ASIGNATURA PENDIENTE

Pensando en mi marido a las 4 de la madrugada me ha venido la inspiración.

La noche previa al gotero tengo que tomar cortisona y me pongo como una moto.

No pasa nada.

Lo llevo bien.

Sólo sé que no voy a dormir mucho, me hago a la idea y santas pascuas, me relajo.

Cuando he abierto los ojos he pensado que, igual que para todos, hoy podría ser mi último día…

Tranquilos no es un mal pensamiento, más bien al contrario, me ha permitido dar las gracias por este nuevo día, maravilloso y bello, pero sobre todo me ha invitado a la reflexión sobre aquello que, si hoy me fuera, no querría dejar pendiente.

Creo que el tema dará para varias entradas del blog, porque un aluvión de asignaturas pendientes han pedido paso en mi mollera.

La primera es mi marido y compañero de viaje, JORGE.

Le llamaré «Compamari»… jjj, una palabreja nueva.

Me he puesto a pensar que le diría antes de partir de su lado.

La cosa tiene su enjundia.

No se lo que pensarán los que no entienden, ni comparten mi blog, si para colmo me pongo a divulgar algo tan personal.

Lo que ellos no saben es que yo, ya no soy mía, no me pertenezco y nada me pertenece ya, soy de la vida, «una» con ella y nada tengo que esconder, por que nada tengo que temer y menos que perder.

Llegar a esta simple conclusión me ha costado lo mío, no creáis, y aunque parezca un tanto enrevesado y metafísico, es de las cosas más sencillas con las que este cáncer me ha confrontado.

Volvamos a mi «Compamari».

Solo esto le diría…

Todo esto le diría…

Le diría que le he querido tanto, tanto, tanto, tanto, tanto, tanto… Como le he odiado.

Si dijera otra cosa mentiría.

El amor y el odio… Las dos caras de esta moneda única que es nuestra gran historia de amor.

El amor fue el regalo, el odio el «Reto».

Pero te diré, amor, que de entre todos los momentos más felices, maravillosos e inolvidables y los grandes sapos y culebras que me he tenido que tragar contigo, no me quedo con ninguno de los dos.

Me quedo con los otros…

Momentos de compañía silenciosa, serena y cómplice, donde sobran todas las palabras huecas y vacías, donde se comparte lo más preciado… El «tiempo juntos».

Caminando juntos, viajando juntos, mirando por las ventanillas el paisaje de la vida juntos, comiendo un buen percebe juntos, saboreando un buen vino juntos, un buen libro, una buena peli, que tu olvidaras al minuto 2.

Un buen paseo juntos, estropeado intentando meter la pelotita en el agujero, una buena noche de agosto con amigos viendo juntos caer estrellas en el cielo y pidiendo deseos como locos.

Un buen abrazo juntos, una caricia juntos, un beso en mi calva, los pies estrujándose bajo las sábanas, tu mano hermosa, de pianista frustrado, dándole siempre calor a la mía, helada, pequeñita, regordeta y ahora algo deformada por la artrosis…

“Compamari», te diré que si te falto o te marchas, te deseo, como en la vieja canción, que la vida te de un camino bien largo y que encuentres en ella todo lo que te faltó en mi.

Mucho más y mejor de todo.

No exagero cuando digo que aguantarme es un calvario y que te lo tienes merecido… Encontrar algo mejor, no a mi, se entiende… jjj.

El famoso «Ho’oponopono» tiene la clave.

Para los que no lo conocéis, consiste simplemente en decir…

Compamari Jorge, Perdóname, lo siento, te amo, GRACIAS.

Y una asignatura menos para que me den el título… jjj.

Añadiré un dilema que platea el hecho de pensar que, verle feliz, es suficiente para sentirme yo feliz y que no recuerdo la última vez que lo vi así.

El dilema es…

Que fue primero el huevo o la gallina.

Es decir, que hacer…

Ser feliz yo, porque sé que eso le hace feliz a él…
O hacer lo posible para hacerle feliz porque eso con toda seguridad y garantía me hará feliz a mi…

¡Ala! ahí lo dejo.

LA PRÁCTICA

dile hoy a alguien a quien quieres:

Lo siento.

Perdona.

Te amo.

Gracias.

Verás que bien!!!!!

NAMASTE

Día 111
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