La tarea del taller de escritura de hace unas semanas…

Escribir seis pequeños relatos, muy cortos, que puedan existir por separado, que puedan mezclarse entre sí, a los que puedas cambiar el orden en la lectura, de los que puedas prescindir aleatoriamente, pero que formen parte de una misma historia, de una columna vertebral que los une a todos, una historia que está por encima de ellos, que existe por sí misma, que los contiene a todos.

Los presente en clase como cartulinas separadas, puestas boca abajo, para que cada uno de los presentes sacara una al azar y se mezclaran entre sí, en un nuevo orden diferente, con el fin de observar si podían convivir desordenadas dentro de la historia global, respetando el sentido de la misma.

Resultó divertido.

Hoy las expongo ordenadas, por no liarla… jijiji.

Contienen muchos datos autobiográficos que los que me conocen enseguida reconocerán y que los que no me conocen pueden jugar a imaginar cuáles de ellos forman parte de mi vida real.

Ahí los dejo… Espero que os gusten.

EL VIAJE

Mama vuelve hoy a casa.

El lunes se despidió de nosotros en el pasillo.

-Un besito -nos dice, rozando cada mejilla con sus tiernos y hermosos labios.

En la quinta carita, pequeña y sonrosada de mi hermana, se detiene un poco más. Se agacha para achuchárla en su capazo. El bebé le responde con una gran sonrisa desdentada. Es muy linda Sofia, la más linda de todos, será por ser la última o por ser tan chiquita, pero apetece comérsela a besos.

Salgo del cole a las cinco. La bata verde y negra de rayas de pescatero, abrochada sólo en el cuello, suelta a modo de capa de heroína del espacio, flota en el frío cierzo de marzo.

Estoy feliz, no más que de costumbre, me gusta reír, soñar, dejar volar, con el aire, mi abundante imaginación.

En la puerta de casa me recibe la tata Trini. Que raro, no venía desde hace siglos. Nos cuidaba de pequeños. Rechoncha y pequeñita, es una fuente inagotable de mimos y carantoñas. A mi me siguen gustando, aunque menos que antes. A mi hermano mayor, ya no. Creo que la tata se da cuenta, pero a ella le da igual, y lo estruja, riendo, más que a los demás.

Hoy está muy serie la tata Trini.

– Mama ha tenido un accidente -me dice, y algo me dice, algo en el ambiente, algo que no encuentro, algo que me falta, algo me dice, que algo pasa.

Papá está encerrado en el salón con los tíos. No salen, no dicen nada, esperan junto al teléfono.

Yo me encierro en el baño del pasillo. Cierro por dentro y me agarró muy, muy, muy fuerte al albornoz blanco y rosa que cuelga de la puerta. Sin saber porque, empiezo a sollozar, pero bajito, muy bajito, no quiero que nadie me oiga y piense que soy una blandengue.

No se porque lloro, es como si alguien me hubiera soplado un terrible secreto al oído. Yo todavía no se que es. Mejor no quiero saberlo y me tapó instintivamente las orejas, fuerte, fuerte, con las manos.

EN EL COLE

En el cole ahora soy la más popular.

Desde que murió mamá, hace unas semanas, todo el mundo me trata genial.

Yo creo que soy la misma de siempre pero ellos, por lo que sea, me miran de otro modo.

Como ya no está mamá, muchos días voy sin el almuerzo al recreo, pero no importa,  porque todas se pelean por darme un buen mordisco de su bocadillo. El que más me gusta es el de Piti, de chorizo de Pamplona. Yo no he estado nunca en Pamplona, quizá algún día vaya a visitar la fábrica de ese chorizo tan bueno.

Las profesoras me han sentado en un lugar preferente de la clase y mis notas son cada dia mejores.

Me han nombrado delegada de clase. La pobre Elena no ha puesto muy buena cara ante el hecho de que le quitará el puesto en mitad del curso, pero yo le he pedido perdón y enseguida me ha dado un beso y un abrazo bien fuerte. Creo que se ha ido llorando de pena por mi madre y ni la conocía.

Antes, yo era una más. Nadie parecía mirarme mucho, no sobresalía ni por arriba ni por abajo. Ahora soy la favorita y todas las demás niñas quieren ser mis mejores amigas.

Yo, que tonta no soy, he elegido a Patricia. Antes, era ella la favorita, pero me ha dejado el puesto encantada, creo que sabe que muy pronto lo recuperará.

Ser la favorita es fenomenal, aunque ya no tenga madre, quizá por eso me siento tan mal.

Sigo llorando a escondidas, empeñada en ocultar al mundo mi pena, como si fuera un secreto.

SEMANA SANTA

Se nos han llevado lejos. Lejos de casa, de papa, que anda deambulando, como un fantasma por los pasillos. Casi da miedo.

La abuela y la tía se han quedado a cargo de los pequeños, pero a mí y a mi hermano mayor, nos han mandado lejos.

Él a casa de Manuel, su mejor amigo, y el mío, ¡que lo quiero más a Manuel!

A mi a San Salvador, con mi amiga Marta.

Quieren alejarnos de la muerte, de la pena, de la ausencia, de la casa vacía, sin mamá.

Yo no lloro. Me niego rotundamente a que nadie, absolutamente nadie, me vea llorar. No se porque actúo así, pero así actúo.

