MI INTIMIDAD

Mira quién va hablar… Jjj, la que lo cuenta todo en las redes, la bocazas, la indiscreta, la “sinfiltros”… Bonita palabra, me gusta.

En fin, es verdad, para que engañarnos.

Aun así, hoy voy a defender mi intimidad.

Todo viene por la tremenda sensación de aislamiento que tengo estos días.

Como la quimio lo va desbaratando todo, ahora tengo anemia, y el sentimiento de cansancio se multiplica por mil.

Uno de los mayores problemas es que mi aspecto no acompaña, lo que hace que me sienta todavía más incomprendida.

Todo el mundo te ve bien, así que suponen que no puedes estar mal.

Con la incomprensión viene su amigo el “aislamiento” y la prima “soledad”.

Vamos, todo un cuadro.

Considero un hecho cierto y probado que el cáncer, aísla.

Te coloca a unos metros de todo lo demás.

Ves pasar el tiempo, la gente, las conversaciones en la mesa, los paseantes, los vecinos en el ascensor, la fila en el banco o en super, todo, absolutamente todo, lo ves pasar desde la distancia en la que la enfermedad te ha situado.

Viene, te deja ahí y te dice al oído… ¡Ale! observa y aprende.

En esa isla junto a la prima “soledad”, la única que te aguanta de verdad, aparece el deleite, el placer secreto de la intimidad.

Siempre he sido muy celosa de ella, si bien considero que es un trofeo de la madurez.

La intimidad es una conquista que llega con los años y que suele venir de la mano de otra gran amiga, la libertad.

Puedo decir sin miedo a equivocarme que cuanto más libre soy, de más intimidad dispongo.

Es un territorio que se amplía y se amplía y se amplía cuanto más práctico el “No, gracias “.

La intimidad no es tal, si no viene de la mano del pronombre posesivo.

“MI”.

Porque otra cosa no, pero mia, mi intimidad, es mía y muy mia.

Mi burbuja, mi espacio, mi sitio en el sofá, mi lugar en la cama, mi sillón de lectura, mi cepillo de dientes, mi cepillo de pelo, ¡Ay! no, que no tengo… jjj.

Mi tiempo en el escusado, vaya nombrecito, mi trozo de sandía, lo que como, cuando como, si como, si no como, lo que duermo, lo que no, mis tardes de tele, de aburrimiento mortal, de nada…

Mis pensamientos…

Todavía hay una persona con la que tengo que hablar de esto, porque sigue empeñada en pensar que defender mi intimidad es “no” quererla… En fin, uno de estos días se lo vuelvo a explicar.

Paciencia, no me abandones.

En otro orden de cosas…

Que extraordinario y mágico es este proceso por el que ando paseando.

Me coloca en situaciones que mi hija ANA transitó ella misma, como diciéndome… ¿Lo entiendes mejor ahora?

Y yo… Claro que si.
Ahora lo entiendo.

Ella tuvo anemia probablemente mucho antes de que se la diagnosticaran.

Vivió con anemia y por ella murió.

Igual que yo, tenía buen aspecto, era joven y preciosa, quien diría viéndola que estaba enferma y que en poco tiempo nos dejaría para siempre.

Recuerdo que le reventaba que le dijeran lo guapa que estaba, sintiéndose morir, con una hemoglobina de 4.

¿Ahora me entiendes mami?

Ahora te entiendo cielo.

El problema es que el resto del mundo sigue sin comprendernos.

Bueno… No todo está perdido, siempre nos quedará París y una buena tarde de cine viendo Casablanca.

LA PRÁCTICA

Hace muchos días que dejé olvidada la teoría de los cuerpos.

Hoy la retomo.

Soy algo caótica lo reconozco… jjj.

Hablábamos de las 5 envolturas.

Visitamos Annamaya Kosha, el cuerpo de alimento, Pranamaya Kosha, el cuerpo de energía y hoy nos tocaba Manomaya Kosha, el cuerpo mental.

Casi nada!!!!

Me siento en meditación.

En mi postura.

La cómoda, la estable, la firme, la que me hace sentir como una gran pirámide, que se yergue victoriosa al cielo.

Visitando con cariño mi cuerpo, me voy desprendiendo de el.

Visitando con dulzura mi respiración la voy dejando volar libre, como Juan Salvador.

Me detengo en mi pantalla mental, donde todos mis pensamientos y mis emociones nacen, pasan y se despiden, como nubes en el cielo, formando bonitas imágenes y a veces no tan bonitas.

Observo ese cielo azul, limpio, cautivador, atrayente, que me hipnotiza y me atrapa.

Viene el primer pensamiento, lo nombro, lo dejo ir.

Viene el segundo y después el tercero y el cuarto…

A todos los nombro, los reconozco y los dejo ir.

Escojo uno.

El que sea.

Bonito o feo no importa.

Me zambullo en él , buceo en ese pensamiento hasta sus mismísimas entrañas, lo reconozco, lo evocó, hasta me parece comprender su origen y significado.

Lo siento muy dentro.

Salgo a la superficie de nuevo y lo dejo marchar.

Cada vez hay más cielo en mi cielo.

Cada vez menos pensamientos, o ¿quizá me afectan menos?

Parece que no son míos, que son de otra.

Como cuando veo el tiempo en la tele y de pronto me doy cuenta de que me he saltado Aragón y no me he enterado de si tengo que sacar el paraguas, me cachissss, como me fastidia, pero no estaba atenta, miraba sin mirar, oía sin oír.

Cuando hay más cielo que nada, me doy la vuelta y veo al que ve, miro a quien mira, observó al que observa, siempre eterno y en silencio.

El testigo.

Y en el me quedo.

En el hábito.

Ya estoy en casa.

Ya he llegado.

NAMASTE

Día 120
Día 122
¿Te ha gustado mi día? Compártelo