LAS COSAS QUE EMPIEZAN CON “C”.

Hoy se me ha ocurrido hablaros de las cosas que, como Cristina o cancer, empiezan con “C”, haciendo honor al espléndido título que mi jorgijo le puso a este blog.

Comencemos… Jajajajaja, me parto de risa al darme cuenta de que “comenzar” empieza con “C”.

La primera…

Camino.

La idea de hacer el Camino de Santiago apareció en mi vida durante los últimos meses de la enfermedad de Ana.

Los humanos hacemos cosas curiosas (con c) y parecidas, cuando estamos en circunstancias extremas.

Ejemplo…

Si te va la vida en ello, o peor, te va la de tu hija, le prometes a Dios algo, a cambio de que la salve.

Yo le prometí, entre otras muchas, que por promesas no iba a ser, el “Camino”.

Cuando mi hija murió, en ese delirio oscuro y miserable, el periodo más egoísta y avaro de mi afortunada vida, que parecía querer toda la pena del mundo para mi sola…

¡Ay mísera de mí, ay infelice!
Apurar, cielos pretendo, ya que me tratáis así que delito cometí contra vosotros naciendo”… Que grande Calderon.

En esos días negros, eleve mi clamor a Dios y le jure que nunca haría el Camino, por habérsela llevado.

Como si así le castigara.

Como si a Dios le importara.

JAJAJA… Si algo he aprendido, otra vez necia de mi, es que basta con que jure que no haré algo, para que lo acabe haciendo.

Así que como ya habréis imaginado, un año después de la muerte de Ana hice el Camino.

Bueno! eso es mucho decir…

Hice las 4 últimas etapas, como quien dice.

Un cachito pequeño.

Una experiencia inmensa.

Me convenció mi amiga Cheles.

Cualquiera le dice que no a la Cheles… jijiji.

Me saco los billetes de tren, me dio tres consejos básicos sobre la mochila y las zapatillas de andar y pusimos rumbo a Sarria.

Yo, zombi, muerta en vida, sonámbula y atontada, me deje llevar como un corderito, pero en lugar de al matadero, como en un principio me temí, me condujo al “Paraiso en la Tierra”.

Porque eso es el Camino de Santiago, un trocito de cielo en la tierra.

Da igual hacer 30 kilometros si son de cielo, de paraiso, de luz, de silencio, de belleza verde y frondosa, de frescor y de sombra acogedora, de fina lluvia, de sonidos nuevos, de hospitalidad campesina, sencilla y ancestral, que el camino y sus gentes la llevan en la sangre…

De compañerismo espontáneo, de recogimiento respetuoso, de soledad compartida, de reencuentro con los viejos recuerdos que el alma guarda…

Lagrimas que lavan cada paso.

Tímidas sonrisas que quieren comprender el sinsentido de la pérdida.

Resoplidos en la última cuesta que parece imposible.

El suspiro de placer al quitarme las botas y mirar la enrojecida piel de mis pies agrietados, pero libres de ampollas.

El gusto de dormir como nunca, acunada por el mejor de los cansancios.

El milagro diario de despertar como nueva, con ganas de seguir, de continuar la mágica ruta del cielo en la tierra.

El encuentro con los otros caminantes, que ya no son “los otros”, que parecen tu, con la misma sonrisa, ilusión, esperanza de llegar a Santiago.

¡Buen camino!, deseas y te desean a cada paso, en cada cruz, en cada atajo.

El día de la entrada en esa hermosa plaza, la historia en cada piedra, el sonido de las gaitas, las risas, las lagrimas, los abrazos, la comunión con todo, la misa sobrecogedora en la soberbia catedral, llena de peregrinos desnudos de miserias, vestidos de humildad.

MAGIA, PURA MAGIA… y mucho más se puede decir de esa experiencia única.

Si quieres… Prueba.

No tienes nada que perder, pero si mucho que ganar.

LA PRÁCTICA

Voy a caminar.

Quiero entrenar de nuevo.

Me gustaría hacerlo otra vez.

Ahora desde el principio…

¡Allá voy Roncesvalles!!!

Cuando me cure lo haré y esta vez cumpliré mi promesa.

NAMASTE

Mañana seguiré con las cosas que empiezan con “C” que hay que ver como me enrollo… JAJAJA.

Día 123
Día 125
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