ASIGNATURA PENDIENTE V

No es una “v” es un 5… Jajajajaja, me parto.

Me recuerda al chiste… La rubia tontita, ya sabéis, que saca las bolas del bombo de la lotería de la tele y va diciendo: ” el 8, el 5, el 3… Mira la siguiente bola y la vuelve a mirar y dice , la “o”… jajajajaja, era el cero, se entiende… Que me parto yo sola, que soy de las que explican los chistes.

Bueno, al lío…

DEL DESARRAIGO Y LA ORFANDAD

Les hable ya a los míos, en los días anteriores, a mi núcleo, a mi familia próxima, a la que yo con mimo formé.

Pero está la otra familia, esa que parecía perdida en el tiempo y en la distancia implacable de los años de separación y que curiosamente la vida me devolvió durante la enfermedad y la muerte de mi padre, justo antes de que me diagnosticaran mi “C”.

No quisiera irme sin que ellos supieran…

Tengo que remontarme muy atrás en el tiempo.

Tenía doce años cuando una tarde, a la vuelta del colegio, me dijeron que mi madre había muerto en un accidente coche y que jamás la volvería a ver.

Lo recuerdo todo con una claridad pasmosa, incluso recuerdo que no derramé ni una sola lágrima delante de nadie.

Sin saber muy bien por qué decidí que mi llanto sería para mi y para nadie más.

Escuché mucho susurros y comentarios de la gente al respecto, extrañados, por el hecho insólito, de que la niña no llorara.

Cuando a los pocos años me tope con Oliver Twist, me sentí plenamente identificada con el sentimiento de abandono y soledad del personaje de la novela de Dickens, porque aunque la que murió fue mi madre, con aquella muerte perdí también a mi padre.

Mamá tenía 37 años cuando nos dejó, a 5 hermanos, la pequeña de 14 meses, un bebé, y a un padre ausente en todos los sentidos de la palabra.

Papa trabajaba fuera de la ciudad los cinco días de la semana y cuando venía los viernes vagaba por la casa como un fantasma, abatido por su perdida, o se encerraba en el salón con la música clásica a todo volumen, ajeno a la vida que intentaba abrirse paso a su alrededor y a su costa.

No supo, ni pudo hacerlo de otro modo.

Se hundió.

Y nosotros con él.

Cuando leí a Hamlet y estudie su complejo de Edipo, entendí mi complejo de Electra.

Yo fui una niña enamorada de su padre hasta el mismo día de la muerte de mi madre, en el que descubrí su verdadero rostro.

Conozco bien el camino del amor al odio y su afortunado regreso.

La vida y la familia parecían quererme obligar a asumir un papel de hermana mayor-madre-padre que yo era incapaz de ejecutar.

Sólo las monjitas del colegio parecían entender que aquello era antinatural, además de imposible.

Podía ser muy madura y tener la regla, pero con 12, tan sólo era una niña despertando a la vida.

Aun así lo intente, con mucho interés y sin ningún éxito.

Así que me hice anarquista moderada, jjjj, tras leer a Bakunin, que me convenció de que el Estado (él padre) no servía para nada y que en una sociedad perfecta de hombres y mujeres perfectos, cada cual cumpliría su función perfecta, y comieron perdices…

Mientras mi familia hacia aguas por todas partes y se desmoronaba ante mis ojos incrédulos, yo construía en mi adolescente imaginación un mundo feliz, donde todos los hombres eran libres, iguales y felizmente fraternales, los tres principios de una revolución francesa utópica y trasnochada… Bendita juventud.

Cuando conocí a mi marido en la Facultad de derecho nos enamoramos perdidamente y perdidamente nos casamos y tuvimos a nuestro querido Jorgijo.

Fue mi príncipe azul que vino a rescatarme de aquella torre-cárcel que era mi rota familia, donde yo ya no tenia cabida, ni podía respirar.

¿Huida?
¿Destino?
¿Salida?
¿Oportunidad?

Un tren al que me subí sin mirar atrás, con mi escaso equipaje y en contra de la opinión del mundo.

El mismo tren que me trajo hasta aquí.

Yo no sólo adoraba a mi padre y a mi madre.

A ella era difícil no amarla.

La más hermosa de las mujeres, un cascabel de alegría que lo hacía todo bien.

Cantaba, tocaba el piano de oído, bailaba, reía, pintaba como los ángeles, se comía la vida a bocados, la más simpática, la más generosa, que no tenía nada suyo, la más soñadora, la más feliz, la más…

La recuerdo vestida de largo, con un precioso traje azul celeste con pedrería, vaporoso y elegante o ¿la elegante era ella?, vestida para ir a la opera, dándome un besito en el pasillo, volveremos pronto, ahora a la cama que mañana hay cole.

Como una princesa en un cuento de hadas, así era mama.

Yo tengo la suerte de guardar algunos recuerdos, otros, los pequeños, no la tuvieron tanto.

Pero sigamos…

Como soy buena y mala por naturaleza y suele ganar lo de buena, a dios gracias, pues también adoraba y adoro a mis 4 hermanos, que tan huérfanos o más que yo, deambulaban a mi alrededor, buscando como podían su lugar en el mundo.

La bebé, una linda y alegre bolita sonriente, a la que nadie acunó, ni meció, ni acarició, sin cariño creció, sin cariño vivió.

La siguiente, un calco de mamá en pequeñito, una preciosidad con los ojos mas azules y bellos del planeta, a la que ordenaron seguirme a todas partes para no perderse y que colgada de mi falda gris del uniforme, se convirtió en mi sombra, sin yo ni mirarla.

El tercero, la bondad hecha niño, al que más abracé, cuidé y escuché, por afinidad, por parecido, por instinto, vaya usted a saber…

Sigo sintiendo hacia él un auténtico y genuino amor de madre, ya que sin saberlo mi Corazón lo adoptó para siempre.

Hacia el mayor, como hacia mi padre, yo profesaba una adoración secreta, llena de admiración y respeto, muy parecida al enamoramiento, debido supongo a la intensidad de mi ascendente Escorpio.

Lo quería con tal locura que cuando casose, jjj, con mi maravillosa cuñada Marta, tuve un periodo de extraños celos, como de novia… jjj.

Alrededor de papa ya enfermo y con ingresos hospitalarios constantes que nos hacían presagiar lo peor, nos volvimos a reencontrar.

Como si el tiempo no hubiera pasado nos reconocimos y nos unimos más de lo que lo estuvimos entonces.

Lo que sucede conviene.

Todavía mi cáncer parece mantenernos juntos un poquito más de tiempo, aunque solo sea por preguntar como ando.

Sólo deseo que no tenga que suceder nada más para recordarnos que somos una verdadera familia, que siempre lo fuimos pero que lo olvidamos, y que podemos seguir siéndolo si así tiene que ser, recibiéndolo como el mejor de los regalos de Reyes, de papa y mama.

Perdón por el spoiler… Jjj.

LA PRÁCTICA

A mis 4 hermanos…

Lo siento.
Perdóname.
Te amo.
Gracias.

Y el deseo secreto y anhelado de recuperar el tiempo perdido, si la vida nos da vida para vivir…

NAMASTE

Día 115
Día 117
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