TESTIMONIO
Primera parte.
Mesa redonda.
Zaragoza, 5 de junio de 2018.

Me han llamado de APOA,
Asociación de Psicooncología de Aragon, tengo entendido que para hablar de mi cáncer, de mi yoga y de mi blog.

Pero vaya por delante que no me gusta vender nada, como bueno para todo y mucho menos, para todos.

Ni me gusta, ni lo sé hacer.
No valgo para eso.

Así que me limitaré a dar testimonio de mi experiencia, por si puede servir.

El yoga es una bonita tela de araña de seda, alfombra que lo conecta todo en mi vida, lo sostiene y lo une.

También es una enorme y muy útil caja de herramientas, donde siempre encuentro sencillos instrumentos para manejarme mejor ante los avatares del destino.

A los 25 años, el yoga apareció en mi vida, cuando andaba yo un poquito perdida, en una de esas crisis existenciales que todos hemos experimentado alguna vez.

Parecía una técnica que no tenía demasiadas normas y me dejaba la suficiente libertad para seguir siendo quien era, así que me enganché a él como a una tabla, para seguir nadando con más facilidad, en la corriente del río de la existencia.

Para entonces andaba yo preparando mis oposiciones de secretaría intervención con habilitación de carácter nacional.

Las aprobé y ejercí de Secretaría de Ayuntamiento, para que todo el mundo lo entienda, durante 19 años.

Tendría ya cerca de los 40 cuando me decidí a cursar los 4 años de estudios de formación de profesora de yoga, título que, orgulloso, cuelga de la pared de mi despacho, en la escuela que funde en el 2002 para impartir clases.

Durante los primeros años compatibilicé ambos trabajos, hasta que decidí pedir la excedencia voluntaria en el funcionariado y dedicarme en exclusiva al yoga.

Difícil, pero acertada y sabia decisión.

Un buen día tuve esa extraña sensación de estar en la cumbre de una hermosa montaña, muerta de miedo de lo feliz que era.

Miedo a tenerlo y perderlo todo.

Entonces mi hija ANA, con 15 años, enfermó.

Era una enfermedad rara que me llevo a pedir segundas y hasta quintas opiniones, en una agotadora peregrinación por médicos de todo el mundo.

Ninguno supo que hacer, ni nos dieron soluciones plausibles.

Así que, no se muy bien como, acabamos en una lista de donantes para trasplantes de médula.

No lo superó.

Murió con 19, un 13 de septiembre, en un frío e inhóspito hospital (observa la paradoja de las palabras) de Barcelona.

Todavía intento imaginar una, más horrible, dolorosa y sobrecogedora, forma de morir y no la encuentro.

Supongo que algún día esta herida mortal y aun abierta, dejará de sangrar y sanará.

Cuando un hijo muere tu también te mueres.
Literal.
Encontré la palabra que define al padre-madre que pierde a su hijo… “Zombi”,muerto viviente.

Así he vivido yo, sin vida, estos 6 últimos años, hasta que en diciembre me diagnosticaron un cáncer de mama.

Supongo que hice lo que hacemos todos, en algún momento, tras recibir la brutal noticia… Buscar culpables.

El dedo acusador suele volverse hacia uno mismo.

Me alimente mal, fume de joven, me deje arrastrar por el estrés y la angustia vital, bebí demasiada cerveza para esconder mi pena, no dormía bien, no supe gestionar bien mi tiempo, ni mi espacio, ni mi vida, no supe parar, ver, comprender, etc, etc, etc… Hasta el infinito y más allá.

Demasiada culpa, demasiada mierda, con todas las letras y con perdón.

El cáncer lo cambio todo…

Mañana más.

LA PRÁCTICA

Esta práctica no va incluida en la charla del día 5, por no disponer del tiempo necesario.

La teoría de los cuerpos.


Creo que ya te la mencioné algún día.

Nos es muy útil para adentrarnos un poquito más en el sendero de la meditación.

Recuerda, esta no es más que una teoría más.
La teoría es el mapa y el mapa nunca es es el territorio.
No los confundas.

Dice así…

Nos componen 5 capas, envolturas o cuerpos.
Perfectamente imbricadas unas con otras.
Ínterconectadas y unidas entre si.

Hoy nos centraremos en la primera capa.

Anna Maya Kosha

El cuerpo de alimento.
El cuerpo físico, hecho de materia, visible al mundo y a mi.

Conectado a través de los 5 sentidos.

Siéntate en meditación y cierra los ojos.

Respira tranquil@, de manera suave y natural.

Relájate.

Siente tu cuerpo estable y firme pero muy, muy relajado y cómodo sobre tu asiento.

Dirige toda tu atención ahora hacia el punto central entre las dos cejas.
Entrecejo.
Repite en tu interior su nombre mientras lo observas.
Entrecejo.
Y hazlo así con cada punto o zona que vayamos nombrando.
Entrecejo.
Punta de la nariz, repite en tu interior, punta de la nariz.
Barbilla, garganta-nuez, hombro derecho, codo derecho, muñeca, dedo pulgar, índice, corazón, anular, meñique.
Subimos, muñeca, codo, hombro derecho.
Hombro izquierdo y lo mismo con todo el brazo izquierdo.

Subimos.
Triángulo external , centro del pecho, pecho derecho, centro del pecho, pecho izquierdo, centro del pecho, ombligo, pubis, cadera derecha, rodilla derecha, tobillo, los cinco dedos del pie derecho, nombrándolos uno a uno.
Subimos nombrando cada punto de la pierna derecha y hacemos lo mismo con la izquierda, desde la cadera al pie.
Subimos.
Pubis, ombligo, centro del pecho, garganta-nuez, punta de la nariz, entrecejo.
Entrecejo.
Pineal, en el centro de la cabeza, entrecejo.
Haz ese recorrido, de fuera a dentro, varias veces.

Quédate en el centro de la cabeza y observa desde allí todo tu cuerpo, firme, relajado y estable.

Como un hermoso templo que contiene a tu SER.

Dale las gracias y date cuenta de que tu no eres tú cuerpo, sino quien lo observa.

Observa a quien observa.

¿Quién eres tu?

Silencio.

Tras unos minutos regresamos.

NAMASTE

Día 105
Día 107
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