UNA PAUSA INTERESANTE

Hace dos semanas estuve con anemia.

Superado el bache de la serie roja, en los últimos días, los resultados de la analítica me han obligado a hacer una pausa interesante.

Hace tiempo que no os cuento nada sobre la marcha cotidiana de mi enfermedad y su tratamiento.

Hablando de tratamiento, yo a mi enfermedad la trato de usted… jjj, porque es una autentica gran dama, gran maestra y gran compañera de viaje, con la que estoy aprendiendo a compartir penas y alegrías, en una reñida y divertida competición, de la que pretendo salir ganadora.

Ya supongo que, para algunos de vosotros, mi cancer y sus pequeñas miserias, no tienen mucho interés.

Así me lo ha hecho saber un buen amigo que prefiere otros temas menos escabrosos.

Pero también me consta que otros tantos transitan conmigo la gran «C» y gustan de sentirse acompañados, reflejados y comprendidos, en estas pequeñas cosas, tontas y sin importancia que aquí os narro, no sin cierto pudor, contra lo que pudiera parecer.

Pues bien, vayamos al lío…

Primero, la anemia ferropénica.

Trajo consigo el aumento exponencial de cansancio y la recomendación médica de ingesta extra de hierro, con el fin de aumentar sus niveles, en mi debilitado organismo.

Ya todo te sabe a metal con la quimio, pero si le sumas el hierro, en atractivas pastillas rosas, te conviertes en el «hombre de hojalata», al que me gusta imaginar saltando, bailando y cantando, junto a Dorothy y su perrito, por el camino de baldosas amarillas, en busca del misterioso Mago de Oz.

Esa soy yo… la mujer hojalata… JAJAJA, entonando la maravillosa «Over the Rainbow».

El martes pasado me fui para el hospital camino de mi gotero, feliz y contenta, con mi amplia sonrisa, una bandeja llena de pasteles saladitos y unos bombones para mis ángeles, las enfermeras de la planta, Teresa, María José y toda la cuadrilla, que con cariño, profesionalidad y afecto consiguen transformar el día de hospital en una interesante experiencia y os aseguro que no es fácil.

Se que, en otras circunstancias, hubiéramos sido buenas amigas… o quizá ya lo somos… jjjj.

Lo primero que procede, en la ya rutinaria mañana de gotero, es pinchar el reservorio de mi «morada» clavícula.

Respiro hondo, huyo hacia el respaldo del sillón y después de tantos pinchazos ya casi ni lo noto, gracias a las manos expertas de María José, que ríe ante mi fallido intento de fuga.

A continuación, extrae unos cuantos tubos de sangre, la analizan y espero resultados.

Después de 5 meses de tratamiento y pese a que me lo advirtieron, tuve que escuchar el consabido «ya te lo dijimos, esto suele ocurrir» y me mandaron para casa.

Si el mínimo de leucocitos, defensas, sistema inmune, protección y prevención de enfermedades, barrera natural contra contagios, es de 4, yo tenia 1,8.

Así que: a descansar una semana.

Sin quimio, sin gotero, se deja a la medula volver a hacer su trabajo y fabricar el necesario ejército de glóbulos blancos, antes de seguir adelante.

Al llegar a casa tuve que escuchar también, muy atentamente, lo que mis amigas las “emociones” vinieron a decirme.

Se pusieron en fila y una por una, me soltaron su discurso.

Primero llego la decepción… ¡Jolines! con lo bien que íbamos, perdemos las defensas y nos mandan a casa.

Luego la rabia… ¡Mierda!, con perdón, No sé por qué todo me tiene que pasar a mí.

La tristeza… ¡Qué pena!, en lugar de terminar en julio, ahora terminaremos en agosto, adiós vacaciones, pobre Jorge.

La aceptación… ¡Bueno! Tampoco esta tan mal, una semana de descanso de quimio.

El contento… ¡Qué bien! Cada día parece que me encuentro un poco mejor.

La alegría… ¡Es fantástico! sentir que soy otra vez yo, que me río fuerte y alto, que hago chistes malos, que tengo mal genio.

La gratitud… ¡Gracias Dios! Por este receso maravilloso que me ha servido de entrenamiento y de muestra, de lo que muy pronto será mi extraordinaria, rutilante, única, inigualable, digna del Guiness de los récord, merecedora de mención en los libros de historia, acreedora de inclusión en los manuales de medicina, estudiados en la carrera por los futuros doctores, en fin, de mi esperada y no por ello menos merecida:

RECUPERACIÓN y vuelta a la VIDA… JAJAJA.

LA PRÁCTICA

Meditación.

Desde la conciencia testigo…

No siempre me es fácil llegar y conectar con ella, pero cuando lo hago, se me regala un espacio de calma infinita de donde no quisiera salir nunca.

Desde allí observo mis emociones transitar a sus anchas.

Manomaya kosha, el «duende» mental y emocional haciendo de las suyas.

Un viejo conocido, divertido, embaucador, zalamero, atrayente, vendedor de «Maya», de ilusión, de farsa.

Si sé reconocerlo, ya tengo mucho ganado.

Puedo darle la bienvenida con la misma facilidad que puedo despedirlo hasta la próxima visita.

Sabiendo que yo soy la reina de mi reino, la que manda y ordena… ¡Que le corten la cabeza!… JIJIJI, como en el cuento de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ de Lewis Carroll, que no si sabéis que era un pseudónimo del escritor británico Charles L. Dodgson.

Otro traje de «Maya», esto de los pseudónimos.

Disfruto con este hermoso y divertido juego de Dios.

El mito de «LILA», de la filosofía hindú, Brahman, Dios, el Gran Mago, transformándose en el mundo, para volver, nuevamente, a transformarse en Dios… JIJIJI, ¿no es genial?

Sonrío y doy gracias.

No puedo hacer otra cosa.

NAMASTE

Dia 121
Día 123
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