LA PELÍCULA.

29 de marzo de 2020.

Estimado desconocido,

he visto una película magnífica. De esas que son maestras inesperadas, que vienen a abrir tu mente y tu corazón al conocimiento, al saber, a seguir aprendiendo y no dejar nunca de hacerlo.

A menudo, en mi vida, el despertar a la luz, aunque suene muy cursi decirlo así, ha venido de la mano de un buen libro o una buena película, son como gurús disfrazados, que te pillan desprevenida y te quitan, de un plumazo, la venda de los ojos. Cuando eso sucede, no me ha ocurrido más de un par de veces en la vida, no puedo hacer otra cosa sino llorar, poseída por un sentimiento tan difícil de describir, como absurda te pueda parecer esta carta que te escribo hoy, querido desconocido.

Los días de confinamiento en casa, creo que mañana hará dos semanas de la aplicación del decreto de alarma, al principio resultaron tan extraños, (como todo cuanto nos está sucediendo en estos días), que me sumergí en una suerte de estado de shock, dulce y adormecido, que aletargó mi entendimiento. Algo así como una buena anestesia. Creo que he andado por el pasillo de mi casa medio sonámbula, sin apenas darme cuenta. Quizá esta película haya venido a despertarme.

La peli no va de la vida de ningún maestro trascendido, ni nada que se le parezca, a pesar del efecto tan extraordinario que ha obrado en mi. Muy al contrario, los personajes son gente de lo más normal, como tu y como yo, mi querido amigo, personas corrientes que transitan por la postguerra de la segunda guerra mundial, entre dos países, Estados Unidos e Inglaterra, donde las consecuencias de la barbarie fueron bien diferentes. Mientras en Londres el racionamiento y la escasez alcanzaba a todos los rincones de lo cotidiano, en Nueva York, la vida transcurría con aparente normalidad. 

La cinta, disfrazada de una oportuna sencillez, está plagada de originalidad y en algunos momentos de auténtica genialidad, diría yo, adelantándose a su época en muchos aspectos, por ejemplo, rompiendo la cuarta pared, cosa poco común en los años en los que fue rodada. 

La interpretación es magistral, no esperaba menos de actores de la talla de Anthony hopkins. 

La historia costumbrista, tan hermosa, como aparentemente pueril y anodina, está llena de pequeños detalles donde los personajes nos muestran cómo en tiempos difíciles el ser humano es capaz de sacar lo mejor de sí mismo, hecho que, en los momentos actuales, nos viene como anillo al dedo. 

Antes de desvelarte el título, estimado desconocido, te abvertiré de que, como es obvio, la película puede que, a ti, no te guste mucho o nada en absoluto, está claro que lo que para mi ha sido toda una revelación, quizá no lo sea para nadie más, y así debe ser. 

No obstante y aún corriendo el riesgo de no coincidir en nuestros gustos, me tomo la libertad de recomendartela vivamente, con la esperanza de que al menos te haga pasar una buena tarde de domingo.

La película se tituló en español, «La carta final», título original, “84 Charing Cross Road”, protagonizada por Anne Bancroft y Anthony Hopkins, y dirigida por David Hugh Jones.

Espero sinceramente la disfrutes.

Atentamente. Cristina.  

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