un buen amigo mío tiene cáncer.

Ahora se como se sintieron todos a mi alrededor cuando se enteraron de que yo padecía la gran «C».

Es impresionante como la vida te da la oportunidad de colocarte en ambos lado de la barrera para experimentar y aprender todo lo que necesitas conocer.

Te regala  entradas para los toros, en tendido de sol, de sombra y en muchos casos, te hace pasar por la arena del ruedo, vestido de torero de luces e incluso del mismo toro, para que envistas con furor bravío, y luches hasta morir o ser indultado.

A mi, al parecer, en esta bonita y sorprendente universidad que es el vivir, me está tocando de todo, salvo, de momento, que me den matarile, jijiji.

Ahora estoy en el tendido cero, viendo transitar a mi amigo por lo que yo viví hace unos meses y quiero dedicarle estos minutos de reflexión, que menos, con todo lo que yo quiero a esa maravillosa familia.

Cuando su fuerte y valiente compañera me llamó por teléfono para contármelo, di gracias por estar bien sentada en el sofá de mi casa, las piernas me temblaron y agradecí la intimidad de la soledad de mi salón, para asimilar la noticia. También agradecí la delicadeza de M. al llamarme para decírmelo personalmente y que no me enterara por ahí. Las cosas se pueden hacer bien, y ella las está haciendo así de bien.

Cuando colgué el teléfono, pensé, ¿como les puedo ayudar?, ¿qué puedo hacer por ellos?, ¿en qué puedo servirles?.

Las preguntas son bonitas de cojones, no me lo negareis, te abren el corazón en canal, en un santiamén, y te ponen al servicio del otro, pa lo que sea menester.

Lástima que a veces necesitemos que pasen cosas, no siempre buenas, según se mire, para ponernos el traje de «Ayudador a su entera disposición».

Pensé, después, que tenía que tener cuidado a la hora de ofrecer mis solícitos servicios, no fuera a molestar, importunar, o directamente meter la pata sin remedio, cosa bastante frecuente en mí.

Solo tuve que acordarme de la cantidad de cosas que me molestaban cuando recibí el notición de que el cáncer había venido a visitarme.

Así que decidí que lo mejor sería ofrecerme discretamente para todo y esperar a demanda de solicitud. Eso seguro que no falla. 

Veamos para que «puedo estar»…

Puedo estar para contarle mi propia experiencia, que es mi «propia», y ojito con esto, ya que no tiene porque parecerse, ni remotamente, a la suya. Y digo que ojito, porque vendemos lo nuestro como universal y nunca es así, nunca. Cada uno transita por esto del cáncer como buenamente puede y Dios le da a entender, que entender, lo que se dice entender, entendemos bien poco, por no decir nada. Así que, al tanto y respetando mucho, pero que muy mucho, las maneras de cada cual, que cada persona es un mundo, (que buena frase) y hay que dejarla hacer a su forma y manera. 

Más…

Puedo estar, en general, para lo que sea.

Puedo estar para  escuchar en silencio, comprender en silencio, acompañar en silencio, contar algún que otro chiste malo u ocurrencia peregrina de las mías.

Puedo estar para desplegar el folleto completo de mi corazón y ser lo que siento que soy, una amiga a disponibilidad completa.

Al final no es más que amor lo que todos ansiamos y yo, de eso, tengo pa dar y vender, mi querido amigo, coge todo el quieras, que aquí me tienes para eso.

Ver los toros desde la barrera también me ha hecho recordar todas las estaciones por las que va parando el tren de la gran «C».

El shock de la noticia, golpe certero en toda tu línea de flotación, que tambalea tu existencia de arriba abajo, la sumerge en el oscuro océano del miedo, hasta el abismo más profundo y te deja exhausto y sin aire en los pulmones. Ese miedo de los primeros días, de las primeras semanas, hasta que inician, por fin, el tratamiento, hasta que le ponen apellido a tu tumor, le hacen una foto y te presentan, aquí tu cáncer, aquí tu mismo, mismamente.

Una vez que lo conoces, qué le pones cara y escuchas su voz, la esperanza se abre paso sobre el terror y lo cubre con un manto de luz, al principio pequeña, tan sólo es un rayito fino y prometedor, que con el paso firme de los días, las semanas, los meses, se convierte es un gran destello resplandeciente de futuro y de vida.

Porque hay vida en el cáncer, hay vida en la enfermedad, en la quimio, en la radio, en el quirófano, en las salas de espera, en los pasillos del hospital, en los carros rebosantes de colgantes goteros, hay vida durante y hay vida después.

Y toda esa vida de la que os hablo es extraordinaria, única, irremplazable, es más vida que muchas otras vidas, huecas y vacías, es más vida que todas las vidas juntas, porque está llena de AMOR, del amor de las cuatro mayúsculas, del bueno, del sincero, del inagotable al desaliento, del eterno, del cálido, dulce y suavecito, cariñoso y perfecto, del que no se acaba nunca.

Si eso no es vida, que venga Dios y lo vea.

BREVE ENSAYO SOBRE LA ILUSIÓN
LA CORRIENTE SUBTERRÁNEA
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