CON «C» DE CUIDAR.

Creo que este tema ya lo toque en su día, pero hoy, llama a la puerta de mi escritorio de nuevo y le abro con gusto…

DE ANA

La nostálgica, su recuerdo y el dolor vienen a visitarme de cuando en cuando, sin que medie invitación ni preaviso.

Se presentan, sin pedir permiso para pasar hasta el fondo y bien adentro.

A ninguno le hago ascos.

Vienen con ella, con mi hija, con Ana.

Hoy lo hacen de la mano de esta bonita palabra.

CUIDAR.

«Dar» tu cronómetro, tu corazón, tu cariño, tu calor, tu compasión, tu consuelo, tu comprensión, tu compañia… jjj, todas con «C».

Eso es cui-dar.

Cuidar de Ana fue un honor, un regalo, un privilegio.

Resultó tan facil como respirar, comer o caminar.

Ella lo hacía sencillo.

Se dejaba querer.

Me dejaba quererla sin limite.

El tiempo pasaba de puntillas por nuestro lado, cuando estábamos juntas, como sin querer molestar, intentando no romper la magia de aquellos momentos únicos.

Casi sin darnos cuenta, las hojas del calendario fueron alfombrando el suelo de nuestra pequeña y oscura habitación, de nuestro reducido e íntimo mundo.

Que viejo y sucio recuerdo aquel hospital vetusto que clamaba al cielo en cada rincón una urgente reforma.

Llegue a llevarme a escondidas una botella de lejia para colaborar en secreto en la asepsia y desinfección de su baño, allí donde el escaso servicio de limpieza no podía ni sabía llegar.

Me llamareis maniática… jjj, os lo consiento.

En mis recuerdos, maquillados por el amor inmenso hacia mi hija, aquellos cinco meses se me antojan minutos.

Hubiera seguido cuidando de ella durante el resto de mi vida.

Quiza sea algo parecido a lo que cuentan los padres de niños con síndrome down y otras, a veces mal llamadas, discapacidades.

Me siento sinceramente honrada y privilegiada por haber sido bendecida y obsequiada con esta forma de Amar, de Dar, de Cuidar.

Ayer pusieron en la tele una pelicula de esas de mucha pena porque la «prota» tiene cáncer y se muere.

Alguien le pregunta por tres cosas a las que tiene miedo y ella responde: «A que mi madre no pueda superar mi pérdida».

Es muy curioso porque en una primera evaluación psiquiátrica que le hicieron a Ana, antes de realizarle el transplante de médula, ella le dijo a la doctora exactamente lo mismo.

Su mayor temor era mi sufrimiento si el transplante no salía bien.

Ante semejante declaración de amor verdadero, todo lo demás palidece, enmudece y deja de tener importancia.

Sus palabras en aquel horrible baño, mientras secaba cada mañana su cuerpo tembloroso y consumido por el dolor… Mama yo cuidaré de ti, yo cuidaré de ti, yo cuidaré ti… Se repiten, resuenan, gritan con fuerza en mi desolado corazón, como el eco doliente de una oscura pesadilla.

Y hoy me pregunto…
¿Quien cuidó y sigue cuidando de quien?

Porque la respuesta es obvia…

En un extraño y sorprendente cambio de papeles, ella se fue convirtiendo poco a poco en la madre y yo en la niña.

Mágica metamorfosis, sanadora y sabia.

DE LOS OTROS

Cuidar de otros ha sido para mi, hasta la fecha, bien distinto.

Hablo de mi padre.

Una persona de 90 años, muy independiente y digamoslo así… Algo peculiar, que nunca se dejo cuidar facilmente.

Revelándose ante la perdida progresiva de capacidades, de tiempo y de vida, hubo momentos en que no nos lo puso nada facil.

Y es que no debe serlo.

Ahi me gustaría verme a mí.

Esta claro que cuidar a algunas personas mayores y a ciertos enfermos no resulta sencillo.

Puede llegar incluso a convertirse en una tarea insoportable, agotadora y enfermiza o enfermante.

Esta comprobado que muchos cuidadores acaban enfermando en igual o mayor medida que el propio enfermo, objeto de sus cuidados.

Y no podemos ni debemos olvidar que en este mundo de pirámide envejecida es muy fácil que la mayoría de nosotros acabemos cuidando o siendo cuidados.

No estaría de más que nos plantearamos como queremos hacerlo, porque hay muchas y diferentes formas de llevar a cabo esa hermosa y necesaria tarea, algunas extraordinarias, otras no tanto.

Confiemos en que la tan traída y llevada sociedad del bienestar repare un poquito más en los olvidado cuidadores, no nos vayamos a quedar sin ellos o lo que es peor, tengamos que soportar la tiranía de un mal pagado y mal llamado cuidador despótico y sin escrúpulos.

DE MÍ

Cuidar de una misma.

Si mi enfermedad tiene algo que ver con algo, no es con los maravillosos años dedicados al cuidado de Ana, que fueron un regalo y una lección de vida.

A su lado aprendí a cuidar con un amor y una paciencia infinita, regada de sonrisas, adornada de esperanza, colmada de felicidad.

Si esa es la lección, asi deberíamos aprender a cuidar a los otros y a nosotros mismos.

Hay poco más que añadir.

Solo, que mi cáncer pudiera ser la consecuencia de que nunca me supe cuidar así.

Y que la ausencia de mi hija me privó del privilegio de seguir cuidandola y de continuar aprendiendo a hacerlo cada dia un poquito mejor.

LA PRÁCTICA

¿Hace cuanto tiempo que no te dedicas un día solo y todo para ti?

Hoy me cuidare recordando lo aprendido.

Ah!!!!… Y también dejaré que me cuiden.

NAMASTE

Día 128
Día 130
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