ASIGNATURA PENDIENTE VI

MIS ALUMNOS

Hace 6 años la vida me obligó a hacer otro paréntesis.

Mucho más importante y necesario que el que nos trae hoy aquí.

La enfermedad de mi hija Ana se hizo insostenible.

Como ya os conté sus glóbulos rojos se morían sin que los médicos supieran porque y las transfusiones de sangre eran cada vez más frecuentes.

Llevábamos así más de 3 desesperantes años.

Sus venas destrozadas, su vida haciendo aguas.

El trasplante de médula recomendado por los médicos de Madrid y de Barcelona, eminencias en la materia, nos acabó pareciendo a todos la única salida, especialmente a ella.

No quería seguir viviendo así y prefirió arriesgarlo todo a esa única carta.

Nunca sabré si deberíamos haber esperado, si quitarle el bazo, como algunos apuntaban, hubiera bastado, si con unos años más sus sistemas hubieran madurado y ella misma hubiera sanado… Nunca lo sabré.

El proceso del trasplante es arduo, largo y dificultoso, por no emplear los verdaderos adjetivos que se me vienen a la boca y que son todos tacos mal sonantes.

Tuvimos que buscar un piso de alquiler y trasladarnos a vivir a Barcelona.

Un pastón para cualquier economía.

No quiero ni pensar lo que será para todas las personas que no tienen recursos, ya que las ayudas del Gobierno Autonómico, competencias transferidas y la madre que las parió, son irrisorias, para morirse de risa vamos, si no fuera una tragedia para tantas familias.

Aprovecho aqui para reivindicar y denunciar la falta de apoyo económico, burocrático y humanitario, a todas esas personas que tienen que trasladarse a otra comunidad autónoma para salvar su vida o la de sus seres queridos.

¡Que España es esta!

No la reconozco.

Cruzó una frontera invisible e inexistente, que algún imbécil se inventó una vez, y ya no me reconocen como sujeto de derechos sanitarios, convirtiéndome en extranjera dentro de mi propio país.

Bendito el día en que se vuelva a instaurar la tarjeta única de salud en todo el territorio nacional.

Mientras tanto practiquemos el deporte nacional… Fastidiar al vecino.

El caso es que tuve que ausentarme de la escuela de yoga durante más de 6 meses.

Ya entonces, dejar a mis alumnos me costó mucho y rebuscando entre las cartas escritas desde el hospital encontré esta.

La recupero porque suscribo de nuevo palabra por palabra.

Barcelona, junio de 2011.

“QUERIDOS COMPAÑEROS DE VIAJE…

He pensado mucho en vosotros durante estos días.

He recibido vuestra energía y aliento gracias a los cuales las rocas y los obstáculos del camino se han ido convirtiendo en pequeños guijarros.

El proceso por el que estamos pasando, es largo, lento y tremendamente duro, pero mi hija Ana es muy valiente y fuerte y sé que saldrá adelante.

Por todo ello la admiraré y querré, si cabe aún más, todos los días de mi vida.

Se puede aprender de los libros, de los grandes maestros, de los buenos amigos, pero os aseguro que mi mejor Maestra esta siendo mi hija.

Es un auténtico honor ser su madre.

Solo quería desearos feliz verano porque tal y cómo van las cosas de despacito no creo que pueda acercarme a veros cómo sería mi deseo.

Estoy segura de que todo se irá arreglando y de que a primeros de septiembre estaré de vuelta con vosotros.

No quiero terminar sin agradeceros de todo corazón que hayáis permanecido al pie del cañón y tan cerca de mí en todo momento.

Gracias y hasta muy pronto.”

Recuerdo que cuando escribí estas líneas todavía había esperanza, vida, luz…

Ella aún estaba junto a mi, enseñándome, luchando, venciendo a la muerte cada día.

Pero volviendo a mis alumnos…

Ellos ya forman parte de mi vida, de mi crecimiento, de mi camino de transformación.

Sin saberlo, me enseñan, me alientan, me infunde energía, valor y seguridad.

Son mi colchón, mi almohada, la cama entera.

En ellos descansa mi profesión, mi trabajo, mi labor.

A través de ellos sirvo y el servicio me libera y engrandece lo que soy.

Sacan lo mejor de mi por escondido que se encuentre.

Ni lo sospechan, pero por ellos también quiero VIVIR.

Es muy difícil pensar que me puedan gustar tanto y todos.

Pero así es la vida…

LA PRÁCTICA

Me siento en meditación.

Imagino la entrada de la escuela de yoga, radiante y llena de luz.

Yo en la puerta abierta de par en par recibo a mis alumnos.

Uno por uno, repitiendo su nombre con gratitud sincera, voy abrazándoles con cariño, sin prisas, contando los 6 segundos que garantizan que un abrazo es de verdad.

Entregándoles a todos el regalo esperado, el reencuentro con la vieja compañera de viaje, que regresa llena de ilusión y alegría.

Allí estaré pronto, para caminar de nuevo junto a todos.

Y por muchos años… jjj.

NAMASTE

Día 116
Día 118
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