aquí.

Mis amigas me decían: estás muy triste, tienes que ir al psiquiatra, te ayudará… y lo hice, le conté lo que me pasaba, me recetó unas pastillas.

Al mes regresé. Seguía absolutamente igual, las pastillas no habían hecho nada, podía tomármelas o no, daba igual.

El psiquiatra, que era un ser encantador con muchísima experiencia a sus espaldas, me dio el alta, me pidió mi tarjeta de profesora de yoga por si podía recomendar a alguno de sus pacientes y venir a mis clases, (le debí gustar… jejeje) y me dijo que me diera tiempo…

Tenía razón, el tiempo es un gran aliado en estos casos.

Y fíjate tú cómo son las cosas… aparece mi amiga Cheles (un besito grandote para ti querida mía ) y me lleva con ella a recibir clases de canto con una maravillosa soprano ucraniana (desde mi humilde opinión, la mejor del mundo)… Olena.

Las clases obraron un milagro en mí.   

Fueron la mejor de las terapias… ni pastillas, ni gaitas.

Estaba acostumbrada a escuchar ópera en casa.

Mi padre, melómano empedernido, la ponía a todas horas, sobre todo desde que mamá murió. Ahora comprendo que para él, la música también fue un bálsamo sanador.

No creáis que cantabamos bien… jjjj.

Pero da igual, puedes aprender, mejorar y disfrutar con la ópera o con cualquier otro tipo de música.

Llega un momento en el que el sonido parece no salir de tu garganta, ni de los espacios resonadores del cuerpo,  sale sencillamente  del alma, llevándote con ella  hasta otra dimensión.

Te invito a probarlo, especialmente si estás pasando por un mal momento.

Pero llama  a Olena… jjjjj… no sólo es la mejor cantante, también es la mejor maestra.

Opino que la experiencia es  muy similar a la que tengo cuando canto en meditación el  “OM”.

Distintos matices, la misma cosa.

Toda esta historia me llevó a participar en un maravilloso musical en homenaje a Mamma Mia!

La idea no fue nuestra, fue de mi hija Ana.

Una tarde en el Hospital de Barcelona vimos la película Mamma Mia!  en la tele y las dos acabamos llorando  abrazadas. Me hizo prometerle que algún día, Chispa, Begoña y yo… las ‘Dinamo’, tres amigas locatis que siempre andábamos cantando por ahí,  interpretariamos para ella ‘Dancing Queen’.

Le prometí hacerlo en la fiesta que  organizaríamos para celebrar su curación.  Esto último no ocurrió… o sí… porque vive sana y feliz en el cielo.

El caso es que lo hable con Olena y, aunque me dijo que era un musical complicado de montar, si conseguíamos las voces suficientes podíamos intentarlo. Y no solo lo intentamos sino que lo hicimos realidad y triunfo… jjjjj.

Hemos estado un año cantando por colegios y parroquias dedicando el dinero recaudado a ONGs. Disfrutando como locos de la música y del espectáculo.

Ha sido una de las experiencias más maravillosas de mi vida.

Gracias a todos mis compis del musical siempre tendréis un lugar en mi corazón.

Como dice la canción: “gracias por dejarme cantar canciones…”

LA PRÁCTICA

  1. Siéntate cómodo. Cierra los ojos. Conéctate con tu cuerpo.
  2. Sitúa la espalda recta y erguida, pero muy cómoda. Observa tus pies, la posición que adoptan, el contacto con la tierra, tus pantorrillas, rodilla,  muslos, el asiento sobre el que te encuentras, la espalda, los hombros, los brazos, las manos en contacto con los muslos, los muslos en contacto con las  manos.
  3. Relaja los hombros, siente tu cuello, tu cabeza, tu rostro sereno, con una suave sonrisa dibujada en él. Observa ahora tu respiración natural y espontánea… el aire entra, el aire sale, entra, sale… Siente la calma instalarse en ti.
  4. Amplía ahora tu respiracion… inspira profundo, exhala profundo. Hazlo cómodamente, sin forzar, y disponte a cantar el AOUM.

(Dicen los yoguis que la A simboliza el consciente, la O el subconsciente, la U el inconsciente, el AOUM completo… la experiencia profunda del SER).

  1. Inspira y mientras exhalas canta, canta, canta …Hazlo durante el tiempo que desees. Después observa la magia del silencio. Puede que descubras algo maravilloso en él.

Om (también Aoum) es uno de los más sagrados de los mantras del hinduismo

NOTAS sobre la práctica.

Ya dijimos el otro día que la postura, sea la de meditación o cualquier otro tipo de Asana, debe ser firme y estable pero sobre todo cómoda. Así que por favor no te sientes en una posición que no te permita disfrutar de la experiencia meditativa.

Escoge una silla, un sillón, un taburete, un banquito de madera o tu cojín favorito. Solo asegúrate de que tu espalda esté recta  y de que te sientes muy, muy cómoda.

Lo mismo es aplicable para el canto del “OM” o de cualquier otro mantra.

No fuerces, no quieras hacerlo muy largo, ni muy alto, ni muy bajo, ni muy bonito… no se trata de eso.

Cántalo como te salga, a tu manera, déjate en paz, no te exijas, no controles. Simplemente fluye, siéntete libre y disfruta.

Deja que salga del alma.

Deja que nazca en el corazón.

Es Dios a través de ti quien habla.

 

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