CONFIANZA TAMBIEN EMPIEZA CON «C».

Ya solo me quedan tres goteros de quimio.

Mis leucocitos han subido vertiginosamente de 2.000 a 5.000.

El extraño y tardio verano ha hecho por fin acto de presencia y el bendito calor ha conseguido elevar la temperatura de mi gélido cuerpo a limites razonablemente soportables.

Esto empieza a pintar bien.

Se avecinan tiempos de CONFIANZA.

Cuando todo se tambalea tanto y tan amenudo ( la muerte de mi hija, la de mi padre, el cancer) suele ocurrir que en silencio y con sigilo se apoderan de ti los «y sis», el «no me fio» y el irremediable temor.

Y si… La enfermedad se extiende o se reproduce.

Y si… Toda esta basura salvadora de la quimio no ha servido para nada.

Y si… Tanto veneno me deja secuollas ( secuelas jijiji) de por vida.

Y si… Enferman los que amo y tengo que verlos sufrir…

Los «y sis» pueden llegar a ser infinitos y devastadores.

Minan la moral de un buen guerrero y hacen imposible la victoria.

Debo esmerarme en desterralos y sustituirlos por una buena dosis de CONFIANZA ciega o vidente, no se, da igual, pero confianza.

La debi perder en algún bolsillo de un viejo pantalón y debo hacer todo lo posible por recuperarla.

Pensar en ella me la traera de nuevo, o en eso «confio»… jijiji.

¿Que es?
¿En que y en quien la deposito?
¿De que me servira?

La confianza es una esperanza firme que para mi tiene mucho de «inocencia infantil», dicho esto último con admirada reverencia y sin menosprecio alguno.

Con la madurez, he de reconocer, que cada vez soy mas desconfiada.

Tengo que remontarme a la añorada niñez para volver a sentir sus aromas.

Básicamente yo confiaba ciegamenre en mis padres cuando era pequeña.

Ergo ¿confio en quien admiro?
No.

No siempre confianza y admiración van de la mano.

Puedo admirar a Picasso, pero por lo que he leido sobre su vida, jamas confiaria en un hombre asi.

Como decía, el paso de los años nos vuelve desconfiados, hasta tal punto que puedes llegar a plantearte que quiza ya no confías en nadie.

Sin embargo un cierto grado de confianza es indispensable en cualquier relación, si quieres que ésta sea duradera.

A pesar de los «y sis» hay que aprender a confiar un poco en tu pareja, en tus hijos, en tu familia, incluso en algun que otro amigo, sino, apaga y vamonos.

Pero por encima de todos ellos está la CONFIANZA con mayúsculas…

En la Vida y/o en Dios.

Y esa es la que realmente me interesa.

Confiar en Dios como confiaba en mi padre cuando era pequeña… Sin dudas, sin rescoldos, sin fisuras, plenamente, a ciegas y hasta el final.

Me viene la imagen de un sencillo ejercicio… Te tapas los ojos y te dejas caer a peso hacia atras, donde te esperan los brazos de un amigo que evitara tu estrepitosa colisión contra el suelo.

Te abandonas porque sabes que te cogerán.

Sabes que no te haras daño, alguien está ahí para evitarlo.

Ese, para mi, es Dios…

Quiza para ti sea otra cosa o sencillamente no haya nadie…

Dios no evitara mi caida pero estará siempre ahí para sostenerme y minimizar los daños colaterales.

De esa confianza hablo, a ella regreso, en ella confio, con redundancia y todo.

Intuyo que tras la quimio se abrira un tiempo nuevo de recuperación donde me va a hacer falta una buena dosis de fe, de esperanza y de mi añorada y perdida confianza.

LA PRÁCTICA

Te propongo para la práctica de hoy las posturas de equilibro.

Escoge la que mas te guste.

Preparala con el saludo al sol y termina tu sesion con una meditación en Ishvara Pranidhana.

En los espacios silentes del Alma todo temor desaparece como por arte de magia.

La experiencia es tuya, te pertenece.

Que no te la cuenten.

NAMASTE.

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