MÁS COSAS QUE EMPIEZAN CON “C”.

Además de Cristina, cancer y camino también está …

CANTAR.

Cantar es una forma de CONTAR, que también empieza por “c”.

Otra forma de contar es escribir, narrar, compartir vivencias en este blog.

Pero de eso hablaremos otro día.

Yo cantar, canto desde que tengo memoria.

De bien pequeñita me subían a la mesa del cuarto de estar de la casa de mis abuelos maternos, en Daroca y deleitaba a los allí presentes con “Ese toro enamorado de la luna” y alguna que otra jota aprendida de mi abuelo JULIO.

Mas adelante fue el patio interior de mi casa de Zaragoza y toda su vecindad, el que se convirtió en el improvisado público de mi guitarra, mis jotas, mis rancheras y todo el repertorio de la Pradera.
Ahora ella canta en el cielo para regocijo de los de allí arriba.

En el colegio celebrábamos todos los años Santa Cecilia y en homenaje a la cantarina Santa, cada curso preparaba una canción en una peleada y divertida competición.
Un par años fui la directora del coro del curso y alguno que otro quedamos las primeras.

Cuando mi madre nos dejó, yo tenía 12 años, compuse para ella mi primera canción, narrando su accidente de coche y su muerte.

Me quedo muy triste, pero preciosa.

Todo el mundo lloraba mucho cuando, guitarra en mano, la cantaba… jijiji, objetivo cumplido, compartir el dolor, descargarme de él.

Por aquel entonces mi amiga Begoña y yo, siempre juntas, siempre inseparables, cantábamos sin tregua, ni descanso allí donde querían escucharnos, ella con su magnifico oido y su portentosa voz, yo aprendiendo de ella y acompañándola con discreta afición.

Fueron tiempos memorables y maravillosos.

Bendita y sana juventud de cantos, inocencia, luz y sueños por cumplir.

Zaragoza y sus garitos, también el de “Gareta”, nos ha oido cerrar muchas noches sus locales, a altas horas de la madrugada, cantarinas, algo achispadas y felices, aprendices de música y de vida.

Luego murió mi hija Ana.

A las pocas semanas mi amiga Cheles me llamó, resuelta como es ella y me dijo… Vamos a cantar.
No era una pregunta.

Cheles no es de las que preguntan, ella afirma… Vamos a cantar, los martes a las 18,00 horas, a casa de Olena, con Amparo y María.

La cosa no admitía un no por respuesta, ni yo, zombi como estaba, tenia fuerza para negarme.

Así que allá que me fui.

Cheles fue mi salvadora mano de Dios.

Olena su Ángel fiel.

Olena… Soprano, con todas las carreras de música que se pueden tener, natural de Ucrania, inteligente, discreta, elegante, tímida, bellísima, con unos preciosos ojos azules, una sonrisa sincera y amplia y una melena rubia soberbia.

Tipazo monumental.

Bella y hermosa por dentro y por fuera, su extraordinaria voz no es más que un fiel reflejo de esa belleza natural que la envuelve.

Y no exagero…

Con una paciencia infinita y un don especial para la enseñanza nos introdujo en la música clásica y en la ópera.

La Barcarola de Offenbach, de los Cuentos (con “c”) de Hoffmann, fue nuestra primera área a cuatro voces.

La “Carmen” ( con “c”) de Bizet, mi primera en solitario.

Ahí es nada… Jajajajaja.

En la función de fin de curso musical me disfrace de andaluza y me plante delante de todos con mi partitura, sin ni siquiera saber leer música… jjj.

Fue todo un éxito, a pesar de los inevitables gallos.

La puesta en escena y mi desparpajo natural, una vez perdido el miedo, tras los primeros compases, acompañada al piano por mi querida y paciente profesora, merecieron un acalorado aplauso de todos los asistentes, amigos entregados que se rieron bien a gusto viéndome lanzar las hojas al aire una vez terminada mi actuación, digna de una autentica diva.

Fue inolvidable… JAJAJA.

A pesar de que no canto muy bien, algo que suplo con afición sincera y entusiasta y un heredado amor a la opera, sin llegar a la melomanía, seguí asistiendo a clases con la maravillosa Olena durante más de 4 impagables años.

Ya os conté que en honor de mi hija Ana, preparamos el musical de Mamma Mia, con la colaboración de sus alumnos y algún que otro aficionado y abnegado consorte, Marta, Jorge y un largo etc…

Todo un éxito y no exagero, que hasta a nosotros nos sorprendió gratamente.

¿Que fue el CANTO?… MI SALVACIÓN, en aquellos negros días de duelo.

No puedo ni debo olvidar mi corto, pero intenso e inolvidable paso por la coral de Marianistas.
Para su maravilloso director Adrian y para todos sus componentes, solo tengo palabras de cariño y gratitud.

Me acogieron desde el primer día como si llevara toda la vida con ellos.

Me hicieron sentirme en casa, en familia, arropada, cuidada y querida sin medida y sin contraprestación alguna, a pesar de mí escaso oído y de no tener ni idea de leer mis partituras, que garabateaba en busca de guía, para no perderme irremediablemente entre sus ilegibles líneas.

LA MUSICA, el mejor de los psiquiatras, el ansiolítico perfecto, antidepresivo efectivo, sano, indoloro, tremendamente adictivo para siempre y para bien, bálsamo del alma, alimento del Ser.

Lo más parecido a los Ángeles y a Dios que puedo imaginar.
Escalera al cielo, medicina de AMOR.

LA PRÁCTICA

Una de las que más me gusta.
La meditación a través de la escucha.
Escoge un área o pieza de música clásica.

Aunque no te guste mucho, dale una oportunidad.
Scheherezade de Korsakov o el Claro de Luna de Debussy, son mis favoritas para este menester.

Pero escoge la tuya.

Siéntate en meditación.

Pon la música, cierra los ojos y entrégate a ella.

Déjate llevar, traspasar, elevar, subir, bajar, danzar, sentir, fluir, llorar…

No busques, encuentra.

No pongas ni quites nada, ya es perfecta tal cual es, como tu misma lo eres.

Fúndete, desaparece en ella.

Sin límite, sin espacio, sin tiempo.

SÉ la música.

La experiencia es tuya, te pertenece, no dejes que te la cuenten, experimentala.

Namaste.

Día 124
Día 126
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