Como siempre me río, pues me sigo riendo de cualquier tontería y luego me siento fatal. No debería reír, pienso…  mi madre ha muerto.¡Mierda!

Me gusta muchísimo el primo de mi amiga Marta. Es el primer chico que me gusta. Nunca había sentido estas cosquillas en el estómago, cuando lo veo, cuando saltamos con las olas, o me encorre para hacerme otra aguadilla.

Por la noche, mientras me unto el “aftersun” en mi nariz colorada, vuelvo a sentirme fatal, por disfrutar del mar, de las vacaciones y del primo de mi amiga, al fin y al cabo mi madre ha muerto.

Me da por pensar que soy horriblemente mala e insensible. Yo quiero muchísimo a mamá, así que no entiendo nada. Es como si yo, ya no fuera yo, y esa otra que soy, no me gusta ni ver.

Pronto se acabará esta semana y tendremos que volver.

Yo no quiero volver a casa. No de momento, no todavía, pero no se lo digo a nadie.

NAVIDAD

Esto va de mal en peor.

Papá está insoportable. No hay quien lo aguante.

Tiene muy mal genio. Antes no era así. Antes yo lo quería muchísimo. Quería casarme con él, como hizo mamá.

Era el hombre más guapo, más listo y más divertido del mundo. Me sentaba en sus rodillas para hacerme trotar y contarme chistes malos, que a mi me parecían divertidísimos, me tronchaba de risa con ellos. Sobre sus enormes zapatillas de cuadros marrones ponía mis petétes, como él los llamaba, y caminábamos los dos, por todo el pasillo, como si fuéramos un enorme gigante divertido y gruñón.

Ahora ya no se ríe, ni cuenta chistes ni habla ni acarícia ni besa ni saluda apenas.

Se encierra en el salón y se pone sus discos de ópera a todo volumen. Creo que a menudo llora, aunque intenta disimularlo.

Hay dos tátas que nos cuidan, pero papá me dice a mi, que tengo que aprender a encargarme de los pequeños. Yo no sé muy bien en qué consiste eso.

Estas navidades pintan mal, pintan muy mal.

Entre tanto, sigo llorando a escondidas, cada día más escondida, cada dia llorando más.

Yo también disimulo muy bien, tan bien como papa.

DOS AÑOS DESPUÉS

Ya han pasado dos años y continúo siendo la más popular.

Se murió mamá y este es su legado.

Sigo siendo querida y respetada por alumnas y profesoras, pero sobre todo, por las monjas. Me adoran y yo a ellas, la verdad.

En casa se está tan mal, que ahora el colegio es mi hogar y las monjitas, mis madres.

Me he adaptado bien a los cambios. Los mayores dicen que eso es muy buena señal.

He aprendido a tocar la guitarra.

Desde bien pequeña canto a todas horas. En la bañera, en mi cuarto, por la ventana de la cocina, que da al patio de luces. Luego los vecinos me felicitan en el ascensor y yo me siento Marisol, una niña prodigio.

Esos sueños maravillosos me hacen compañia y me alejan de mi padre, que se ha convertido en un odioso ogro, extraño y distante, un desconocido para mí.

El ambiente en mi casa es irrespirable. Cualquier día me voy a vivir al pueblo, con mi abuela, que me quiere muchísimo.

Entre tanto, he compuesto una canción que ha gustado mucho, como todo lo que hago fuera de casa, porque dentro, papá piensa que todo lo hago mal.

Tengo amigas en otros colegios y ya cantan mi canción por media Zaragoza.

Narra la muerte de mi madre y todo el mundo llora mucho cuando la canto.

«Las ruedas del coche no paraban de girar.

Sus manos sobre el volante no dejaban de temblar.

Al girar en una curva, sin querer perdió el control

y sobre un charco de lágrimas ella callo…»

A mi me parece una rima bastante insulsa pero, puesta en canción, se ve que gusta mucho.

Gusta mucho a todos, menos a papá.

EL DIARIO

Encontré el diario de mi madre, cuando ella nos dejó.

No enseguida, tuvo que pasar algún tiempo antes de que encontrara las fuerzas suficientes para acercarme a su casa a ordenar las cosas.

En el altillo de su armario, en una bonita caja roja, aromatizada con las bolitas florales que a ella tanto le gustaban, junto a algunas fotos antiguas, donde se la ve sonriendo como sólo ella sabía hacer, llenándolo todo de felicidad, haciendo la vida más fácil, por difícil que ésta fuera, allí estaba su cuaderno, como esperándome.

Lo abrí al azar y leí sus pensamientos. En ellos, hablaba de aquellos días en los que ella también perdió a su madre. Debía tener trece años, yo ahora tengo cincuenta, quizá por esa la echo tantísimo de menos.

Puede que leer aquello fuera una señal, un mensaje de otros mundos, enviado por la hermosa abuela Carmina, a la que nunca llegue a conocer.

La vida, la muerte, mi madre, su madre, yo… todas superpuestas y reales, más reales que cualquier otra cosa.

Quizá algún día, alguien también lea lo mío.

Mis hijos no. No los quise, porque no los tuve. Tampoco podrán llorar mi ausencia. Puede que nadie me llore. No he vivido para eso.

Se lo he dejado dicho a Roberto, si alguien viene a llorarme que se vaya, que vengan solo los que ríen y recuerdan la luz de mis días.

LA TAREA DE HOY
DETALLES SANADORES
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