MIS CHARLAS CON DIOS
PRIMERA PARTE

Esta es la gran asignatura pendiente.

Antes de desencarnar, quitarme este “bonito traje” de piel humana y viajar con El allende los mares, deberíamos tener una larga charla juntos.

Lo de “bonito traje” me lo susurra la abuela Charo al oido y esto merece un paréntesis.()

Ella, mi abuela, siempre me vio “bonita” y eso hizo que todo lo que yo vi a través de sus ojos fuera también bonito.

Así que nací hace 55 años, en una bonita casa, de un bonito pueblo, del bonito Aragón, en el corazón de la no menos bonita España.

En la histórica y preciosa villa de Daroca.

En casa del gran Julio Gimenez, el último jotero, mi querido abuelo, nada de hospitales.

En la puerta baja, frente a la fuente de los 20 caños.

Yo debí nacer feísima y mientras mi madre se desangraba en la cama, que casi se nos muere antes de tiempo por mi llegada, mi abuela me cogió en sus brazos y le pareció que yo era la niña más “bonita” del mundo.

Lo que son las cosas.

Así me lo narraba con extraordinaria ternura, una y mil veces, todas las que quisiera escucharla, que por fortuna no fueron pocas.

Desde entonces y hasta que murió con 94 espléndidos años y la muerte de tres hijos a sus espaldas, una de ellas mi preciosa mama, ella, mi abuelita Charo, siempre me vio “bonita”.

Así que en su nombre y en su honor, yo también decido verme así y así lo declaró a todo aquel que quiera escucharlo.

Pero volvamos al lío.

Antes de dejar este bonito cuerpo que mi abuela Charo descubrió para mi, hoy he tenido una larga conversación con Dios.

Esta noche a las 4.40 se me ha presentado en la habitación.

Me ha encontrado despierta, con los ojos como platos por la cortisona, que juega conmigo y con mis descansos.

No es que haya venido de propio a verme, que también.

Es que ya llevaba tiempo allí, por lo visto, esperando este encuentro.

Porque se confirma que Dios esta en todas partes.

También en mi habitación, junto a mi cama , de madrugada.

Me lo decía mi querida amiga Pilar el otro día.

Me dijo, he abierto los ojos y he visto a Dios en el aire, está en todos lados, mire donde mire.

Le di inmediatamente la razón, porque a mi me pasa lo mismo.

En esto de ver a Dios por todos los rincones, como en muchas otras cosas, Pilar y yo coincidimos plenamente.

Y Pilar merece otro paréntesis.()

Ella viene todos los lunes a casa para reconectarme.

Me tumbo en el sofá, cierro los ojos y ella pasa sus manos sobre mi.

La energía hace su trabajo… Lo llaman reconexión.

Envía un mensaje a todas las células de mi cuerpo y facilita que cualquier cosa que ocurra durante la semana, incluida la quimio, ocurra mejor.

Y así es y así será.

Si la quimio puede sentar de alguna manera “bien”, así me está sentando.

La cosa merecía un paréntesis ¿no creéis?

El caso es que veo a Dios por todos lados.

¡Como no va estar junto a mi cama!

Dios está en el aire que toca mi mano, en la almohada en la que descansa mi calvita, en el hombre que duerme junto a mi y que últimamente me mira con “respeto”.

Y esto merece otro paréntesis.()… jijiji.

Y es que, lo que creo que he descubierto en su mirada, me tiene enamorada.

Creo que en secreto, a escondidas, un poco de soslayo, mi marido, por fin, me mira con RESPETO.

Quizá siempre lo hizo y yo simplemente no lo vi.

Pero descubrirlo ahora me tiene desarmada.

De entre todas las formas en las que te puede mirar tu compañer@ de viaje, ésta del “respeto” creo que es de las mejores, por no decir la “más mejor”.

Garantiza un bonito y largo viaje juntos.

Podría mirarme, como ya lo hizo, con deseo, con lujuria, con enamoramiento arrobado, con pasión desenfrenada, con posesivo afán, pero donde este ésta nueva mirada de “respeto” que se quiten todas las demás.

Volviendo a Dios… También está en él.

Y en Angelines que se desvive y desvive a los demás por ayudar y cuidar.
Que tiene que aprender su gran lección de ayudarse a ella primero, si no, mal vamos a ayudar a nadie, que no se puede desvestir a un santo para vestir otro.

Veo a Dios en el vecino del portal de enfrente, desconocido y sonriente.

Dios está en el niño que nace, en mi hija que muere.

En el hijo que queda, cuidando y mimando a la madre doliente, cambiando los papeles de la obra de teatro que la vida nos dio, volviendo al que cuida, cuidado, al que educa, educado, al adulto un poco niño y al niño un poco sabio.

Gracias jorgijo, ¡cuanto bien me haces!

Dios está en todo.

En lo bueno y lo menos…

En Donald, el pato y el poderoso mandatario.
En Chin Yon Pun, o como quiera que se llame.

En el padre ÁNGEL y en las anónimas monjitas de Cáritas, que al final son ellas, una vez más, las que de verdad se hacen cargo de las cientos de personas que buscan refugio y futuro en nuestro país.

En todos ellos y en los que dejan atrás, a merced de las bombas, el hambre, la enfermedad y la muerte.

Dios está en ti que me lees ahora.

En mí, cuando escribo esto.

En cada trozo de alma que, no sin cierto miedo, me arrancó para compartir contigo.

Así que estando Dios en todo y aquí mismo, como no aprovechar la ocasión para tener esta ansiada conversación con él.

Pero tendrá que ser mañana, por miedo a aburrir o cansar a Dios… Que quizá seas tú… jijiji.

LA PRÁCTICA

Si yo puedo hablar con él, te aseguro que tu también puedes.

¿Por qué no lo intentas?

Seguro que hay muchas cosas que te gustaría decirle.

Ah! Y cuidado con lo que le preguntas, no vaya a ser que no te gusten las respuesta.

Y cuidado con lo que le pides, no vaya ser que te lo conceda… jijijiji.

Y cuidado con lo que le reprochas, no vayas a ser tu mismo el mismísimo Dios.

NAMASTE

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