IGUAL, IGUAL…

Igual, igual que Nuria… jajaja.

Veréis, esto que hoy os cuento es una especie de divertida paradoja.

Las dos caras de la moneda.

El yin y el yang.

La noche y el día.

La eterna dualidad.

Pero ¿Quien es Nuria?

Mi prima, mi amiga, mi confidente, mi maestra de filosofía, mi ejemplo de catalana leal a sus principios, defensora de España en el mismo corazón de lo que tristemente hoy se ha convertido en tierra hostil.

Coherente, inteligente, despierta, lucida, valiente y muy, muy pero que muy alta… jijiji.

Testigo y compañera de la enfermedad y la muerte de mi hija.

Compartimos piso en Barcelona durante los seis meses que duro el transplante de médula de Ana.

No sé que hubiera hecho sin ella.

Seguramente enloquecer.

Todas las noches llegábamos agotadas al amplio y luminoso apartamento que habíamos alquilado en el Eixample, no muy lejos del Clínico.

Ella cansada de la Universidad y su tesis magistral, yo devastada por los eternas horas de hospital, dolor y sufrimiento.

Bajo la luna del húmedo verano barcelonés, nos quitábamos los zapatos y las mascaras para apoyar su hombro en mi hombro, nuestros cansados corazones el uno en el otro y compartíamos confidencias, secretos, reflexiones profundas y chistes de lo más tontos.

Comíamos pipas, bebíamos cerveza y caíamos rendidas en la cama.

Reímos, lloramos, abrimos nuestras almas, sin reservas, sin miedos, como hermanas de otros tiempos y de otras vidas.

Esa maravillosa y a la vez terrible experiencia nos unió con un lazo invisible para siempre.

Mi alma y la suya, en un secreto pacto de amistad y de cariño, ya caminan juntas.

En nuestra andadura llena de magia y de sorpresas, hemos atravesado una curiosa y divertida aventura durante los últimos 8 meses.

Pocos días después de que me diagnosticaran el cáncer, Nuria me llamo una tarde por teléfono.

¡Estoy embarazada!, me dijo con una alegria y una felicidad sin limites.

Tengo cáncer, le conteste, muerta de risa.

¡Joder tia! fue su respuesta, avísame para poner el “modo Cristina”… jajajaja

Desde entonces no hemos parado de reír, comparando su proceso con el mio, su embarazo con mi cáncer.

Sorprendidas de como corrían paralelos, similares casi idénticos, salvo en lo fundamental claro.

Los mismos síntomas, idénticos obstáculos, similares escollos.

Nuestras conversaciones, a carcajada limpia, eran:

Estoy cansadísima, yo también.

Duermo fatal, igual yo.

Toda la comida me sienta mal, y a mi.

Todo me sabe y me huele raro.

No tengo apetito, eso me suena.

Me duelen las piernas, no te digo!.

No puedo dar dos pasos, pues yo…

Mis intestinos no quieren funcionar, me lo dices o me lo cuentas.

No me levanto del sofá, ni yo.

Vomito a cada paso, igual, igual… Jajajajaja.

Llorando de risa concluimos que yo también debía estar embarazada y de gemelos como ella, nada menos… jijiji.

Ayer nacieron Cayetana y Octavio, dos preciosidades catalanas y españolas a las que me gustaría conceder todos sus deseos, como las Adas Flora, Fauna y Primavera del cuento de la Bella Durmiente.

Si seguimos con el paralelismo mágico que nos envuelve, ella saldrá del hospital con sus dos bebés el mismo día que yo termino con mi último gotero de quimioterapia… jijiji.

No me digáis que no es divertido.

Las dos con la esperanza de una (ella dos) nueva vida maravillosa entre los brazos.

Las dos rebosando ilusión, buenos deseos, felicidad y amor.
Dispuestas a comernos el mundo.
Ella con sus niños, yo con mi Salud.

No me olvido de Carlos, el padre de las criaturas.

El también compartió con nosotras tardes de hospital, comidas entrañables, tertulias interesantes en las que Anita le escuchaba y le miraba embelesada… mama que majo que es Carlos y que inteligente, me encanta hablar con él, me decía.

Le regaló libros, le habló como a una adulta, de igual a igual, la trató con un cariño de hermano mayor que daba gusto verlos.

Carlos, que es un tio 10, también va a ser el mejor de los padres.
Es maravilloso y muy, muy, muy alto, como mi Nuria… jajaja.

Podéis imaginaros la longitud de esas dos criaturas que ayer aterrizaron en esa extraordinaria familia.

LA PRÁCTICA

Aprender a ver la magia de la vida.

Descubrir el lado bueno de las cosas.

Darle la vuelta a todo y desear un mundo mejor para los que nos sucederán.

NAMASTE

Día 130
Día 132
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